Argentina Díaz Lozano

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Biografía


Argentina Díaz Lozano vino al mundo en Santa Rosa de Copán, Honduras, el 5 de diciembre de 1912 y murió el 13 de agosto de 1999 en Tegucigalpa, capital de dicho país. Hija del Sr. Manuel Bueso Pineda, quien fuera diputado a la Asamblea Nacional de Honduras (Don ―Melo‖, nació también en Santa Rosa de Copán en 1893),  y de la Sra. Trinidad Mejía Perdomo, maestra de escuela primaria. Por ello el nombre de pila de Argentina Díaz Lozano es Argentina Bueso Mejía. En realidad la pareja nunca se casó y puede deducirse que doña Trinidad fue madre soltera en virtud que don Manuel contrajo matrimonio cuatro años más tarde con otra dama.

Sus estudios de educación primaria los realizó en el colegio María Auxiliadora de Tegucigalpa, Honduras; entre 1925 a 1928 5 recibió el equivalente al nivel de educación secundaria en el ―Holly Name Academy‖, en Tampa, Florida (Estados Unidos).

Casó por primera vez en 1929, a la edad de 17 años, con Porfirio Díaz Lozano, Perito Mercantil, con quien procreó cuatro hijos: Walter, Tatiana, Mimí y Rubenia (éstas dos últimas también se convertirían en escritoras, aunque no tan prolíficas como Argentina, en tanto que el varón se graduó de médico). Su novela Mayapán (1950) incluye el siguiente ofrecimiento: ―Dedico este libro al caballero Porfirio Díaz Lozano; mi mejor crítico.

A semejanza de lo que empezaba a ocurrir en Guatemala contra el gobierno despótico de Jorge Ubico Castañeda (1878-1946), 8 el 29 de mayo de 1944, junto con Emma viuda de Bonilla, Visitación Padilla y Carlota de Valladares, participa en Honduras en una manifestación pública, a la cual se unieron cientos de mujeres, para demostrar al régimen dictatorial del general Tiburcio Carías Andino que su presencia en el poder no era grata, además de pedir ―libertad para los presos políticos‖, leyenda escrita en una manta que portaban. 9 Dicha manifestación sería reseñada por la revista ―Time‖, señalando que Díaz Lozano iba a la cabeza de la mano de doña Emma, viuda del expresidente hondureño Policarpo Bonilla.

En forma autobiográfica Díaz Lozano aludirá a Tiburcio Carías en su novela Peregrinaje (1944), al relatar hechos ocurridos en la revolución de 1924 cuando éste participó como jefe de la facción conservadora, Partido Nacional:

―Desde entonces, el sombrío jefe de aquella revolución, me hizo sufrir. No me imaginaba que muchos años después sería causa de mis mayores amarguras y angustias.

Escapando de las persecuciones contra intelectuales opositores del régimen de Carías en Honduras, Argentina Díaz Lozano huye hacia El Salvador, junto con su esposo Porfirio Díaz Lozano –quien ya había estado prisionero dos veces durante dos años por su oposición al régimen–, su hijo Walter y sus dos primeras hijas, Mimí y Ruby; la tercera hija, Trinidad, nacería en Guatemala.

Sin embargo, la situación política en El Salvador también tomó un giro violento, debiendo escapar nuevamente hacia Guatemala cuando recién había ocurrido la Revolución. Lo extraño con Mimí es que según los reportes bibliográficos acerca de su propia obra literaria, la describen como nacida en 1928, un año antes del casamiento de su madre. Empero, no es de extrañar los errores de las editoriales al consignar años de nacimiento, caso que efectivamente se trate de un yerro.

Octubre de 1944 que dio por tierra con el oprobioso gobierno dictatorial de Jorge Ubico. Y en Guatemala es que la pareja decidió fincar su destino a partir de dicho año. Ya en Guatemala, concluye y publica su novela Peregrinaje (1944), acreedora de un premio internacional y traducida al inglés con el título Enriqueta and I.

Aproximadamente durante el período 1945-1955 laboró como bibliotecóloga y traductora de obras del inglés al español, en el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

El 10 de abril de 1947 Díaz Lozano fue una de las dos mujeres que firmaron el Acta de Fundación de la Asociación de Periodistas de Guatemala –APG–.

El 28 de febrero de 1950, en ocasión de haberse inaugurado cinco días antes las instalaciones de la Ciudad Olímpica de Guatemala, construidas por el gobierno de Juan José Arévalo Bermejo para dar cabida a las delegaciones que participarían en los VI Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, en la página 3 del diario El Imparcial la escritora publica el poema alegórico ―Ciudad Olímpica‖. Los juegos se realizaron durante el período comprendido del 25 de febrero al 12 de marzo de dicho año.

En ese mismo año publica Mayapán (1950), novela con escenario histórico, que narra el mestizaje entre un soldado español con una india de Mayapán, ubicada en Yucatán, México, en los albores de la conquista española de Mesoamérica.

