Ramón Amaya Amador

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Biografía


Ramón Amaya nació en la ciudad de Olanchito, en el departamento de Yoro. Educado en la ciudad de La Ceiba comenzó su obra y aprendizaje trabajando en unas plantaciones bananeras ubicadas en las cercanías del mar Caribe, en la costa de Honduras. En esta zona sale a la luz su primer trabajo, en 1,939 y titulado La nochebuena del campeño Juan Blas, editado y publicado por la revista ANC.

En 1941 comenzó una etapa como periodista, empleándose en el periódico El Atlántico de La Ceiba. Comenzó como redactor, escalando rápidamente hasta llegar a ser editor periodístico. En octubre de 1943 Ramón Amaya fundó una revista semanaria en la ciudad de Olanchito, llamada Alerta.

En 1944, escapando de persecución política, huyó buscando refugio en Guatemala, país que lo acoge por los siguientes diez años. Trabajó en el periódico Nuestro Diario y prestó colaboración en El Popular Progresista, Mediodía y Diario de Centroamérica. Tras el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz, buscó asilo en la embajada de Argentina para posteriormente migrar hacia este país, donde se radicó en la ciudad de Córdoba y trabajó para la editorial Sarmiento. Es en esta ciudad donde conoció a Regina Arminda Funes, quién sería posteriormente su esposa.

En mayo de 1957 regresó a Honduras, donde comenzó a trabajar para el periódico El Cronista y fundó la revista Vistazo en Tegucigalpa. En abril de 1959 abandona de nuevo el país junto con su esposa y sus dos hijos: Aixa Ixchel y Carlos Raúl, radicándose en Checoslovaquia. Tomó residencia en la ciudad de Praga, donde trabajó para una revista llamada Problems of Peace and Socialism hasta su muerte. Ésta ocurrió debido a un accidente de aviación acaecido en las cercanías de la ciudad de Bratislava, Eslovaquia.

En septiembre de 1977 los restos de Ramón Amaya fueron repatriados y regresaron a Tegucigalpa, pero su obra continuó siendo perseguida y no fue hasta una década más tarde, en 1991, cuando finalmente se publicaron sus libros en Honduras.

Amaya Amador es uno de los más importantes escritores de Honduras. Plasmó en sus novelas los grandes conflictos de su época, así como su absoluta solidaridad e identificación con los intereses de los más pobres de su tierra. Actitud que le acarreó, tanto al escritor como a sus obras, la persecución por parte de gobiernos y empresas bananeras no sólo durante la mayor parte de su vida sino también después de muerto.

Su producción literaria incluye más de treinta obras entre novelas, cuentos, ensayos, poesía y teatro. Varias de las cuales han sido traducidas al alemán, checoslovaco, chino, ruso y recientemente al inglés.

Sus novelas Prisión Verde, Cipotes y Los Brujos de Ilamatepeque son los libros más leídos de Honduras. Mientras que Destacamento Rojo es fuente permanente de consulta de reconocidos historiadores hondureños.

Entre sus obras de reciente publicación se encuentran: Con la Misma Herradura, Jacinta Peralta y Cuentos Completos. Sin embargo, permanecen inéditos aún más de dieciocho títulos entre los cuales se destaca Morazaneida, novela histórica en cinco tomos sobre la vida del héroe centroamericano, Francisco Morazán, escrita por Amaya Amador en 1966 pocos meses antes de su muerte.

Veinticinco años después de su fallecimiento en un accidente de aviación su producción literaria fue declarada tesoro cultural nacional por el gobierno del Lic. Rafael L. Callejas.

 Obras


  • Prisión Verde (1945)
  • Amanecer(1947)
  • El indio Sánchez(1948)
  • Bajo el signo de la Paz(1953)
  • Constructores(1957)
  • El señor de la sierra(1957)
  • Los brujos de Ilamatepeque(1958)
  • Memorias de un canalla(1958)
  • Biografía de un machete(1959)
  • Destacamento rojo(1960)
  • El camino de mayo(1963)
  • Cipotes (1963)
  • Con la misma herradura(1963)
  • Jacinta Peralta(1964)
  • Operación gorila(1965)

 Vida a detalle


La infancia de Amaya Amador se desenvolvió a la devoción y prácticas religiosas. En primer grado obtuvo la calificación de “Distinguido“, así como ocurriera igual en segundo, tercero…etc. de la Escuela “Modesto Chacón “.

