Ramón Oquelí

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Nació el 10 de julio de 1934 en Comayagüela, Honduras. Se graduó de bachiller en el Instituto Salesiano de Tegucigalpa. Perteneciente al grupo intelectual “Vida nueva”, vivió casi nueve años estudiando Derecho en Madrid y familiarizándose con los grandes filósofos españoles del Siglo XX: Ortega y Gasset, Xabier Zubiri, José Luis Aranguren, Julián Marías.

Fue nombrado Juez de Letras en Comayagua y, posteriormente, en Tegucigalpa. Fue un ensayista, bibliógrafo e historiador. Catedrático de Sociología, Ciencias Políticas, Historia e impartió clases en la Maestría en Literatura Centroamericana, de la UNAH. Colaboró en las principales revistas de su país y en los diarios “La Prensa” y “Tiempo”. Compiló los escritos de la periodista Paulino Valladares en 1973 y una antología de José Cecilio del Valle en 1981.

Recibió el premio de Ciencias Itzammá, Escuela Nacional de Bellas Artes en 1982, en 1989 el premio “Rey Juan Carlos I de España sobre estudios históricos” (otorgado por el gobierno español), y el premio del Colegio de Psicólogos en 1991.

El egregio intelectual falleció el 18 de agosto de 2004 en “La Policlínica”, Comayagüela, D.C.

Entre su obra se encuentran las siguientes publicaciones:

  • Notas sobre Ramón Rosa. Tegucigalpa, 1968.
  • Paulino Valladares; el pensador y su mundo. Tegucigalpa, 1973.
  • José Cecilio del Valle: Antología. Tegucigalpa, 1981.
  • Bibliografía sociopolítica de Honduras. Tegucigalpa, 1981.
  • La fama de un Héroe. Tegucigalpa, 1984.
  • Antología mínima de la obra de José Ortega y Gasset. Tegucigalpa, 1984
  • “Certidumbre y vacilaciones de un provinciano”; en José del Valle, dos semblanzas. Tegucigalpa, 1985.
  • Los hondureños y las ideas. Tegucigalpa, 1985.
  • Para actualizar el “Mariñas”. Tegucigalpa, 1983.
  • Centenario de Irisarri. Tegucigalpa, 1987.
  • 1991.
  • El primer año de Borgrán. 1990.
  • Gente y situaciones (tres tomo). 1994-96.
  • Honduras, estampa de la espera. 1997.

En palabras de Segisfredo Infante y Juan Ramón Martínez, Ramón Oquelí es un “cronista de lo cotidiano”, alguien que posee el don de sorprenderse por el acontecimiento “común”. Consideran que inicia una nueva forma de hacer historia, con una fuerte crítica social y política sin temor al poder y a las amenazas. Es un historiador de indudables méritos, sociólogo sensitivo de la dinámica de una sociedad en permanente transición. Analista de sutiles tendencias de la búsqueda del gozo de los intereses de grupos e individuos de su tiempo.

Dotado de la capacidad inmensa para el asombro, ninguna cosa que hace el hombre en su cotidiano movimiento hacia sí mismo y hacia los demás le es indiferente. Ha tenido la enorme suerte de haber dejado testimonio de las marcas de los acontecimientos comunes es intrascendentes.

No hay (en sus trabajos) apresuramiento alguno, pasión innecesaria o verbalismo panfletario. Por el contrario, lo que se puede ver su trabajo es la “angustia de pensador” y la “confianza del maestro en la rectificación”.

Oquelí ha visto con mayor delicadeza las dificultades hondureñas. A pesar de eso, no cae en la trampa de considerar a Honduras atrasada; no es pesimista a pesar de conocer de forma tan certera la realidad nacional. El intelectual evade la amargura y le agrega una nota de esperanza a sus trabajos, en los cuales se puede ver una actitud de animación. No se impacienta por el éxito de otras sociedades. Por el contrario, extrae el pensamiento de los intelectuales de esa sociedad y formula “lecciones para rectificación y aventura creativa”. Es el más grande maestro de Honduras debido a la actitud que exhibe en favor de la animación del otro. Su análisis de la realidad no es para desestimar o estigmatizar, sino para marcar las “coordenadas” que debemos seguir para lograr el desarrollo.

