Rafael Heliodoro Valle

11911484_721638084630752_1409078089_nBiografía


Poeta, ensayista, periodista, historiador, diplomático y profesor universitario hondureño, nacido en Tegucigalpa el 3 de julio de 1891 y fallecido en Ciudad de México (México) en 1959. Autor de una fecunda y variada producción literaria, ensayística y periodística que le sitúa en los puestos cimeros de las letras hondureñas del siglo XX, sobresalió también por los servicios públicos que prestó a la Administración de su país, así como por su lucha activa en defensa de la educación, la integración y el desarrollo de todos los pueblos hispanoamericanos.

Con apenas veinte años de edad, irrumpió gratamente en el panorama literario de su país natal merced a la publicación de un primer poemario que, bajo el título de El rosal del ermitaño (Tegucigalpa, 1911), le dio a conocer como uno de los más afortunados continuadores de la estela modernista en territorio centroamericano (de hecho, el propio Rubén Darío dedicó unas palabras de elogio a esta opera prima de Rafael Heliodoro Valle). Por aquellos años de su presentación literaria, el joven poeta hondureño residía en la capital mejicana, adonde se había trasladado en su adolescencia para completar su formación académica.

De regreso a su país natal, Rafael Heliodoro Valle se integró plenamente en los principales cenáculos literarios hondureños, en los que comenzó a desarrollar una infatigable labor de promoción cultural que le llevó, entre otras muchas actividades, a fundar, con la colaboración de Alfonso Guillén Zelaya y Salatiel Rosales, el Ateneo de Honduras, una institución cultural inspirada en el célebre Ateneo de la Juventud, fundado en México por Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña y Antonio Caso. Desde su posición preeminente en el Ateneo de Honduras, Rafael Heliodoro Valle promovió la convocatoria de numerosas tertulias y conferencias que enriquecieron notablemente la vida intelectual hondureña del primer cuarto del siglo XX. Además, dio a la imprenta su segunda entrega poética, presentada bajo el título de Como la luz del día (Tegucigalpa, 1913).

Convertido, pues, en uno de los principales referentes del panorama cultural del país, el joven poeta de Tegucigalpa fue nombrado subsecretario del Ministerio de Educación, cargo que aprovechó para poner en marcha una de las primeras reformas educativas implantadas en Honduras. Sin embargo, su vocación de educador no pudo desarrollarse plenamente en esta primera etapa de su trayectoria profesional al servicio de la Administración pública, pues a los pocos meses de haber alcanzado dicha subsecretaría fue enviado, en misiones diplomáticas, a la legación hondureña en los Estados Unidos de América.

Durante los seis años que pasó en el extranjero como representante de su país (1915-1921), el escritor hondureño culminó la redacción de otro espléndido poemario que le confirmó como una de las voces más destacadas de la joven poesía centroamericana. Se trata de El perfume de la tierra natal (1917), obra que, junto a sus dos volúmenes de versos anteriores, vino a subrayar su predilección por la temática amorosa y la exaltación de la naturaleza, con especial interés en la descripción de los paisajes naturales de su tierra hondureña. En esta última línea temática cabe situar el que tal vez sea su poema más conocido, “Jazmines del cabo”, aprendido y recitado de memoria por varias generaciones de escolares hondureños.

A comienzos de los años veinte, una vez concluida su misión diplomática en los Estados Unidos de América, Rafael Heliodoro del Valle regresó a México para ocupar un alto cargo en el Ministerio de Educación del país azteca, bajo la dirección del filósofo de Oaxaca José Vasconcelos. Integrado entre los jóvenes artistas e intelectuales que había conocido durante su época estudiantil, el poeta de Tegucigalpa comenzó a desplegar una infatigable labor cultural que se manifestó a través de numerosas colaboraciones impresas en los principales rotativos y revistas mejicanos (como los diarios El Universal y Excélsior), así como en la publicación de un nuevo poemario, titulado Ánfora sedienta (México; M.L. Sánchez, 1922), y de un ensayo que, bajo el título de Cómo era Iturbide (México; Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, 1922), supuso el inicio de sus primeras investigaciones históricas y bibliográficas acerca de la vida política centroamericana. Además, dio a la imprenta otro ensayo, de contenido literario, presentado bajo el epígrafe de La nueva poesía de América (México, 1923), al que sumó, tres años después, un nuevo poemario titulado San Bartolomé de Las Casas (1926).