Apenas afloró su adolescencia, Ramón Amaya, se convirtió en un carácter fuerte y en uno de los mejores deportistas que han desfilado por las canchas de Olanchito. Enviado a estudiar al colegio Manuel Bonilla, en el Puerto de La Ceiba, Atlántida. En el cual solo pudo cursar el primer año, debido a problemas económicos. Lo que sí está claro es que Ramón Amaya fue un excelente estudiante en el Instituto Manuel Bonilla. Las calificaciones que obtuviera en el primer año de su formación secundaria, confirman que era un joven dotado de una definida personalidad, con sensibilidad intelectual y mucha disciplina para el estudio.

A finales de 1941, durante todo el año 42 y casi todo el 43 Ramón Amaya Amador reside en la ciudad de la ceiba donde como aprendiz tipógrafo y como periodista novato trabaja para El Atlántico, dirigido por Ángel Moya Posas, lejano pariente suyo.

Dicho periódico se convirtió en la escuela más importante en la formación periodística de Amaya Amador. Es aquí donde el joven de entonces 25 años recién cumplidos, se entrena como impresor y aprende los primeros secretos de la redacción y presentación de las noticias.

Ramón Amaya tiene un pensamiento marxista, el resultado natural de su inclinación por los más débiles, su compromiso social y su necesidad de participar en un proceso de reforma y transformación social. Es un marxismo – por lo menos en el período ceibeño existencial y como en todo las cosas suyas, muy humano.

Crea el semanario “Alerta“ junto a Dionisio Romero Narváez y Pablo Magín Romero. Con este diario que se trataría temas como: Opinión, información general, literatura, sociedad y acontecimientos extraordinarios.

La misión del mismo es la de enseñar a los trabajadores que deben unirse -no en sindicatos que estaban prohibidos por la dictadura de Carías- sino en asociaciones mutualistas y que, en alianza con profesionales de la cuidad, pueden mejorar su nivel social. Y conquistar el bienestar de todos.

Al fallecer su madre, Isabel Amaya. Es uno de los motivos por los que Ramón Amaya opta dejar Honduras. Ya que no hay nada que lo ate. Sabiendo que “Alerta“ el periódico del cual era director, morirá, le causa un poco de pena; pero al final sabe que así como su madre, muchas cosas tienen que terminarse.

Sale rumbo a Belice, Vía La Ceiba. En una pequeña goleta hace el viaje. De aquí por tierra, se conduce a Guatemala. Aunque Amaya-Amador no sale expulsado de Honduras, para razones prácticas y Psicológicas, un exilio real.

Así se siente y lo repetirá a quien le quera escuchar. “Las condiciones políticas, sociales, económicas, culturales que privaban a Honduras al final de la segunda guerra mundial y comienzos de esta intranquila y convulsionada post-guerra que fue la época de nuestra salida apresurada del país, eran muy distintas a las que existen años después“ [1]

En la cuidad, llena de desconocidos. La única esperanza amigos epistolares, el nombre de algunos dirigentes obreros y por supuesto, los exiliados hondureños que participaban en la revolución guatemalteca.

Guatemala, país que lo acoge por diez años: Jacobo Arbenz Guzmán presidente de Guatemala


El gobierno guatemalteco se mantuvo dentro de los lineamientos de la Revolución de 1944, cuyos principales objetivos fueron la revisión a la Ley de Reforma Agraria, la defensa de las instituciones democráticas y la defensa de la soberanía de Guatemala.

El régimen de Arbenz se caracterizó por la lucha constante contra los grandes intereses económicos de EE.UU., en particular la expropiación de los extensos terrenos de la poderosa United Fruit Company -monopolio y verdadero poder político en la región-, la IRCA y la Bond and Share.

Aunque Arbenz efectuó singularidades esfuerzos para mejorar las relaciones con los gobiernos centroamericanos, los resultados fueron muy discretos. La suerte estaba echada. Estados Unidos había decidido ya deshacerse de un gobierno revolucionario que sus analistas principales consideraban como un peligro foco de infiltración comunistas.

