Luis Andrés Zúñiga

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Biografía


El insigne Luis Andrés Zúñiga nació en la ciudad de Comayagüela en el año de 1878. Estudió derecho en la Universidad Central de Honduras (actual UNAH) y se especializó en criminología en la Universidad de la Sorbona, Francia.

Durante su estancia en París fue secretario de Rubén Darío cuando este dirigía la revista Mundial Magazine, en la cual colaboró.

En Honduras formó parte del segundo y tercer círculo de intelectuales La Juventud Hondureña y Ateneo de Honduras, respectivamente. Fue director de la Biblioteca y Archivos Nacionales. Dirigió las revistas Semana Ilustrada, Germinal y Ateneo de Honduras, de la cual fue cofundador junto con Rafael Heliodoro Valle, FroylánTurcios y Salatiel Rosales.

Como diplomático, representó a Honduras en El Salvador y llegó a ser subsecretario de relaciones exteriores.

En 1914, su obra dramática Los Conspiradores fue premiada y escogida para inaugurar el Teatro Nacional de Tegucigalpa (actual Manuel Bonilla), en 1916. Además de teatro, escribió poesía, siendo su poema mejor laureado Águilas Conquistadoras, y con su obra El Banquete, incursionó en la prosa.

En 1951 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa”, siendo el primer hondureño en recibirlo.

Entre sus obras están:

  • Remy de Gourmont. París, 1912.
  • Mi vida en París. París, 1913.
  • Los Conspiradores. Tegucigalpa, 1914.
  • Fábulas. Tegucigalpa, 1919.
  • El Banquete (verso y prosa). Tegucigalpa, 1920.

En opinión de Salatiel Rosales:

el gran mérito y aporte de Luis Andrés Zúñiga en el campo de las letras está en el cultivo de una prosa diáfana, tersa y literaria, más que su actividad poética. Sin embargo, en su poesía se destacan algunos poemas como Todo es Nada, La ribera encantada, Raza nueva, Versos sencillos y Águilas conquistadoras.

Para Marco Carías Reyes, Luis Andrés Zúñiga “es dramaturgo, poeta, prosista, filósofo, fabulista, y psicólogo, de la más alta calidad.”

Zúñiga murió en 1964, habiendo vivido 86 años.

Obra


El Banquete


Consta de dos partes: una en verso y otra en prosa.

En la parte en verso hay cincuenta poemas, los cuales surgen al influjo de modernismo, dotados de grandilocuencia y adjetivación exaltada. En ellos hay ecos de cantos neoclásicos de carácter grandioso; también hay una marcada presencia de Rubén Darío, a quien Zúñiga admiraba grandemente. Sus veros son de poco calado conceptual y tratamiento formal epidémico[1].

Dentro de estos poemas podemos encontrar temas como el amor, el olvido, la muerte, el esplendor de la naturaleza, el sentimiento religioso y la expresión del pensamiento mágico.

En los versos de Zúñiga, Hele Umaña menciona que hay una “indecible vocación reflexiva”, lo que provoca la elaboración de una “poesía didascálica”, pues formula una lección de vida. Ejemplo de esta poesía didascálica podrían ser Leñador y Los indigentes, poemas en los cuales el autor conciencia al lector mediante la reflexión al plantear un problema.

De los cincuenta poemas, se califica como el mejor a Águilas Conquistadoras, donde se palpa un “ánimo contra el imperio”, menciona Umaña.

El poema inicia narrando la emigración de algunos ingleses (los quakers que aparte de ser ingleses también son un pequeño grupo religioso) hacia el nuevo continente, cómo estos crecen y se convierten en una gran nación. Entonces, al ser fuertes, muestran un afán por conquistar, teniendo en la mira al pueblo centroamericano. Por el poeta anuncia que dicho pueblo se quedará a luchar y defender sus tierras, su “sol tropical”. Zúñiga muestra una total ausencia de temor hacia la gran “yanquilandia”, y advierte que son mucho millones de guerreros dispuestos a batallar que existen “de Méxio al canal”. Luego invita a las mujeres a que también tomen parte en la lucha, que no es una lucha de géneros, son de razas. Miedo no hay contra el Bóreas (el viento del norte). El poema culmina diciendo que, en caso de que los yanquis ganaran la batalla, en el futuro se levantaría una estirpe centroamericana para reconquistar y vencer.