Nombrado Jefe del Departamento de Publicaciones del Museo de Arqueología de México (país en el que también ejerció la docencia universitaria, en calidad de profesor de Historia y Literatura), comenzó a profundizar con ahínco en sus investigaciones históricas hasta culminar uno de los trabajos más impresionantes de cuantos se han realizado sobre la vida republicana de Centroamérica. Se trata de la obra monumental titulada La anexión de Centroamérica a México: documentos y escritos de 1821-1828 (México; Secretaría de Relaciones Exteriores, 1924-1949), publicada en seis tomos a lo largo de veinticinco años de constantes investigaciones historiográficas y copiosas acumulaciones de documentos y material bibliográfico. Instalado definitivamente en la capital azteca (a pesar de que sus labores diplomáticas le obligaban a realizar constantes desplazamientos al servicio de su país natal), se dedicó durante las décadas de los años treinta y cuarenta a completar este voluminoso y exhaustivo trabajo de investigación, sin dejar por ello de prodigar sus constantes colaboraciones periodísticas en los principales medios de comunicación de los Estados Unidos de América y buena parte de los países del subcontinente Hispanoamericano. Se consagró, así, como uno de los articulistas más destacados de cuantos escribían por aquellos años en lengua española, lo que le valió un merecido reconocimiento internacional que, a su vez, le permitió impartir numerosos cursos en diferentes cátedras de las principales universidades hispanoamericanas. Como recompensa a esta infatigable labor intelectual, en 1941 fue galardonado con el prestigios premio Cabot de Periodismo.

Entretanto, sus escritos ensayísticos progresaban a través de otras publicaciones como Cronología de la cultura (Tegucigalpa; Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 1939) e Índice de la poesía centroamericana (1941). A mediados de la década de los años cuarenta, ya cada vez más implicado en los asuntos políticos que agitaban la vida pública de los distintos países hispanoamericanos, Rafael Heliodoro Valle dio a la imprenta otro interesante volumen ensayístico, publicado bajo el título de Tres pensadores de América: Bolívar, Bello, Martí (México; Secretaría de Educación Pública, 1946).

En efecto, su progresiva toma de conciencia acerca de la necesidad de llevar a cabo profundas reformas sociales para solucionar los graves problemas que afectaban a los grupos humanos más desfavorecidos le llevó a involucrarse de forma activa en la política centroamericana de su tiempo, y muy especialmente en la obra reformista del presidente guatemalteco Juan José Arévalo Bermejo, considerado por Valle como el modelo de dirigente político que debía marcar la pauta gubernamental en el resto de los países de su entorno geo-cultural. Al lado del régimen democrático de Arévalo Bermejo, perduraba en Honduras el sistema dictatorial sostenido por el general Tiburcio Carías Andino desde 1933, lo que impulsó al escritor de Tegucigalpa a fundar en 1947, junto a otros disidentes hondureños afincados en México, un comité por la democracia en Honduras, desde el cual expresó en numerosas ocasiones su deseo de implantar en su país natal un gobierno emanado de la soberanía popular. Entretanto, continuó desplegando sus fecundas investigaciones en el campo de la Historia, que le permitieron obtener un doctorado en dicha disciplina humanística en 1948.

Un año después, con la llegada al poder en Honduras del reformista Juan Manuel Gálvez, Rafael Heliodoro Valle fue nombrado embajador de su país en Washington, en donde permaneció hasta 1955. Desde allí se esforzó denodadamente, con la colaboración de otros creadores e intelectuales como el peruano Jorge Basadre, el colombiano Germán Arciniegas y el argentino Eduardo Mallea, por difundir la cultura hispanoamericana por los principales foros intelectuales y artísticos de los Estados Unidos de América. Pero a mediados de los años cincuenta, tras el fallecimiento del reformista Gálvez, el nuevo gobierno hondureño destituyó a Valle de su cargo al frente de la legación diplomática, circunstancia que sumió al humanista de Tegucigalpa en una amarga desilusión que le condujo a apartarse definitivamente de la vida política.

Aquejado de una grave dolencia, Rafael Heliodoro Valle regresó a México para continuar una rigurosa investigación histórica y filosófica que no llegó a ver impresa, pues la muerte le sobrevino en la capital azteca en 1959, un año antes de que sus amigos y colaboradores mejicanos pudieran dar a los tórculos su impresionante Historia de las ideas contemporáneas en Centroamérica (México; Fondo de Cultura Económica, 1960). Cuatro años después, una espléndida selección de la obra lírica del gran poeta de Tegucigalpa (que había sido elegido miembro de las academias Hondureña y Española de la Lengua) vio la luz bajo el título de La rosa intemporal. Antología poética. 1908-1957 (México, 1964).

Obras: Antalogias y Bibliografias


Rafael H. Valle fue un cronista importante para la cultura hondureña y latinoamericana. Sus publicaciones han sido de gran ayuda para conocer y entender personajes y eventos significativos.