Lo consideran un “hombre interesado desde lo cotidiano hasta la sublimidad literaria que no se ha rendido ni ante la angustia de los dolores del presente, ni mucho menos transado con el poder local para asegurarse mayores espacios en las mesas del Señor. Ha preferido aislarse de los políticos que le pueden ayudar a llevar a cabo sus proyectos. Oquelí ha sido un ejemplo de verticalidad a toda prueba.”

En tanto la mayoría se preocupa del pan como única razón de la existencia humana, Oquelí Garay ha puesto el acento además en lo trascendental, dándonos un ejemplo de integridad animadora para prepararnos a la lucha en favor del futuro sin entregarnos a las urgencias gratificantes del presente.

Mario Argueta menciona que sus autores favoritos son José Ortega y Gasset, JulienGreene, Luis Cernuda y Eugenio Montale. Caracteriza su carácter principalmente por la testarudez, en el buen sentido de la palabra.

El ojo de Ramón se posa sobre todo tema. La mirada de Oquelí invita a la reflexión y a participar en lo que es asunto de la comunidad nacional.

José López Lozano menciona que durante los nueve años que Ramón Oquelí estuvo realizando sus estudios superiores en España, al haber convivido con los grandes filósofos del siglo XX (Ortega y Gasset, Zubiri, Arauguren y Marías), obtiene de estos una importante y marcada influencia.

De Ortega y Gasset adquiere la capacidad de plantearse problemas de pensamiento y hacerse preguntas sobre el conocimiento humano, así como la metodología para el estudio de las ideas y las generaciones. De Xavier Zubiri recibe la posibilidad de hacer articulación entre la metafísica y el materialismo (lo cual le dio una apertura a los saberes y conocimientos). Y de José Luis Arauguren obtiene la ética de la vida cotidiana.

Obra


Rolando Sierra dice que Oquelí Garay ha realizado una intensa documentación hondureña de los siglos XIX y XX. Menciona cuatro facetas de Oquelí: catedrático, editorialista, historiador y lector de poesía. Como editorialista inició en el Diario La Prensa y ha continuado en Diario Tiempo; en Gente y Situaciones se recogen sus artículos periodísticos. En su obra Lecturas de Sociología y su historia de las ideas políticas titulada De los griegos a la Guerra, como historiador, ha contribuido a rescatar el pensamiento y la obra de los principales personajes hondureños. Otra de sus contribuciones ha sido su heurística de las fuentes para el estudio de la historia política y social de Honduras en los siglos XIX y XX.

La obra escrita de Oquelí es vasta, perfectamente puede ubicársele como uno de los polígrafos hondureños de la segunda mitad del siglo XX, en la línea del gran Rafael Heliodoro Valle (de ello dan cuenta sus escritos históricos, periodísticos y antológicos). Los estudios históricos pueden ubicarse dentro de la historia política de Honduras.

Los trabajos de Oquelí han permitido que las generaciones actuales podamos conocer y acceder a los escritos de varios de los pensadores hondureños en las antologías del pensamiento de José Cecilio del Valle, Paulino Valladares, Salatiel Rosales, Alfonso Guillén Zelaya, FroylánTurcios, entro otros.

Dicho intelectual inicia “un nuevo modelo de escribir la historia hondureña, como una sucesión de imágenes”, es decir, la puntualización de aquellas acciones, discursos o palabras de los personajes y sujetos históricos que hechos o dichos en un momento dado, tendrán en el tiempo un significado profundo.

Hay una pregunta que recorre los escritos de Ramón Oquelí: ¿por qué en Honduras no ha sido posible la consolidación de los distintos proyectos de nación, Estado y desarrollo? Honduras se presenta como una realidad histórica en la que se ha generado distintos procesos de cambio sin que por ello haya logrado encontrar el camino de sociedad requerido para construir una nación cuyo fundamento sea alcanzar una mejor calidad de vida para todos los hondureños.

Sin embargo, Oquelí Garay no era de los que solo critican; él ofrecía soluciones. Oquelí mencionaba que Honduras no solo necesita una reforma mental y humana orientada a fortalecer un nuevo pensamiento que posibilite un nuevo ethoshondureño, tal como queda planteado en su libro Mixturas (1991). Para emprender este camino de reforma nuestro autor tiene siempre como proyecto remontarse a los más lúcidos de nuestros pensadores y actores sociopolíticos.

Contexto Histórico


Ramón Oquelí nace durante la dictadura de Tiburcio Carías Andino.