A lo largo de la parte en verso encontramos poemas modernistas, pero también otros con gran influencia del romanticismo, aunque no lleguen a ser poemas completamente románticos.

Unaña opina que en “su trabajos traslucen grandes debilidades” u que hay un “peso excesivo de Rubén Darío”.

En la parte prosaica hay principalmente dos cuentos: homónimo a la obra, El Banquete y EL Reino de las Sombras. En esta parte hay un manejo lingüístico pleno de resonancias modernistas.

El Banquete de Zúñiga es paralelo a El Banquete de Platón. De igual forma hay un banquete en el cual algunos intelectuales dialogan.

El relato de Zúñiga está ambientado en los tiempos de Nerón. Cayo Emoulopo, un comerciante muy rico, convida a Petronio a un banquete; este rechaza elegantemente la invitación, pues no planea ir por cuestiones de clasismo. Entre viandas y bebidas, poetas, filósofos y filólogos dialogan sobre temas diversos como la amistad, la música, etc.

Este cuento refleja el ambiente decadente de Roma. Muestra u contraste entre la sublimidad de los temas discutidos y la vulgaridad de sus discursores. A pesar de esto, se encuentran varias reflexiones. Helen Umaña opina que sus diálogos son abstractos u no sobrecargados, lo que ayuda a disfrutar su obra sin sentirse agotado o aburrido.

El Reino de las tinieblas está narrado en primera persona y contará un paseo de carácter dantesco (pies este cuento es un paralelismo de La Divina Comedia). El personaje principal se encuentra en una caverna y de repente oye el sonido de voces extrañas. Estas voces son las voces de las amas que descienden al inframundo. El personaje atraviesa todo el infierno hasta llegar al último círculo (porque en este infierno también hay círculos); de ahí, pasa rápidamente por el purgatorio y llega al cielo. En él, ve a los petas Shakespeare, Dante, Esquilo, Sófocles, Homero y Hugo hablar con los dioses, Luego, en un monte, ve a Anacreonte, Ovidio, Petronio, Verlaine y Banville. De pronto, se escuchan “acentos inefables de angélicas liras”. Detrás de las colinas se ve in “violento y delicioso resplandor”. Inesperadamente, un cisne voló sobre ellos. El fin se ve “una alta y noble figura llena de dulzura y magestad”, a quien le precede una luz muy resplandeciente. Ovidio se levanta a recibirle, y la presencia del nuevo personaje “irradia alegría, música y aromas”. Es Rubén Darío quien ha llegado. El autor da a Darío el carácter de semidiós, pidiendo apreciar nuevamente la gran admiración que tenía por él.

Helen Humaña dice que Luis Andrés Zúñiga es “uno de los nombres que empiezan a construir la literatura hondureña.”

Al fin del libro se coloca el drama de Zúñiga Los Conspiradores, drama que fue laureado en los Juegos Florales de 1915. Fue representado por la compañía Ughetti.

El protagonista o personaje principal es el General Francisco Morazán, seguido por un ministro, nobles y campesinos. El drama se sitúa en Guatemala, durante la época morazánica.

Fábulas


Dentro de este libro de Luis Andrés Zúñiga, hay fábulas en prosa como fábulas en verso, solo que estas segundas en menor cantidad. En ellas hay un conjunto de enseñanzas que no se limitan a un público joven, sino que también es capaz de impresionar e instruir a personas de cualquier edad. Aquí veremos nuevamente desarrollarse el espíritu modernista dentro de las letras del fabulista hondureño.

Para Marco Carías Reyes

Las “Fábulas” constituyen un capítulo muy singular en la obra de Luis Andrés Zúñiga, que no es vasta, sino selecta. Modelos de ingenio, de agilidad y sutileza psicológica, de prosa amena y castiza, en su género y en nuestro país, las “Fábulas no tienen ascendencia ni descendencia. Son únicas. Y como únicas, dueñas son del rarísimo don de la originalidad.

Si en sus poemas, Luis Andrés Zúñiga se revela como un inspirado portalira; y en sus ensayos, escritos en prosa marmórea por lo tersa y repujada, como filósofo; en las “Fábulas” alcanzó una cumbre hasta la cual nadie ha ascendido ni antes ni después de él.