Entre sus publicaciones antológicas encontramos:

  • La nueva poesía de América (1923)
  • Índice de la poesía centroamericana (1941)
  • Cartas hispanoamericanas (1945)
  • Tres pensadores de América: Bolívar, Bello y Martí (1946)
  • Semblanzas de Honduras (1947)

Sus obras bibliograficas son:

  • Índice de escritores (1928)
  • Bibliografía Mexicana (1930)
  • Biografía de José Cecilio del Valle (1934)
  • Bibliografía de historia de América (1938)
  • Biografía de Ignacio M. Altamirano (1939)
  • Cronología de la cultura (1939)
  • Bibliografía maya (1941)
  • Bibliografía del periodismo en la América española (1942)
  • Bibliografía cervantina en la América española(1950)
  • Bibliografía de Hernán Cortes (1952)
  • Bibliografía de Sebastián de Aparicio(1954)

Obras: Poesias y Novela


Rafael H. Valle tuvo un temprano interés por la literatura. Fue autor de muchas poesías, sin embargo escribió solamente una novela. Escribió también una cantidad significante de antologías y bibliografías de personajes importantes y eventos significativos tanto de la cultura hondureña como de la latinoamericana.

Publicó su primera y única novela en 1944, titulada Iturbide, varón de Dios.

Entre sus obras poéticas encontramos:


  • El rosal del ermitaño (1911)
  • Como la luz del día (1913)
  • El perfume de la tierra natal (1917)
  • Ánfora sedienta (1922)
  • Tierras de pan llevar (1939)
  • Unísono amor (1940)
  • Contigo (1943)
  • La sandalia de fuego (1952)
  • Poemas (1954)
  • Flor de Mesoamérica (1955)
  • La rosa intemporal (1964)

Pensamiento Filosófico contemporáneo en la obra de Rafael Heliodoro Valle


Rafael Eleodoro Valle (1891 – 1959), sobresalió por la lucha activa en defensa de la educación y la integración y el desarrollo de todos los pueblos hispanoamericanos. Respecto a su pensamiento filosófico consideró, hacia la primera mitad del siglo XX, que en Centroamérica aun no había nacido un filósofo, no obstante; admitió que ha habido estudiosos de la filosofía, y divulgadores de los sistemas filosóficos.

La Honduras y la Centroamérica, vista y descrita por Rafael Heliodoro Valle en cada uno de sus textos y narraciones encierra un sentido y sentimiento de nacionalidad, y regionalidad enfocada a toda Centroamérica, es decir, un sentimiento de individualidad histórica. Valle, se inspira dentro de una tendencia cultural vigente en su época, el romanticismo, en la forma de concebir la historia, la sociedad y la cultura de Centroamérica.

Esta tendencia se caracteriza por la exaltación de la naturaleza, del sentimiento y del individuo frente a la sociedad. Se manifiesta contra las tendencias modernas cosmopolitas, universalizantes, conducentes a dictar leyes abstractas, válidas para todos los pueblos, sin considerar la “nación” que significa el sentido de la singularidad de cada pueblo; respeto a sus tradiciones propias, celosa custodia de las particularidades de su carácter nacional; y esto es, lo que hace precisamente al nombrar y narrar al país en su ensayoEl paisaje de Honduras“, en Flor de Mesoamérica. La nación alude al “carácter” de los diversos pueblos, a su “naturaleza”: esto es, la teoría según la cual el carácter de los habitantes de un país depende de la situación geográfica.

La exaltación de las montañas es interesante no sólo porque preludia una actitud típica del romanticismo, sino también porque significa el reconocimiento de la influencia de los factores naturales en la formación del “carácter” de los hondureños.

Con ello, al factor propiamente naturalista se agrega el segundo elemento del “carácter nacional”: el factor histórico, tradición, que equivale a decir voluntad humana. Es así como su obra representa un gran esfuerzo por rescatar la tradición hondureña en sus diferentes relatos y narraciones. Para Rafael Heliodoro Valle, los modos de considerar al carácter de los hondureños responden a dos perspectivas: una, con relación al ambiente geográfico y el clima, o sea, con los factores físicos; la otra, como creación de las fuerzas morales, la vida política, la tradición y la historia, gran parte de su obra está orientada a describir y visualizar la geografía del país con su relieve montañoso y los paisajes culturales que de ahí derivan.

“Por su posición geográfica Honduras ha recibido ciertas ondas de primacía. Es la primera tierra firme de nuestro continente que contempló Colón. El primer reformador liberal en Hispano América (Francisco Morazán). Uno de los primeros pensadores que hablaron de la unión interamericana (José Cecilio del Valle). El primer autor de teatro en Centroamérica (José Trinidad Reyes)” (FM:20).