A pesar de un creciente malestar y graves tensiones económicas, las elecciones de 1932 fueron relativamente pacíficas y justas. “En febrero de 1932, el Partido Nacional de Honduras (PNH) nominaba a Carías como candidato a la presidencia; inicialmente había electo a Venancio Callejas a la Vice-presidencia pero al declinar éste se nombró a Abraham Williams”.19 Los liberales por su parte nombraron a Ángel Zúñiga Huete como su candidato. Al final de la contienda electoral, Carias ganó las elecciones por un margen de unos 20.000 votos. El General asumió el cargo el 16 de noviembre de 1932, en lo que luego sería, el período más largo de un solo gobierno, en la historia de Honduras.

Al principio se pensó que el gobierno de Carías como sus antecesores, no estaba destinado a sobrevivir por mucho tiempo. Poco antes de su inauguración, disidentes liberales se habían levantado en rebelión. El mismo Carías tomó el mando de las fuerzas del gobierno, obtuvo armas en El Salvador y en poco tiempo aplastó el levantamiento.

Durante la primera parte de su administración, Carías se enfocó en evitar el colapso financiero, la mejora de las fuerzas armadas y la construcción de carreteras. Al mismo tiempo que sentaba las bases para prolongar su estadía en el poder.

La situación económica continuó siendo deprimente a lo largo de la década de 1930. Además de la drástica caída de las exportaciones de banano causado por la depresión, la industria bananera se vio amenazada en 1935, por epidemias como la sigatoka. En un año, extensas áreas incluyendo aquellas en la zona de Trujillo, fueron abandonadas, y miles de hondureños se quedaron sin trabajo. Para 1937 se había controlado la plaga pero muchas zonas afectadas quedaron fuera de producción. Debido a esto, Honduras perdió gran parte del mercado internacional.

Carías había hecho esfuerzos por mejorar las Fuerzas Armadas, incluso antes de ser presidente. Una vez en el poder, su motivación para continuar su obra aumentó. Este le prestó especial atención a la decadente Fuerza Área por lo que fundó la Escuela Militar de Aviación (1934) contando con un coronel estadounidense como su comandante.

Con el paso del tiempo, Carías se movió lentamente pero sin pausa, para fortalecerse en el poder. Se ganó el apoyo de las compañías bananeras a través de la oposición a las huelgas y otros disturbios laborales. Fortaleció su posición en los círculos financieros nacionales y extranjeros a través de las políticas económicas conservadoras. Incluso en el apogeo de la depresión, continuó haciendo pagos regulares de la deuda externa, adhiriéndose estrictamente a los términos del acuerdo con los tenedores de bonos británicos. Asimismo, satisfizo a los demás acreedores. Dos pequeños préstamos fueron pagados por completo en 1935.

Controles políticos se iniciaron lentamente bajo el gobierno de Carías. El Partido Comunista de Honduras (PCH) fue declarado ilegal. Pero el Partido Liberal de Honduras (PLH) siguió funcionando. Incluso, a los líderes de un pequeño levantamiento en 1935 se les ofreció transporte aéreo gratuito por si deseaban regresar a Honduras.

A finales de 1935, haciendo hincapié en la necesidad del orden interno y la paz, Carías comenzó a reprimir la prensa y las actividades políticas en su contra.

Las relaciones entre Anastasio Somoza García y Carías fueron tensas, debido a disputas fronterizas

Por otro lado, el PNH, comenzó una campaña de propaganda haciendo hincapié en la continuidad de Carías para que continuara la paz y el orden en el país. Sin embargo la Constitución de 1924 como la de 1894 prohibía la reelección. Carías presentó su plan de reelección ante la delegación de los Estados Unidos en Tegucigalpa. Los estadounidenses concluyeron que si similares gobiernos se habían establecido en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, no veían por qué Carías no podía extender su mandato. De esta manera Estados Unidos tiró por la borda el ‘Tratado de 1923’.

El General Carías entonces convocó a una asamblea nacional constituyente para modificar la constitución. Esta asamblea elegida al ‘dedazo’ incorporó 30 artículos de la Constitución de 1924 en la nueva constitución. Los principales cambios fueron la eliminación de la prohibición de la reelección inmediata del presidente y el vicepresidente y la extensión del término presidencial de cuatro a seis años. Otros cambios incluyen la restauración de la pena de muerte, la reducción de los poderes de la legislatura, y la negación de la ciudadanía así como el derecho al voto a las mujeres.