Carías Reyes considera a Zúñiga “un esteta y filósofo”, “un artista del verso y de la prosa; un artista de su propia vida y de su propio Yo”.

Y es fácil concordad con él. Es muy notable el lenguaje culto y lírico que posee l. Andrés Zúñiga.

Le llama artista de la prosa y el verso porque incursionó en ambas áreas, y en sus fábulas lo vuelve a hacer de manera exitosa. Pero también lo nombra artista de su propia vida y de su propio yo; esto es porque Zúñiga conocía y construía su vida, y reconocía mejor que nadie su propio yo. Es gracias a eso, gracias a conocerse a sí mismo y conocer, por lo tanto, las universalidades psicológicas de la humanidad que el fabulista logra reflejar el alma y las actitudes humana dentro de sus personajes.

Pero no solo refleja en sus personajes la interioridad humana, sino también sus hechos a los cuales juzga y otorga un valor. Es por eso que Zúñiga manifiesta su enemistad contra de las acciones injusta de los poderosos, por lo que podemos leer en una de sus fábulas:

El águila se puso a considerar aquel par de miserables, y a pensar en que las lastimaduras de la maledicencia son el obligado tributo que en todos los tiempos los generosos y grandes pagan a los ruines y pequeños. (P. 141)

Al leer esto y toda la obra de Zúñiga, notaremos que hay una clara y justa demanda social.

Contexto Histórico


Nuestro polígrafo nació durante el gobierno del expresidente Marco Aurelio Soto.

El 21 de agosto de 1876, y bajo presión guatemalteca, el general José María Medina aceptó dejar el poder y reconocer a Soto como presidente provisional, mediante decreto emitido en Erandique. El nuevo gobierno se inauguró seis días después en Amapala. Soto nombró como secretario general del gobierno a su primo hermano, Ramón Rosa, y declaró que el régimen ejercería las facultades discrecionales necesarias para mantener el orden público.

Con Soto y Rosa se impulsó el primer proyecto formal de desarrollo capitalista en Honduras, si bien sus primeros antecedentes se remontan a José Trinidad Cabañas y José María Medina, quienes construyeron, con capital inglés, el tramo de ferrocarril interoceánico que vinculara las dos costas del país. Durante la administración de Soto se reactivó la minería hondureña, en decadencia desde finales del siglo XVIII, convirtiéndose el país en exportador de plata a escala mundial. En 1880 los hermanos Valentine organizaron la New York and Honduras Rosario Mining Company, de la cual Soto era principal accionista, para facilitar el traslado del metal al puerto de San Lorenzo, y se dio principio a la construcción de la carretera del sur, que unía San Juancito con dicho puerto, en el golfo de Fonseca.

También se creó el marco legal necesario para la modernización del país. Se emitieron los códigos de minería, instrucción pública, penal, civil, comercio y militar, gracias a la labor de un equipo de abogados formado por Ramón Rosa, Adolfo Zúñiga, Jerónimo Zelaya y Alberto Uclés, y se reorganizaron los tribunales. Durante su mandato Tegucigalpa se convirtió en capital de la República.

Durante la primera mitad del siglo XX la economía de Honduras fue dominada por empresas estadounidenses como la UnitedFruit Company, la Standard Fruit Company y la Cuyamel Fruit Company, las cuales establecieron enormes plantaciones de banano a lo largo de la costa norte. Estas compañías hicieron rápidamente del banano el principal producto de exportación del país a cambio de grandes concesiones por parte de los conservadores. De esta forma, el capital extranjero, la vida en las plantaciones de banano, y los conservadores, fueron factores determinantes en la política de Honduras desde 1988 hasta mediados del siglo XX.

El general Terencio Sierra fue el primer presidente de Honduras del siglo XX, luego de recibir la presidencia de manos de, Policarpo Bonilla en 1899. Durante su gestión, se dio uno de los hechos históricos más importantes en la vida económica y política del país. El escritor, Marvin Barahona, en su libro; Honduras en el siglo XX relata que: “Los hermanos Vaccaro”, una familia de origen italiano que comerciaban banano en Nueva Orleans, recibió concesiones de tierras en la Costa Norte. A cambio, los concesionarios debían construir ferrocarriles en una extensa área. Las tierras eran concedidas según el número de kilómetros de ferrocarril que cada compañía construyera, estableciéndose 250 hectáreas por cada kilómetro de vía férrea. La empresa de los Vaccaro, como lo hicieron más tarde otros concesionarios en la Costa norte, aprovechó los privilegios que le otorgaban las concesiones para exportar banano desde La Ceiba.”