La importancia de la geografía, para enunciar su razonamiento en la configuración de la sociedad hondureña tiene sentido, en cuanto representa para el hondureño una especie de otredad o lo que es la alteridad misma de los hondureños, muy propia de una perspectiva romántica.

Heliodoro Valle, define el paisaje como la intermediación o el nexo de la geografía física de una nación con su gente, de tal manera que constituye el conjunto de formas, líneas, fragancias y rostros humanos que ofrece el mundo sensible, en donde, “el hombre es, en cierto grado, una de sus expresiones” (FM:40). El paisaje, al igual que su geografía, se vuelve también clave interpretativa de su historia:

A partir del paisaje, los hondureños definen su carácter, su ethos o su talante. Por eso el paisaje es, ante todo, antropológico y cultural, y en muchos casos se confunde con el ser mismo de los hondureños, cumpliendo ese papel de intermediación entre el espacio físico y la gente. Para Valle, el paisaje, como se ha dicho, es sólo uno de los elementos para comprender la nación y el carácter de los hondureños y posee una densidad comprensiva en la hermenéutica cultural que desarrolla sobre Honduras.

Los paisajes, sin embargo, no permanecen libres de la acción humana o de los procesos históricos. El paisaje es producto precisamente de este proceso de degradación ambiental que el país ha vivido a lo largo de su historia; por eso, existe también el paisaje aniquilado:

“El paisaje de Tegucigalpa rodeado de pinos fue aniquilado por el hacha de los destructores de belleza” (FM:39). Pero de ese paisaje es el paisaje histórico el que interesa a Valle, es decir, que al apreciar a las personas en sus ciudades y en sus pueblos puede valorarse el vestigio de sus diferentes épocas y períodos. Valle no se queda en la óptica romántica de nación definida con relación a su geografía y naturaleza, sino que avanza a una visión moderna del paisaje al ubicar a la gente y su historicidad como centro del mismo. Al integrar el conjunto de paisajes, se construye el auténtico paisaje de los hondureños, que no es sino la conjugación de tres: “el antropológico (un grupo de familia) bajo un paisaje de la arquitectura doméstica (la choza humilde) y encima de los dos, un paisaje vegetal, estilizado por un árbol alto y frondoso” (FM:39). Tal como se verá más adelante, es a partir de aquí que Valle interpreta el carácter de los hondureños y su sociedad. En la conjugación de estos tres paisajes surge la visión romántica que este autor tiene de Honduras.

Así se produce otro paisaje relacionado con la identidad del hondureño: el de la melancolía, tristeza y abandono, características que en la hermenéutica cultural de Heliodoro Valle constituyen la clave para comprender el carácter y las costumbres. De tal forma, el paisaje es para Valle un elemento que permite acercarse a la dinámica económica, social y política de Honduras y refleja las características que según él son propias de la sociedad hondureña: la violencia, la estratificación social y la ausencia de un aparato institucional consolidado que promueva el desarrollo del país.

La anarquía, que ha tenido su mayor expresión en la violencia social y política, sobre todo a lo largo de lo siglos XIX y XX, se convirtió, según Valle, en el dato socio histórico relevante de Honduras: “cada año había una matanza, dirigida por el caudillo que deseaba la presidencia, para gobernar el país como si fuera su propiedad exclusiva y gozarla con sus más adictos” (FM:22).

La conformación de una sociedad caracterizada por la violencia, la estratificación y el caudillismo tienen su explicación para este autor en la geografía y la territorialidad hondureña y en la forma en cómo los hondureños la han poblado.

Esta escasa convivencia, según Valle, es lo que explica una sociedad violenta, estratificada, de caudillos y muy débil frente a la injerencia externa o de lo que él denominó imperialismo: “La escasa convivencia de sus poblaciones ha sido uno de los motivos de las largas guerras civiles, fomentadas por localismos regionales, intransigencias, odios, codicias y por intereses extranjeros” (FM:20).

Su ocupación como humanista y su obra refleja las fuertes tareas permanentes aun por realizar:

  • Profesor de estado graduado en la Escuela Normal de Maestros de México.
  • Doctor en Ciencias Histórica de la Universidad Nacional Autónoma de México(UNAM).
  • Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras” UNAH.
  • Delegado de Honduras al Congreso Científico Panamericano de Lima.
  • Redactor del Diario Excélsior de México.
  • Recibió el Premio Cabott como periodista continental de América.
  • Fue correspondiente de la Academia Española de la Lengua