Para Ramón Amaya Amador era claro que la situación se tornaba difícil cada día que pasaba. 17 de junio de 1954 se produjo una invasión de exiliados desde territorio hondureño con el apoyo logístico de EE.UU. Tras ser bombardeada la capital y no prosperar su petición de una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, Arbenz dimitió el día 27 en favor de una junta militar gubernamental, que se apresuró a ilegalizar el Partido Comunista y pactó con los rebeldes la entrega del poder. Arbenz logró refugiarse en la embajada de México y posteriormente escapó a Suiza.

Muchos de sus amigos y conocidos se asilaron en la embajada de México. Por ello supo que ahí no había espacio y posibilidades. Por ello, prefirió encaminarse a la embajada de Argentina. Cerca de dos meses estuvo asilado en la embajada de Argentina de la Ciudad de Guatemala. Después de intensas negociaciones, se iniciaron los trámites para viajar hacia Argentina

En Argentina se radicó en la ciudad de Córdoba y trabajó para la editorial Sarmiento. Es en esta ciudad donde conoció a Regina Arminda Funes, quién sería posteriormente su esposa.

En mayo de 1957 regresó a Honduras, donde comenzó a trabajar para el periódico El Cronista y fundó la revista Vistazo en Tegucigalpa. En abril de 1959 abandona de nuevo el país junto con su esposa y sus dos hijos: Aixa Ixchel y Carlos Raúl, radicándose en Checoslovaquia. Tomó residencia en la ciudad de Praga, donde trabajó para una revista llamada Problems of Peace and Socialism hasta su muerte. Ésta ocurrió debido a un accidente de aviación acaecido en las cercanías de la ciudad de Bratislava, Eslovaquia.

En septiembre de 1977 los restos de Ramón Amaya fueron repatriados y regresaron a Tegucigalpa, pero su obra continuó siendo perseguida y no fue hasta una década más tarde, en 1991, cuando finalmente se publicaron sus libros en Honduras.

Ramón Amaya Amador en el contexto socio político de Honduras


Entre el 1ro y el 2 de mayo de 1954, los trabajadores bananeros de Honduras se fueron a una huelga que, después de una semana, cubriría el país en un gran alzamiento que involucraría a casi la totalidad de los trabajadores del país. Nunca los huelguistas se imaginaron que estaban partiendo la historia de Honduras y formando un movimiento social sin precedentes.

Para entender este fenómeno, hay que recordar lo que eran los monopolios bananeros que, como la Unidad Fruit Company. y la Standard Fruit Company, no sólo dominaban la economía de Honduras y el Caribe, sino que eran un “Estado dentro del Estado”, ponían y quitaban presidentes, controlaban el Congreso Nacional, y las leyes estaban a su servicio. Los trabajadores sufrían una explotación sin límites, no gozaban de ningún derecho laboral o social. El país estaba sometido desde hacía 25 años a una terrible dictadura que no permitía libertades políticas y no habían elecciones.

Los sindicatos y toda organización social habían sido disueltos al nomás llegar al poder político de Honduras el general Tiburcio Carias Andino. Lo mismo acontecía con los partidos políticos, en particular el Partido Comunista de Honduras de gran influencia entre los trabajadores bananeros. Amaya Amador se considera que fue la semilla que hace germinar la gran revolución de aquella época.

Mensaje del novelista Ramón Amaya Amador a los participantes de la Huelga del 54


Compañeros trabajadores:
Me invade un júbilo patriótico y de clase sin precedentes y quiero transmitirlo a vosotros en este saludo fraterno, porque estáis escribiendo uno de los sucesos históricos más trascendentales de la historia contemporánea de Centroamérica.
Vuestro justo y brillante movimiento de huelga, por mejores salarios y condiciones de trabajo, es ejemplar y maravilloso. ¡Surgís de la noche bananera con estruendo de un rayo y llegáis a la mesa del festín imperialista a golpear en la cara a los amos con vuestra viril protesta!