El 1 de marzo de 1902 se convocó al pueblo para elegir al sustituto del presidente Sierra. Al final de la contienda electoral, el General Manuel Bonilla ganó las elecciones con 28,550 votos por sobre 25,118 del Doctor Juan Ángel Arias Boquín y 4,857 para el Doctor Marco Aurelio Soto. Según el escritor y político, Ángel ZuñigaHuete, estas “cantidades …no aportaban mayoría absoluta de sufragios para ninguno” de los contendientes según lo estipulaba la Carta Magna. Por lo que “el Congreso de la República debía elegir Designados” para ejercer la presidencia. El congreso designó como presidente al “Doctor Juan Ángel Arias B. y Vicepresidente al General Máximo Betancourt Rosales. Arias y Rosales se hicieron cargo del gobierno el 18 de febrero de 1903”

El aspirante presidencial Manuel Bonilla no aceptó la resolución del Congreso de la República y le hizo la guerra a Juan Ángel Arias. Manuel Bonilla llegó a la presidencia de Honduras por medio de las armas. Una vez en el poder, resultó ser mejor amigo de las compañías bananeras que su antecesor, Terencio Sierra. Durante su administración estas empresas, ganaron las exenciones de impuestos y el permiso para la construcción de muelles y carreteras, así como el permiso para obtener las cartas para la construcción del nuevo Ferrocarril Nacional de Honduras. Entre sus mayores logros se destaca la delimitación de la frontera con Nicaragua especialmente en la zona de La Mosquitia, por la cual, había una larga disputa.

En 1906, Manuel Bonilla resistió con éxito una invasión desde Guatemala, pero este fue su último gran éxito. El pacto de amistad que tenía firmado (1906) con Guatemala y El Salvador fue interpretada como una alianza anti-Nicaragüense por el presidente José Santos Zelaya de Nicaragua. Zelaya comenzó a apoyar a los liberales exiliados de Honduras en su país en un esfuerzo por derrocar a Manuel Bonilla, quien se había convertido, en efecto, un dictador. Con el apoyo de elementos del Ejército de Nicaragua, los exiliados invadieron Honduras y en febrero de 1907 y establecieron una junta provisional.

Bonilla intento resistir con la ayuda de los salvadoreños. Pero en marzo, sus fuerzas fueron derrotadas de manera decisiva, en una batalla notable por la aparición de ametralladoras en los conflictos civiles de Centroamérica. Los Estados Unidos vieron con malos ojos el papel desempeñado por el presidente nicaragüense Zelaya, en los asuntos internos de Honduras. Cuando el Ejército de Nicaragua entró a Honduras en 1907, el gobierno estadounidense, creyendo que Zelaya quería dominar toda la región, mandó marines a Puerto Cortés para proteger los negocios bananeros. Otras unidades navales fueron enviadas a Amapala en el Golfo de Fonseca para prevenir ataques contra las últimas posiciones ocupadas por Manuel Bonilla, quien se refugió en el USS Chicago. Con este hecho, la lucha contra la llegó a su fin.

Las elecciones de 1912 fueron ganadas por Manuel Bonilla, pero murió a poco más de un año en el cargo. Bertrand, que había sido su vicepresidente, regresó a la presidencia y en 1916 ganó la elección por un período que duró hasta 1920. El gobierno de Francisco Bertrand, representó mayoritariamente los intereses estadounidenses sobre los nacionales, aceptando la mediación de Estados Unidos en la resolución del conflicto fronterizo con Guatemala y también en el conflicto posterior por dos regiones colindantes con Nicaragua (Las trojes y Potrerillos).