La visión y estudio de Valle que como dijimos la ubicamos en los rangos históricos de la segunda mitad del siglo XIX, y primera mitad del siglo XX. No obstante, es innegable el valor de sus razonamientos en nuestra época en pleno siglo XXI. Así en su libro Historia de las Ideas Contemporáneas en Centro América, anota un grupo de indagadores de la filosofía en nuestra región, desde una concepción de la diversidad intercultural, tal como lo presenta en el paisaje donde destaca el aspecto antropológico de la región, el talante físico de su gente, su espiritualidad, carácter e identidad; corresponde a este paisaje un aspecto histórico, lo que llama paisaje histórico, donde participa el tipo de sociedad a la que hemos sido sometidos, y el carácter cultural que destaca una inherente resistencia en la construcción de nuestra nación centroamericana, por un paisaje de convivencia, progreso y desarrollo de nuestros pueblos, es con esa lógica que enumera una lista de pensadores en su artículo Ideas Filosóficas (228 – 235 H. I.):

Contexto Histórico


Honduras

Es importante destacar que Honduras ha producido intelectuales de mucho valor humanista para la vida centroamericana como José Cecilio del Valle, nació en Choluteca, 22 de noviembre de 1780, y falleció en Guatemala, 2 de marzo de 1834. Fue filósofo, político, abogado y periodista. Realizó sus estudios en la Universidad de San Carlos de Guatemala, mostro interés por las ciencias, investigador incansablemente en los libros, los hechos y las cosas. Su espíritu investigador y su poderosa inteligencia lo llevaron a cristalizar enseñanza, pensamiento y ciencia. Escribió sobre matemáticas, filosofía, geografía, historia, botánica, mineralogía, religión y derecho.

Sostuvo fervientemente el derecho de los pueblos a obtener su libertad mediante los cambios socio-políticos. Pero estaba convencido, que estos debían llevarse a cabo siguiendo una lógica de desarrollo, como una especie de evolución social. Por esta razón, cuando Centroamérica se preparaba a declarar su independencia, Cecilio del Valle pensó que no era el momento justo para hacerlo, y la condicionó bajo el argumento, que primero debía oírse el voto de las provincias.

Una vez adoptada la Independencia, Cecilio del Valle se convirtió en un acérrimo defensor de la Independencia. Cuando surgieron las intenciones de anexar Centroamérica a México por parte de los simpatizantes del estilo monárquico de gobierno, que anexaron Centro América a México en la pretensión de Agustín de Iturbide, Cecilio del Valle se pronunció en contra. Al final, los anexionistas triunfaron y Valle se vio en la necesidad de luchar por la Independencia Centroamérica en México. El 12 de abril de 1823, presentó pruebas contundentes, ante el congreso, demostrando que la anexión no tenía bases jurídicas, legales o morales, por lo que solicitó al congreso mexicano su nulidad; posteriormente estuvo recluido, por disposiciones de Iturbide, por siete meses en el Convento de Santo Domingo en México, y finalmente Iturbide reconoció la capacidad intelectual de Valle nombrándole Ministro de Relaciones Exteriores.

Pero el fin del imperio estaba cerca. Las ideas republicanas habían tomado un gran impulso con la proclamación de la República en Veracruz por parte de Antonio López de Santa Anna el 6 de diciembre de 1822. En febrero de 1823, se firmó el Plan de Casa Mata, como resultado, los realistas que apoyaban las reformas borbónicas y republicanos unieron sus fuerzas para apoyar el derrocamiento de Iturbide.

“Valle, como diputado, no había querido la violencia, tampoco quiso la opresión como ministro de Iturbide” “Trabajó para que el imperio no terminara en una catástrofe… ni en una revolución sangrienta que malograse las conquistas de la independencia”. “El Emperador aunque con muchos partidarios…evitó la guerra civil; abdicó la corona el 29 de marzo y dejó el país”.

Análisis de la Obra


Una simbiosis entre romanticismo y modernismo: El rosal del ermitaño

La iniciación del joven Valle hacia la estética modernista comenzó a darse a lo largo de 1910, prueba de ello nos lo da la relación dialógica que entabló con los poetas caribeños pero también con diferentes poetas mexicanos como Severo Amador y Samuel Ruiz Cabañas148. Durante la segunda mitad del año de 1910 Valle y Ruiz Cabañas sostuvieron correspondencia mientras el primero se encontraba estudiando en la Normal de Maestros y el segundo estaba en el seminario de Querétaro. Samuel Ruiz Cabañas en una carta del 7 de diciembre de 1910 le comentó a Valle sobre diferentes obras suyas como su cuento “Historia de un minero que llegó a Conde” que había sido publicado recientemente en un periódico de la capital mexicana. En esta carta Ruiz Cabañas señaló el mérito, por una parte, que tenía el cuento de Valle, pero sobre todo hizo hincapié en la estética modernista bajo la cual fue escrito:

…he dicho que leí su cuento, y quiero añadir que lo leí con verdadero “amore”, con íntima delectación; Es un primor de labor!, parece un frágil “valencianne” de espumas! Verdaderamente, querido bardo, lamento no tenerle a mi lado para darle un abrazo! Bien, Valle!¡Siga Ud. por ese derrotero de nuestro arte moderno! ¡Cuidado con dejar nuestro florido vericueto, y tomar rumbo por las sobadas baldosas de la vía Apia! ¡Es un Ud. todo un poeta del Porvenir! De forma crítica Samuel Ruiz Cabañas no sólo se refirió al cuento de Valle sino también a otros de sus poemas como el de “Música de ataúd” y “Elegía blanca” encontrando en ellos versos que son: “la expresión más sincera de nuestro arte moderno que es esencialmente electivo, esencialmente ecléctico”.La referencia constante a la expresión modernista, dentro de la carta citada, por Ruiz Cabañas la convirtió en el eje de interpretación y comunicación entre ambos poetas. La expresión modernista, por lo tanto, representó un nuevo lenguaje para este círculo de intelectuales que comenzaban apenas a hacerse de un nombre en los dispositivos institucionales de la ciudad letrada.

Haría interminable esta misiva si me diera a contarle, punto por punto, todas las impresiones que he sacado de sus poesías. Básteme, pues, decirle que he “hallado” lo que hace tiempo buscaba: un poeta hermano que comulga con mis ideas de Estética

moderna, y que cuando yo no escriba versos…¡LOS ESCRIBA EL (¿Entiende Ud. el…logogrifo?) El joven Valle finalmente consolidó el cultivo de esta estética en un libro de cuentos, poemas en verso y poesías que publicó hacia el año de 1911 con el título de El rosal del ermitaño. En dicho libro el poeta reunió los trabajos que, durante los últimos años de su estancia en la ciudad de México, había escrito en torno a temas de carácter religioso tales como la conversión, la santidad, la piedad, el ritual, la ascesis y la mística. La mayor parte de la prosa de El rosal del ermitaño hace referencia al mundo de la colonia y, en especial, a la vida conventual y secular de los clérigos de la época tanto de México como de América Central; mientras que la poesía está

centrada a la evocación que hace Valle de su casa paterna remontándose al pasado de su infancia y juventud que avizora con gran dejo de nostalgia por lo que ya nunca más regresará.

Por tal motivo, no hay que perder de vista que tanto los temas coloniales y de infancia que aparecen recurrentemente en el texto “El rosal del ermitaño” de Valle insinúan un mundo que está lejos de pertenecer a una visión y estética moderna centrada ésta más que nada en la crítica a las estructuras sociales y religiosas anteriores así como en el consolidación de un sistema burgués de economía. Rafael Helidoro Valle, a pesar de que recurre a un leguaje modernista en su texto no deja de estar dentro de un sector tradicionalista que define notoriamente la representación poética y prosística de “El rosal del ermitaño” y que crea, como veremos más adelante, una tensión-dualidad entre la expresión moderna y la posición ideológica del joven hondureño.

El joven poeta recrea a lo largo del libro, sobre todo en la sección de cuentos de color de rosa, la vida de los frailes y religiosos como ejemplos de templanza, rectitud y serenidad tanto en su pensar como en el actuar. En el cuento “Una piedra preciosa” el narrador, valiéndose de la sorpresa y los sucesos mágicos, le habla a una niña sobre el fraile Pedro Betancourt, religioso de un convento de Guatemala, quien ante la solicitud de una mujer viuda que le pidió auxilio por su hijo enfermo salió a recoger una mariposa la cual envolvió y se la entregó en un paquete cerrado: Llévese este prendedor de pedrería. Es toda la riqueza del convento. Y algo le prestarán por él….La señora besó las manos del monje, emparejó la puerta de la celda, y se alejó hacia la casa de un platero. La fulgurancia de un diminuto insecto formado con finas piedras preciosas, le deslumbró los ojos; era una mariposa cuyo tórax estaba cincelado sobre grueso topacio; las alas –dos esmeraldas encendidas escondían bajo sus chispeos una coraza espolvoreada de manchas azules; cerca de las antenas, de plata refulgente, brillaban dos ardientes carbunclos –los minúsculos ojillos- y el prestigio del oro realzaba las cuatro pulidas hebras de las patas que se alargaban en la gracia del vuelo.

El relato está marcado por un acontecimiento milagroso, la transformación de una mariposa en un prendedor de pedrería, que es narrado a través de un vocabulario modernista en donde predominan las piedras preciosas como el topacio, la esmeralda, la plata y el oro. En varias ocasiones el poeta también se vale de este lenguaje para hablar sobre las virtudes de los frailes.