¡Temen los yanquis y tiemblan los verdugos! ¡Miles de puños en alto forman un solo puño proletario! ¡Habéis sorprendido gozosamente a toda América con vuestro arrojo y valentía, con vuestra alta conciencia revolucionaria y vuestra disciplina clasista! Con esa gigantesca huelga se inicia en nuestra patria humillada por el imperialismo, la etapa esperada de reivindicaciones populares, que han de culminar en el futuro, con la conquista de la liberación económica, la justicia social y la democracia sin mixtificaciones.
¡Os felicito, compañeros trabajadores! ¡A todos vosotros de las fincas bananeras, de las minas, de las fábricas, de los talleres, de los muelles, de los ferrocarriles, a todos los que estáis participando en el formidable movimiento! ¡Y felicito a todos los hondureños que nos apoyan con la solidaridad de clase y solidaridad patriótica!

¡Ved, compañeros, como vuestra firme determinación, vuestra unidad de acción, está doblegando a la ayer omnipotente empresa monopolista, hambreadora de nuestro pueblo! ¡Ved compañeros como la poderosa United Fruit y subsidiarias, ante el empuje incontenible de vuestra huelga de mayo, se doblega con temor de bandido! ¡Eso quiere decir que los trabajadores, para poder hacer oír nuestra palabra y demandas, solamente contamos con un arma, pero que es más formidable que las armas termonucleares: la organización! ¡La organización y la unidad! ¡Me siento orgulloso de ser trabajador hondureño! ¡Ese orgullo me lo dais vosotros, compañeros, que, en las peores condiciones nacionales bajo un gobierno intolerante y enemigo de la clase obrera, frente a los fusiles de los esbirros, os habéis incorporado con heroísmo, levantando vuestros puños para hacer justos reclamos a la compañía extorsionista y voraz! ¡Yo os felicito con el corazón abierto y pletórico de gozo revolucionario! ¡Yo os reafirmo mi fe consciente en el poderío invencible de la clase obrera y de sus aliados campesinos! ¡Sois vosotros también, la esperanza de la liberación, la columna vertebral del movimiento democrático hondureño, que a través de la revolución, sentará las bases de una sociedad nueva, justa y feliz! ¡El nombre del proletario hondureño está cubierto de gloria! ¡Sois héroes compañeros huelguistas de la costa norte de Honduras! ¡Vuestro arrojo es admirado y cuenta con el apoyo de todos los trabajadores del mundo!

Con esta gloriosa huelga de mayo, habéis entrado a la historia del movimiento revolucionario anti-imperialista mundial.
Creedme que deseo abrazaros uno por uno con este sentimiento de orgullo y optimismo que me habéis dado para deciros de compañero a compañero: ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Unidos hasta la victoria! Ahora que habéis comprendido mejor que la unidad es imprescindible para las clases trabajadoras, id inmediatamente hacia la organización sindical; ya sea que la permita el gobierno o no. Los derechos no se piden: se conquistan. ¡Vosotros estáis en este momento conquistando esos derechos humanos! ¡Organizaos compañeros! ¡No perdáis un solo momento! ¡Que de esta formidable huelga de mayo, comience el sindicalismo ganado con vuestro esfuerzo! ¡Ese es vuestro camino! ¡Es el camino de nuestras reivindicaciones proletarias! ¡No deis tregua al enemigo!

No dejéis ir de vuestras manos poderosas esta victoria conquistada con arrojo, inteligencia y patriotismo. ¡Yo espero, lo esperamos todos los hondureños honrados, que cuando dejéis la huelga, sea con la victoria en vuestras manos de constructores! ¡Os está costando sacrificios, a vosotros y a vuestras familias! ¡Para mantener esa victoria que tengáis debéis ir a la unidad orgánica y mantener firme la unidad de acción con los campesinos, con los artesanos, con los intelectuales progresistas, con los estudiantes, con los maestros, con las mujeres, con todo el pueblo demócrata que en esta hora está con vosotros en la jornada histórica, sin vacilaciones ni componendas! Salud a todos y que la huelga reivindicadora sea coronada con la victoria merecida.
¡Abajo la United Fruit Company! ¡Abajo los entreguistas y traidores al pueblo! ¡Viva el proletariado hondureño! ¡Viva la gloriosa huelga de mayo! ¡Viva la solidaridad del proletariado mundial! ¡Viva nuestra Honduras combatiente! [2]

[1] dirá en ocasión de su regreso al país Ramón Amaya Amador. Columna sencilla, Diario “El cronista“, agosto, 15 de 1957.

[2] El Chilillo de San Pedro Sula el 29 de mayo de 1954.

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