Desde 1920 a 1923, se dieron diecisiete levantamientos o intentos de golpe de estado en Honduras. Esto contribuyó aún más a la ya creciente preocupación de los Estados Unidos por la inestabilidad política en América Central. En agosto de 1922, los presidentes de Honduras, Nicaragua y El Salvador se reunieron en el USS Tacoma en el Golfo de Fonseca. Bajo la atenta mirada de los embajadores de los Estados Unidos a estos países. Los presidentes se comprometieron una vez más, a impedir que sus territorios fuesen utilizados para promover revoluciones contra sus vecinos. Asimismo se les hizo un llamado a todos los países, para reunirse en Washington a finales de año. Aparte de todo esto, en el mes de septiembre de 1920 se realizó la primera huelga a nivel nacional, los trabajadores de la empresa “VaccaroBrother Company” con sede en La Ceiba, departamento de Atlántida se organizaron para exigir ajustes de salarios.

Dejaremos ha historia hasta aquí debido a que durante el resto de su vida, Luis Andrés Zúñiga no produjo otros textos.

Análisis


A groso modo, haremos un pequeño análisis sobre las Fábulas de Luis Andrés Zúñiga.

Helen Humaña dice que “En Honduras, el modernismo no se practicó en un estado pro; siempre hubo influencia del romanticismo”.

Creemos que esto es cierto en las Fábulas de Zúñiga, ya que, aunque posee un carácter claramente modernista, hay un elemento romántico del cual no logra despojarse y que marca fuertemente la obra.

De manera general, dentro de las características modernistas están: un ambiente exótico: las fábulas de Andrés Zúñiga se sitúan dentro de un reino, cosa realmente inexistente en nuestro país: “Conforme a las leyes del reino, muerto el soberano sin sucesión, la reina asumía la soberanía;…” (p. 63). Como leemos, hay un reino y una monarquía, cosa totalmente extraña en nuestras tierras hondureñas (al menos en teoría).

También existe un interés por crear emoción lírica mediante un lenguaje preciosista, tanto en la prosa: “El agua hacía sonar cadenciosamente su música fugitiva, mientras la luna llena, dueña del cielo, derramaba copiosamente sobre los campos su luz argentada.” (p. 13), como en el verso: El valor, ¡qué linda cosa!/ ¡Qué cualidad tan preciosa!/ (Y agregó en tono furente/ y con la voz ahuecada):/ ¡Porque hablando claramente/ no teme a nadie ni a nada/ aquel que nació valiente!”. (p. 201-202).

A parte del ambiente y el lenguaje, otra característica modernista son su gran cantidad de personajes refinados: “podemos ir a ver al búho, que es doctor en letras” (p. 14), “Su majestad el león cayó enfermo” (p. 63), “Cuando Su Majestad hubo nombrado al águila su ministro general,” (p. 107), “una galgo que es ingeniero” (p. 225).

Sin embargo, hay un elemento romántico que está presente y que va determinar el rumbo del relato en la mayoría de las fábulas, y este es el poder del destino inquebrantable que gobierna la vida de los personajes.

Todos los personajes poseen un destino natural, muchas veces fatal, que se va a cumplir siempre, a pesar del indecible esfuerzo de sus víctimas por que no sea así.

Hay momentos en la obra en los que la voz del destino se infiltra dentro de los personajes y estos establecen:

Todos nacemos para hacer algo. Cada uno de nosotros tiene una cualidad con la que puede triunfar. El topo nació para minero; el castor para arquitecto; el ruiseñor para cantar. Ninguno de ellos es capaz de hacer lo que os otros. (p. 15)

“Lo natural es que yo vuele, como es natural que tú brinques” (.139).

Esto último se lo dice un águila a un sapo. Este destino, esta naturaleza rige y gobierna las historias. El lobo termina actuando como lobo, el burro como burro, el conejo como conejo, y así todos los animales ven cumplido su destino por más que se esfuercen en impedirlo.

Este destino, la mayoría del tiempo trágico, dota fuertemente de un carácter romántico a la obra, lo que impide que, a pesar de otras características, sea una obra totalmente modernista.

Para ver esto de una forma más clara, tomaremos una fábula de las tantas que hizo Zúñiga y la analizaremos un poco para corroborar lo anterior. La fábula que tomaremos será “La caída del lobo”.