En el cuento “El hermano de los pájaros” relata la vida de fray Cristóbal de Mendoza, rector del Colegio de Tepotzotlán, quien se distinguió por su sencillez y fe ejemplar: “Sobre la piedra preciosa de un soneto pulido con diamantina lima, podría labrarse el relieve de su busto acial; y en un infolio de ensueño, dulce por olor de opopónax, no cabría todo el elogio de su alma, limpia como cristal de cúpula benvenutina y como oro de antiguo maravedí maravilloso.” La vida austera y ascética del fraile se exalta, como vemos, a través de las comparaciones preciosistas que de ésta hace el narrador con el cristal, el diamante y el oro. Si bien los valores que encarna el fraile son opuestos a la lógica de interés y del materialismo que representan dichos elementos, también el narrador, en este caso, los conjuga generando una imagen encomiada del personaje.

Recordemos que Rubén Darío desde Azul… planteó todo un nuevo vocabulario para describir la producción, el lujo y la suntuosidad propia de la modernidad que encabezaban las burguesías hispanoamericanas hacia fines del siglo XIX155. En su cuento “La canción del oro” describe con detalle los jardines, los palacios, los cuartos y muebles como muestra del ornamento de las nuevas aristocracias de la época: “…quizá un poeta, llegó bajo la sombra de los altos álamos a la gran calle de los palacios, donde hay desafíos de soberbia entre el ónix y el pórfido, el ágata y el mármol; en donde las altas columnas, los hermosos frisos, las cúpulas doradas, reciben la caricia pálida del sol moribundo […] Y allá en los grandes salones debía de estar el tapiz purpurado y lleno de oro, la blanca estatua…” Para Darío en este mundo regido por el poder del dinero, que se extiende y domina todas las relaciones sociales, no hay cabida para el poeta, aunque éste no tiene otra opción más que permanecer en él, ni para todo aquel espíritu que rechace el lucro, la acumulación, la ostentación, tal y como lo hizo Pablo el ermitaño al tomar como casa una cueva haciéndose amigo de los animales y poniendo en entredicho las relaciones sociales existentes:

Cantemos el oro, esclavo, despreciado por Jerónimo, arrojado por Antonio, vilipendiado por Macario, humillado por Hilarión, maldecido por Pablo el ermitaño, quien tenía por alcázar una cueva bronca, y por amigos las estrellas de la noche, los pájaros del alba y las fieras hirsutas y salvajes del yermo.

El joven poeta en El rosal del ermitaño efectuó un contra relato del discurso dominante de la modernidad, ya que partió de aquellos valores que ésta, precisamente, ignoró o excluyó por no corresponder con la lógica utilitaria tales como la pobreza, la sencillez, el desinterés. Valle identifica esos valores con el mundo conventual y eclesiástico, así como con sus personajes que encarna cada uno de ellos, los cuales durante gran parte del siglo XIX habían sido anatematizados debido al proceso de laicización que llevaron a cabo los gobiernos liberales. El joven normalista, por lo tanto, miró hacia ese pasado a través de los postulados y orientaciones de una comunidad intelectual158, con rasgos tradicionales y conservadores, que consideró a la colonia y a las demás instituciones españolas, dicho sea de paso, un referente indiscutible con miras a la construcción de una nueva civilización. La representación que creó Valle de los espacios conventuales y de sus personajes, así como de las ciudades coloniales, insisto, estuvo dada a partir de un lenguaje modernista el cual fue resignificado por el poeta hondureño a partir de los valores de un mundo o época ya ausente que sólo se conocía por medio de sus vestigios materiales y por la evocación imaginaria de los poetas e historiadores. Un ejemplo de ello lo encontramos en “El interior de un Topacio” donde el narrador utilizando un lenguaje simbolista cuenta la historia de una religiosa con el nombre de Sor Jazmín quien teje afanosamente un lienzo para el padre prior. Ella le consulta al padre sobre qué piedras debe incluir para que su lienzo quede perfectamente bordado y él responde lo siguiente: “Prefiero a la esmeralda! comenzó. De todas las gemas que habéis citado es la más exquisita. Ha chispeado en sarikiones y sandalias y sobre su gota verde cincelaron un sapo. Era el berilo la esmeralda salomónica. Ni la perla pálida, ni el crisoberilo flamante, ni la turquesa que es de jugo exprimido al cielo, superan a la esmeralda. Sólo el diamante!…”El narrador describe a Sor Jazmín como una monja simbolista que gusta de tejer y combinar piedras preciosas las cuales plasma en diversos artículos del ritual católico.