El opositor, Partido Liberal y otros sectores reaccionaron a estos cambios, tratando de derrocar a Carías. Numerosos esfuerzos se hicieron en 1936 y 1937, pero sin éxito. Para finales de la década de 1930, el Partido Nacional fue la única organización política reconocida en la nación. Numerosos líderes opositores fueron encarcelados, algunos habían sido encadenados y obligados a trabajar en las calles de Tegucigalpa. Otros, entre ellos el líder de la PLH, Zúñiga Huete, se había exiliado.

Durante su presidencia, Carías cultivo una estrecha relación con sus compañeros dictadores de América Central, los generales: Jorge Ubico de Guatemala, Maximiliano Hernández Martínez de El Salvador, y Anastasio Somoza García de Nicaragua. Su relación más estrecha fue con el dictador Ubico, quien ayudó a Carías a reorganizar su policía secreta, y también capturó y fusiló al líder de un levantamiento en Honduras, quien había cometido el error de cruzar hacia territorio guatemalteco. Las relaciones con Nicaragua eran algo más tensas a consecuencia de la disputa fronteriza. Pero Carías y Somoza lograron mantener bajo control esta disputa a lo largo de los años 1930 y 1940.

Al vencerse el segundo período de seis años, se ratificó el Artículo de la Constitución que prorrogó el período presidencial a dichos seis años y la Presidencia en los titulares Generales Carías y Williams hasta el 31 de diciembre de 1948.

En 1944 los vínculos de Carías con estos dictadores se convirtió en algo contraproducente, una vez que revueltas populares depusieron a Ubico de Guatemala y al salvadoreño Martínez Hernández. Durante un tiempo, parecía como si el contagio revolucionario se extendía a Honduras.

Un complot de civiles y militares con el propósito de derrocar a Carías fue descubierto, pero aplastado por el gobierno en 1943. En mayo de 1944, un grupo de mujeres comenzó a protestar fuera del Palacio Presidencial de Tegucigalpa, para exigir la liberación de los presos políticos. A pesar de las fuertes medidas tomadas por el gobierno, la tensión creció y Carías se vio obligado finalmente a liberar a algunos prisioneros. Este gesto no satisfizo a la oposición, y las manifestaciones contra el gobierno siguieron extendiéndose.

En julio varios manifestantes fueron asesinados por tropas gubernamentales en San Pedro Sula. En octubre, un grupo de exiliados invadió a Honduras desde El Salvador, pero no tuvieron éxito en sus esfuerzos por derrocar al gobierno. Los militares permanecieron leales, y Carías continuó en el cargo.

El gobierno de Estados Unidos en turno, estaba deseoso de terminar con los problemas en la región centroamericana. Por eso urgió a Carías a permitir elecciones libres una vez concluido su periodo actual. Para ese entonces, Carías, contaba con más de setenta años. El general cedió a estas presiones y anunció elecciones para octubre de 1948, en la que se abstendría de presentarse como candidato. No obstante, Carías encontró maneras de usar su poder.

El Gral. nominó a su ex-ministro de guerra (1933), Juan Manuel Gálvez como candidato a la presidencia por el Partido Nacional. Por otro lado, los exiliados de la oposición fueron autorizados a regresar a Honduras. De esta forma, el PLH, tratando de superar años de inactividad y división, nominó a Ángel Zúñiga Huete como su candidato a la presidencia.

Pero los liberales, rápidamente se convencieron que no tenía ninguna posibilidad de ganar y, acusando al gobierno de manipulación del proceso electoral, boicotearon las elecciones. Este hecho dio a Gálvez una victoria casi sin oposición y en enero de 1949, asumió la presidencia.

Una vez en la presidencia, Gálvez demostró ser una persona independiente. Mucho más de lo que se había anticipado. El presidente Gálvez adoptó algunas políticas de la administración Carías, tales como la construcción de carreteras y el desarrollo de las exportaciones de café. En 1953 casi una cuarta parte del presupuesto del gobierno se dedicó a la construcción de carreteras.

Gálvez también siguió la mayor parte de las políticas fiscales de la administración anterior, la reducción de la deuda externa y pago del último de los bonos británicos. Las compañías fruteras siguieron recibiendo un buen trato por parte de Gálvez. Por ejemplo, en 1949, la UnitedFruit Co. recibió un contrato favorable de veinticinco años.