Esta fábula relata la desdichada de un pobre lobo que desde pequeño quedó huérfano. Sin embargo, llevó una vida llena de virtudes. Un día andaba con hambre y entró a un gallinero únicamente para ver si había por allí algún despojo que pudiera servirle de alimento. Para su desdicha, sin mediar palabra, el mastín, guardián del gallinero, lo ataca. El lobo intenta huir, pero el mastín no lo deja. Debido al hambre y a la situación, el lobo se defiende y mata al mastín. Luego, perdido entre la ira, mata una gallina y se la lleva. Al día siguiente el lobo es enjuiciado, y, basándose dos testimonios, es condenado a la pena capital; empero, abogan por él y es condenado a dos años de prisión. Paga su deuda y sale de la cárcel, mas la noticia de su delito le persigue a donde sea que vaya. Termina recurriendo al convento donde habitan unos amigos suyos y muere debido a la preocupación que le causa el saber lo que hizo.

Entre los elementos modernistas de la fábula encontramos que hay personajes insignes, como el cuervo (un testigo de lo ocurrido con el lobo y el mastín). Esto sucede mientras el juez lo entrevista al momento de declarar: “-¿Su profesión? –Agente viajero.” (p. 47-48), también vemos la aparición del rey: “y Su Majestad, en su inextinguible magnanimidad…” (p. 50).

También vemos que al entrevistar al segundo testigo, un escorpión, hace uso de la referencia: “pero habiendo leído en los periódicos que es lícito cambiar de nombre cuando el primitivo es feo, como lo han hecho Stendhal, Stechetti, y Gabriel D’Anunzio, yo he hecho lo propio. Gramibus me parece más armonioso que Scorpio.” (p. 49).

Por último, recordemos que el modernismo trata de revivir los clásicos, y en esta fábula se intenta revivir un elemento clásico muy importante: la lengua latina. Esto lo hace mediante la voz de algunos clérigos:“-¡Benedictus dominus deus ab aeterno usque aeternum!” (p. 45).

Habiendo visto esto, nos enfocaremos ahora en los elementos románticos. En primer lugar, la tragedia está presente desde el principio hasta el final en la vida del personaje principal. Vemos que el lobo desde pequeño es desgraciado: “El lobo había quedado huérfano desde su infancia, por lo que conocía a fondo las más oscas amarguras que puede ofrecer la miseria.” (p. 44) No solo sufre el hecho de ser huérfano, sino las consecuencias que esto acarrea. Luego, al memento de su condena, la vida se convierte en una tortura: “cuando comprendió que la pena capital habría sido más benigna.” (p. 50) Las desgracias lo acompañan siempre, y se llega a decir: “Pero es el caso que el pobre lobo no había nacido para ser dichoso” (pp. 50-51)A pesar de haber pagado su deuda con la sociedad, la sombra de sus hecho lo seguía a todas partes: “Pero lo perseguía siempre su mala sombra.” (p. 51) Las desgracias son siempre constantes en su vida: “Anonadado por tantas desgracias,” (p 52) Incluso en el convento, donde todo parecía calmarse, el destino le tortura: “En aquella paz conventual habría vivido dichoso a no tener la idea fija de que, al salir del mundo, habría salido sin honra.” (p. 52) Así vemos que a causa del cumplimiento de su destino, aunque hubiese sido por una noche solamente, le acarrea desgracias para toda su vida.

Veremos ahora que a pesar de tantas tragedias el lobo era un personaje noble, y lo sigue siendo aún después de la trágica noche, por los que se convierte en una víctima de su destino. Vemos que el lobo era virtuoso desde niño: “Pero esos sufrimientos habían sido para él favorables, pues le enseñaron a ser humilde y fortalecieron su carácter” (p. 44) Así notamos que el lector lo describe con un gran conjunto de cualidades: “su natural pacífico y bondadoso… por el sendero del bien. Escogía sus amistades entre a gente más pura…. Era muy caritativo… lobo virtuoso…” (p. 44)“quien a fuerza de estar en contacto con las monjas, había aprendido un poco de latín” (p. 45) Aquí le vimos un religioso, algo muy virtuoso en la época de Zúñiga; también se menciona su inocencia al momento de ir a buscar comida al gallinero: “Al pasar frente a un gallinero se decidió a entrar para ver si encontraba alguna piltrafa… debemos decir que no fue otra su intención.” (p. 45) E incluso el personaje que inicia la caída del lobo no es el protagonista, sino un mastín, lo cual lo coloca nuevamente frente al destino como una víctima: “Cuando hubo entrado al corral, un viejo mastín guardián del gallinero se arrojó sobre él, dándole horribles dentelladas.” (p. 46). Por último encontramos la trágica pero hermosa muerte del lobo; esto sucede cuando estaba en el monasterio pero recordaba siempre la desdichada noche: “Le producía esto tanta congoja, que de mucho sufrir se le inflamó el corazón, y un día en el jardín, le encontraron muerto entre unas margaritas y unas rosas.” (p. 52)