Rafael Helidoro Valle también dedica diversos poemas en prosa para hacer referencia a su pasado, sobre todo a los años de su infancia y temprana juventud cuando vivía en la casa paterna ubicada en la ciudad de Tegucigalpa. De los diversos recuerdos que evoca de esos años, entre los que están la catedral de Tegucigalpa, el sonido de las campanas, las misas, destaca el de su abuela de quien el poeta confiesa un especial afecto al haber crecido gran parte de su infancia bajo su tutela: “Lis de Amor que te volviste pálida, que te fuiste para siempre. ¿Te acuerdas de aquellas mañanas dominicales en que me levantabas alborozada, me vestías con la ropa nuevecita guardada en el baúl con raíz de violeta, y me santiguabas para llevarme a la misa de Monseñor?” El fuerte recuerdo de esta figura materna hace que el poeta dedique varios poemas a su memoria y a ese pasado familiar, muy cercano, en este sentido, al horizonte de Juan de Dios Peza, identificado con la seguridad, el consuelo, la protección que brinda el hogar; y del cual el joven poeta, para esos momentos, se encontraba lejos.

Valle dentro de este mismo espacio familiar rememora a José Trinidad Reyes, prócer de la independencia hondureña, con quien, por parte de su mamá, el poeta mantenía una relación de parentesco. Valle en “El padre Reyes” comienza su prosa en verso aludiendo a un retrato familiar en donde aparecía el busto del insigne humanista: “Aquí está el retrato de familia en que tu busto surge pidiendo el medallón, como aquel que Rosa dibujara con tinta azul en tu semblanza.” Con gran detenimiento el poeta describe los detalles del busto relacionándolos con las cualidades morales que poseía el religioso: “Sobre tu testa escultural, sonora de harmonía, declina el aliño de tu peinada cabellera; tu frente dice la virginidad de tu conciencia y el poder de tu diamantino talento; parece asomar en tu sien, sobre la robusta oreja, la mágica hoja resonante, de triunfal privilegio. ”El referente de Reyes indudablemente representó para Valle su propia legitimación y reivindicación como poeta en ciernes al asegurar un importante lazo parental con el humanista quien además de pertenecer a su familia también había sido un poeta como él: Y aunque tuviste cuerpo modelado para la casulla constelada de lila, y manos que ilustraron a la custodia cubierta de oro y pedrería, preferiste a la mitra episcopal el bonete del coadjutor, y el caramillo de siete cañas a la sortija de pálida gema. Y en vez de redactar epístolas te contentaste con improvisar rústicas églogas, olientes a savia y a lirio, dulces como la miel; porque tus hombros no resistían el peso de la Iglesia y en tu mansedumbre te bastó con ser apacentador de versos. El joven poeta encontró en el padre Reyes, de alguna manera, los valores evocados en los personajes conventuales y eclesiásticos expresados en la mística, el ascetismo y la sencillez. A partir de dichos valores Valle, como hemos señalado, estableció una visión del mundo que no se restringió a él sino que respondió a un horizonte intelectual compartido del cual he pretendido dar cuenta.

Identidad de Rafael Heliodoro Valle


HONDUREÑO, MEXICANO, AMERICANO. Valle es el Borges hondureño, esto por su “universalidad”, por ser habitante de toda América; nacido en Honduras y siendo muy joven establecido en México, Valle tuvo como hogar toda América, realizando labores humanitarias e intelectuales de gran importancia, esto lo caracteriza como el intelectual más completo de la nación hondureña.

Valoración


Considerado el más grande intelectual de Honduras, Rafael Heliodoro Valle tuvo una vida literaria completamente prolífica, su obra ha sido alabada por otros intelectuales y estudiosos de las Letras; Valle es de obligatoria lectura para cualquier hondureño o mexicano. Su labor como humanista es muy grande y finalmente, él fue hondureño, mexicano, AMERICANO.

Bibliografía


  • Chapa, M. (2010). Rafael Heliodoro Valle, humanista de América. Tegucigalpa: Instituto Hondureño de Antropología e Historia.
  • ACOSTA, Óscar. Rafael Heliodoro Valle: vida y obra, biografía, estudio crítico, bibliografía y antología de un intelectual hondureño (Tegucigalpa; Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 1964).
  • BARRIENTOS, Adolfo Enrique. Rafael Heliodoro Valle (Guatemala; Tipografía Nacional, 1963).
  • DORN, Georgette M. “Rafael Heliodoro Valle”, en Latin American Writers, vol. II, págs. 721-726 (New York: Charles Scribner’s Sons, 1989).
  • ROMERO DE VALLE, Emilia (Comp.). Recuerdo a Rafael Heliodoro Valle en los cincuenta años de su vida literaria (México, 1957).
  • (Comp.). Corona a la memoria de Rafael Heliodoro Valle (México; Libros de México, 1963).
  • VALLE, Rafael Heliodoro. Historia de las Ideas contemporáneas en Centro-América, Fondo de Cultura Económica México DF, 1960.
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