Además, Gálvez estableció algunos cambios notables en comparación a los últimos quince años. La educación que recibió mayor atención y comenzó a percibir una parte mayor del presupuesto nacional. El congreso aprobó una ley de impuesto sobre la renta, aunque su aplicación fue esporádica en el mejor de los casos.

El cambio más evidente fue en la arena política. Un considerable grado de libertad de prensa fue restaurada. Al Partido Liberal se le permitió reorganizarse, así como a otros grupos políticos. Los trabajadores también se beneficiaron durante este periodo. Se estableció la jornada laboral de 8 horas, vacaciones pagadas, responsabilidad del empleador por accidentes de trabajo y se reguló el empleo de mujeres y niños.

La relativa paz que Honduras había disfrutado durante casi dos décadas fue destruida por una serie de eventos durante el último año (1954) de Gálvez como jefe de gobierno. La tensión en toda la región centroamericana había aumentado con una confrontación desarrollada entre el gobierno izquierdista del presidente Jacobo Arbenz Guzmán de Guatemala y los Estados Unidos.

Parte de esta confrontación se debió a la expropiación de tierras de la UnitedFruit Company por parte del gobierno guatemalteco. Asimismo Estados Unidos acusó al gobierno de Arbenz Guzmán de fomentar la agitación entre los trabajadores de la Compañía frutera. En 1952 Estados Unidos había considerado tomar acciones para derrocar al presidente guatemalteco. Pero el gobierno de Gálvez, que había dado asilo a opositores a ese gobierno entre ellos Carlos Castillo Armas, se mostró renuente a cooperar en las acciones directas en contra de Guatemala, y los planes no fueron activados.

Ello fue hasta principios de 1954, cuando una gran operación encubierta se desarrolló en territorio hondureño contra el presidente Guatemalteco. El gobierno de Honduras había mostrado preocupación, debido a las tensiones entre los trabajadores de la industria del banano y la UnitedFruit Co. La administración de Gálvez concluyó, que esto se debía a la influencia que el gobierno izquierdista de Guatemala tenía sobre los trabajadores hondureños.

Para principios de mayo de 1954, las tensiones habían aumentado. En primer lugar, se dieron una serie de huelgas contra las operaciones de la UnitedFruit Company en la costa norte de Honduras. A los pocos días, la huelga se extendió e incluyó las operaciones de la Standard Fruit Company, con lo que el sector bananero del país llegó a un punto muerto.7

Los huelguistas presentaron una amplia gama de quejas. Entre las que se incluyen: El aumento de salario, mejores condiciones de trabajo, beneficios médicos, pago de horas extras, y el derecho a la negociación colectiva. Los esfuerzos iniciales del gobierno para poner fin a la huelga fracasaron y los paros empezaron a extenderse a otras industrias. El 21 de mayo, el número de huelguistas se acercaba a 30.000, y la economía del país estaba bajo una fuerte presión.

Además de tener que lidiar con la huelga, asimismo el gobierno se veía cada vez más involucrado en el movimiento para derrocar al gobierno de Arbenz en Guatemala. A finales de mayo, un acuerdo de asistencia militar suscrito entre Estados Unidos y Honduras, y grandes cantidades de armas estadounidenses fueron enviados rápidamente a Honduras.

Gran parte de esta ayuda recibida se envío a los rebeldes anti-Arbenz al mando de Castillo Armas. En junio esas fuerzas cruzaron la frontera de Guatemala y después de varios días de maniobras políticas, y poca lucha armada, Arbenz huyó al exilio y Castillo Armas tomó el poder en ese país.

Con el derrocamiento de Arbenz se terminó la influencia extranjera entre los trabajadores hondureños. La huelga terminó en julio de ese año, los dirigentes sindicales que habían sido acusados de tener vínculos con Guatemala fueron encarcelados, pero las compañías bananeras cedieron a algunas demandas de los trabajadores. Esto marcó el comienzo de una fuerza laboral más organizada y la disminución en el poder de las compañías fruteras.

A continuación de esto surgieron una serie de cambios que mejoraron la calidad de vida de los obreros de todo el país. Sin embargo, la democracia siguió siendo violentada unas cuantas veces y la influencia de los Estados Unidos no dejó de estar presente.