Toda esa buena adjetivación corresponde a una característica romántica muy importante: la idealización del personaje. En este caso se idealiza totalmente al personaje principal, ya que es bueno y virtuoso, e incluso al haber hecho algo inmoral, se convierte en víctima de sí mismo, víctima de ese destino de loco, el cual es matar y comer.

Vemos entonces que estos dos elementos son los más importantes y los más abundantes dentro de la fábula, por lo cual podemos decir incluso que no es una fábula modernista con contrastes románticos, sino más bien una fábula romántica con unos pequeños atisbos modernistas.

Aporte a la identidad


En su poema Águilas Conquistadoras, Zúñiga hace un fuerte llamado a proteger nuestro territorio. Esto forma un elemento muy importante en la configuración de una identidad colectiva, y es el amor a la tierra. Esto ha sido clave en la conformación de varias identidades, como por ejemplo la identidad española.

Zúñiga nos invita a que amemos nuestra tierra, nos incita a que nos identifiquemos por nuestro territorio, nuestro y de nadie más.

Sin embargo, no nos está hablando únicamente a los hondureños, pues en su poema menciona “de México al canal”, es decir, da la comunidad centroamericana.

Por lo tanto, L. Andrés Zúñiga habla del territorio centroamericano, mostrando claramente una perspectiva morazanista, pero ausencia total de una identidad hondureña, al menos en este poema. En sus otros poemas hay uno que otro lugar de nuestra Honduras mencionado, logrando ver que el factor topográfico es el principal aporte de Luis A. Zúñiga a la identidad, tanto centroamericana como hondureña.

Valoración Personal


A pesar de que la crítica no coloca la obra de Luis Andrés Zúñiga en la cumbre de las letras hondureñas, con lo cual esto de acuerdo, no por eso sus escritos dejan de poseer calidad literaria y de ser importantes para la literatura nacional. Si sus poemas no son los mejores, creo que para los que venimos empezando a conocer el mundo de la poesía pueden ser de gran ayuda, debido a su fácil comprensión a y su gran musicalidad y cadencia. Sus cuentos quizá no sean los más originales, pero vaya que sus fábulas sí lo son. Aunque también de fácil comprensión, estas últimas poseen un mundo creado por el autor en donde esboza las interioridades de la especie humana, exaltando sus virtudes y condenando sus defectos, con tramas interesantes que muchas veces culminan en hecho o muertes trágicas. No hay razón para quitarle a Luis Andrés Zúñiga el mérito que le atribuyen sus obras.

 

Bibliografía


  • Argueta, Mario R. (2004). Diccionario de escritores hondureños (4ª ed.). Tegucigalpa, Honduras: Editorial universitaria.
  • Carías Reyes, Marcos. (2006). Hombres de pensamiento (2ª ed.). Tegucigalpa, Honduras: Editorial Cultura.
  • Martínez, José Francisco. (1987). Literatura hondureña y su proceso generacional. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Universitaria.
  • Umaña, Helen. (2006). La palabra iluminada. El discurso poético en Honduras. Ciudad de Guatemala, Guatemala: Editorial Letra Negra.
  • Umaña, Helen. (1999). Panorama crítico del cuento hondureño (1881-1999). Ciudad de Guatemala, Guatemala: Editorial Letra Negra.
  • Zúñiga, Luis Andrés (1920). El Banquete. Tegucigalpa, Honduras: [s.n.]
  • Zúñiga, Luis Andrés (2014). Fábulas. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras.
  • Historia de Honduras (1900-1954). (4/06/2015). Recuperado el 9 de agosto de 2015, de https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Honduras_(1900-1954)
  • Marco Aurelio Soro. (s.f.). Recuperado el 9 de agosto de 2015, de http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/soto_marco.htm

[1]Umaña, Helen. (2006). La palabra iluminada. El discurso poético en Honduras.

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