Centenario de Irisarri


Este es un pequeñísimo libro donde Oquelí nos da muestra de algunos fragmentos de los escritos de Antonio José Irirarri, un hombre nacido en Guatemala durante el período preindependentista de Centroamérica, quien se mostraba conservador ante la idea de ver las naciones de Centro Américas independizadas de España. Irisarri fue discípulo de José Cecilio del Valle, a quien detestó por haber redactado y firmado el acta de independencia de los estados centroamericanos. Esto es porque Irisarri creía que la única manera de que Centroamérica prosperara en independencia era como nación, y no como una federación de estados asociados. Por eso estaba en contra de la independencia de los estados centroamericanos, pues creía que si se independizaban en las condiciones en las que se encontraban pronto caería en un fracaso a nivel político, social y económico. Sin embargo, sin poder hacer nada, ve ahora “independiente” a las naciones de Centroamérica. Su enojo es mucho y su opinión no cambia, al punto de llamar a tales naciones “republiquillas”. Para Irisarri Centroamérica solo podría prosperar como una sola nación, y detestaba a todo aquel que pensara lo contrario.

A través de los escritos que Oquelí coloca en el texto vamos conociendo el carácter y el pensamiento de Antonio J. Irisarri, a quien podemos caracterizar como un hombre de carácter fuerte y algo grosero. Sin embargo, a pesar de su postura conservadora, el pensamiento de dicho hombre acertó mucho en el futuro de los estados de América Central. La mayor parte del texto consiste en fragmentos de cartas u otros documentos de Irisarri; empero, Oquelí comenta de vez en cuando para aclarar o introducir nuevas porciones de texto.

El pequeño libro se divide en dos partes. La primera en conmemoración al bicentenario de Antonio José Irisarri, y la segunda en conmemoración al centenario de su muerte.

 Para actualizar el “Mariñas”


Con el título de este libro Oquelí hace referencia al que se considera el primer trabajo que trata de dar un panorama general sobre nuestra Honduras. El libro costa de veinticuatro capítulos. Al principio el libro habla sobre la geografía nacional: su extensión y algunas fronteras recientemente definidas o aún no definidas; también menciona la falta de democracia existente en algunas partes del territorio nacional, específicamente en el Distrito Central. Luego sobre la población y la enografía, los habitantes que ha habido y los que hay, y aquellas etnias, nacionales como extranjeras, que se encontraban en el país. Continúa sobre la economía, cuales son y han sido los puntos más fuertes de la industria nacional, qué productos son los más exportados, y hace una crítica referente a la mala explotación de los recursos y la desventaja que poseen los productores nacionales frente a empresas transnacionales, principalmente estadounidenses. Habla un poco acerca de la integración cultural del país, la cual no es muy extensa. Después toca un poco la religión, y en los capítulos siguientes simplemente remitirá a una vasta y amplia bibliografía, la cual abarca desde el folklore, el período prehispánico, la época de la colonia, la independencia y la guerras civiles. En la época actual (último capítulo) inicia con un poco de referencias, pero luego vuelve a tomar el lápiz y comienza a describir la actualidad del país en ese entonces mediante la mención de acontecimientos específicos en distintas fechas; este capítulo abarca desde 1948 hasta 1863.

A pesar de ser un texto de historia, no es un texto seco y aburrido. El texto cuenta con algunas características o menciona ciertos hechos que son interesantes de mostrar:

  • Está diseñado para ser visto desde una perspectiva centroamericana, pues estomismo aclara el autor en el prólogo de la obra: “La amplia divulgación del ‘Mariñas’, puede servir de estímulo para que investigadores hondureños realicen nuevos análisis globales practicados desde la perspectiva centroamericana actual.” (p. 10)
  • Denuncia que en el Distrito Central no eligen autoridades desde hace 45 años, una falta total de democracia: “Se ignora también si se practicarán en el Distrito Central, cuyos habitantes se encuentran privados de elegir autoridades locales desde hace 45 años.” (p. 13)
  • Aunque no trascendente, pero sí interesante, menciona que el abuelo de Francisco Morazán era italiano: “El abuelo de Morazánfue Italiano, y el autor de la música del himno nacional, alemán” (p. 19) A parte de este dato, también podemos apreciar un lenguaje familiar o cercano, ya que menciona de un solo “Morazán”, sin dar especificación de cuál, dando por entendido que se refiere al general libertador, ya que así le nombramos en el habla cotidiana.
  • También hace una crítica referente a la mala explotación de los recursos, en este caso sobre la madera: “Su explotación de tipo ‘intensivo y extensivo ha determinado fuertes pérdidas por desperdicios debido al uso inadecuado de los árboles aserrados y a una sobre-explotación que ha impedido su regeneración oportuna. Estas circunstancias, además de haber privado al país de un recurso natural renovable y de un punto de apoyo básico para su crecimiento, amenazan provocar serios trastornos en las condiciones ambientales” (pp. 23-24)
  • El texto posee buena redacción y economía de lenguaje, lo cual lo dota de fluidez. Refiriéndose a las minas del país dice: “Potosí, Calvo Rico, San Martín, (Choluteca), El Tránsito, Aramecina, El Porvenir (Valle); Barranco de Oro (Colón), Guacal y Quita Gana, en Lempira. La última se prolonga a Santa Bárbara, donde también se encuentran Vueltas del Río, Zapotal, Minitas, Mal Paso, Macátul. En Copán se encuentran Las Monas o Erapuca y en Ocotepeque, La labor y Coloal.” (p. 31), Como violinistas sobresalen Humberto Cano y Fernando Raudales, como panistas: Ramón Velásquez, Edmundo Poujol,… y Norma Erazo, esta última compositora. Como guitarristas, Rafael Elkenah Anderson y Rigoberto Ochoa. Jubal Valerio dirige un excelente programa televisado, los domingos por la tarde.” (p. 47). Como vemos, se evita estar nombrando ciertos verbos en cada caso, y se remite de un solo a los nombres.
  • Por las referencias que utiliza, podemos deducir que Ramón Oquelí era bilingüe (español-inglés) y utilizaba referencias inéditas u ocultas, es decir que conocía no solo lo producido, sino también lo que se estaba produciendo en el país: “Woodwad, Ralph Lee: Central America: a nationdivided (Oxford Univ. Press, 1976)… Carlos Meléndez Chaverri y Roberto Sosa han preparado antologías de y sobre Morazán, que todavía no han salido a la luz pública.” (P. 59).
  • También vemos que trata de no repetir mismas palabras: “al manod del exiliado coronel Armando Castillo Armas, quien derribó el régimen presidido por el del mismo grado Jacobo Arbenz Guzmán…” (P. 66).

En cuento al estilo, vemos cierta preocupación por parte del autor por no caer en la redundancia y provocar el aburrimiento en sus lectores, Para evitar esto se vale de recursos como la sinonimia o la economía del lenguaje, lo que provoca que sus escritos sean más ligeros y haya cierto disfrute al memento de leerlos.

Aporte a la Identidad


El principal aporte de Ramón Oquelí a la identidad nacional consiste en crear o despertar la conciencia histórica de nuestra sociedad. Al traernos escritos antiguos y darnos a conocer el pensamiento de intelectuales hondureños, nos hace darnos cuenta de que tenemos un pasado, con sus tristezas y tragedias, pero que también ha habido hombres de pensamiento que han planteado soluciones y cuyo pensamiento es válido aún en nuestros días.Esto contribuye a eliminar el olvido y despertarnos del letargo histórico en el que hemos estado.

También nos aporta la preocupación por los demás hondureños, por los distintos grupos sociales, al mostrar las luchas que estos han tenido para logra apenas unos cuántos beneficios bien merecidos.

Valoración Personal


Hay una labor y un compromiso plausibles en la obra de Ramón Oquelí. Con información detallada y pertinente, el historiador nos hacer ver la realidad histórica de nuestro país. Si bien no suelo leer textos de historia, las publicaciones de Oquelí que logré conocer me fueron agradables. Para Actualizar el “Mariñas” posee información que atrapa al lector; no aburre, no cansa. Me parece un trabajo muy bien elaborado, con contenido relevante para la población. En el Centenario de Irrisari se puede ver esa interesante capacidad de Oquelí de dar a conocer el pensamiento de otra persona. Era curioso ir conociendo a Antonio José Irrisari a través del texto de Ramón Oquelí, ya que parecía ir conociendo a algún personaje literario, debido a las particularidades del carácter de Irrisari. Definitivamente Oquelí transmite y nos da a conocer el pensamiento de hombres de antaño, por eso su obra es de gran importancia para la hondureñidad, agregando a esto que no solo nos permite conocer el pensamiento de pasados pensadores, sino también el pensamiento de uno de los más grandes intelectuales que ha existido en nuestras tierras: el del autor de tales libros, ensayos y antologías, Ramón Oquelí Garay.

Bibliografía


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