Pero el éxito literario y profesional no siempre representa la paz en el seno familiar, a pesar que la pareja procrea a su cuarta y última hija, Tatiana. Aproximadamente en 1951 Díaz Lozano se divorcia de su esposo Porfirio de iguales apellidos. Recuérdese que la pareja llega a Guatemala a finales de 1944, pero como indica Amílcar Echeverría con mucha imaginación, posiblemente las vicisitudes políticas que ambos sufrieron dieron lugar a que don Porfirio sufriera fuerte mella en sus sensibles sentimientos por alejarse del terruño hondureño:

―Quizás con tanto vaivén e inseguridad, sufrieron ellos desajustes emocionales, dificultades de adaptación… quién sabe, pero después de unos siete años de permanencia en Guatemala, se divorciaron.

Se estima que entre 1952 y 1954 Argentina Díaz Lozano se casó con el diplomático guatemalteco Darío Morales García, a quien acompañó durante el período 1956-1960 cuando éste se desempeñó como Cónsul de Guatemala en Amberes, Bélgica.

En el caso del Anuario diplomático-consular 1962-63 (1962) escrito por la pareja, interesante resulta observar que ella firma como Argentina de Morales García, anotando entre paréntesis ―(Argentina Díaz Lozano)‖, en un claro intento de evitar confundir a los lectores quienes ya estaban acostumbrados a su nombre como escritora, y podrían no enterarse que se trataba de la misma persona en caso hubiese refrendado el Anuario únicamente como Argentina de Morales García, donde a la vez se aprecia el respeto que siente por su segundo esposo, de quien toma los dos apellidos y no únicamente el primero como se estila en Guatemala y muchos países, al igual que lo hizo con los del primer esposo, Porfirio Díaz Lozano, pues de él son ambos. ¡Cosas de escritores! De su producción literaria, es el único libro donde aparece firmando con el apellido de casada con Darío.

El cálculo respecto al posible período en que Argentina Díaz Lozano se unió en matrimonio con Darío Morales García, entre 1950 y 1954, cobra visos de confirmarse por la referencia que proporciona la propia autora en su libro de viajes Sandalias sobre Europa (1964), al explicar que salió de Guatemala en un día de mayo de 1956, junto con su esposo Darío y su pequeña hija Tatiana Trinidad, de escasos nueve años de edad, 14 cuyo segundo nombre es el de su abuela Trinidad Mejía, madre de Argentina. Esto es, Tatiana nació en 1947 y siendo hija de Porfirio Díaz Lozano es indicativo que para dicho año el primer matrimonio todavía convivía. Por esta razón es que el autor de estas líneas se atreve a afirmar que la novela 49 días en la vida de una mujer (1956) es autobiográfica, en virtud que trata acerca de una mujer en el otoño de su vida, que decide rehacerla pero por temor a qué dirán los suyos, decide esperar para contar ―su verdad‖, lo cual hará después que terminen los sucesos que dieron al traste con el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán en junio de 1954.

Después de la caída del régimen de Jacobo Arbenz Guzmán en 1954, financiada por el Departamento de Estado norteamericano, llega al poder Carlos Castillo Armas quien fue

―seleccionado por dicho Departamento conjuntamente con la CIA, pues el originalmente propuesto se encontraba padeciendo una enfermedad terminal. Escenas de las últimas semanas de dicho régimen son narradas por Díaz Lozano en su novela 49 días en la vida de una mujer (1956), la que fiel al estilo de las novelas rosa de aquel entonces, describe más que el amor otoñal de una pareja, cómo ésta logra encontrarse entre el fragor de la lucha de un gobierno pequeño acusado de comunista, contra el coloso del norte representado por sus ―rebeldes al mando de Castillo Armas.

 En mayo de 1956, Díaz Lozano parte a la ciudad de Amberes, Bélgica, no sólo para acompañar a su esposo Darío quien ocupará el cargo de Cónsul en dicha ciudad, sino para ampliar conocimientos.

Y como eso de abrir, mantener o cerrar una representación diplomática es producto de decisiones políticas del más alto nivel de gobierno, debe recordarse que para el antecesor de Castillo Armas, el coronel de la primavera y soldado del pueblo Jacobo Arbenz Guzmán, el ubicar una embajada o consulado en Bélgica no era algo que le quitara el sueño. Y quizá porque su padre nació en Suiza, en carta que el 23 de febrero de 1951 le dirigiera al embajador guatemalteco en Francia, Enrique Muñoz Meany, a escasas tres semanas antes de tomar posesión como presidente constitucional, le comenta:

―Estamos considerando la posibilidad de establecer desde el próximo período fiscal una representación diplomática ante el gobierno de ese País [Suiza] y suprimir alguna otra que, como por ejemplo la de Bélgica, aporta tan pocos beneficios prácticos a Guatemala. Pero al mismo tiempo, quisiéramos sondear la posibilidad de que el gobierno Suizo por su parte pudiera establecer en Guatemala un agregado comercial bien informado. Nuestro representante y el de ellos serían los principales enlaces para tratar muchas cuestiones comerciales que estamos contemplando para el futuro.

Residiendo en Amberes, Díaz Lozano y su esposo fueron miembros de la Asociación Belgo-Ibero-Americana, en la que él fue declarado Consejero permanente. Ambos impartieron pláticas y conferencias en dicha Asociación, generalmente sobre tópicos literarios y de la historia centroamericana. Al respecto, ella rememora que estando próximos a salir de la ciudad, pues Darío concluía su misión consular en septiembre de 1960:

―Mi última plática en Amberes, un mes antes de dejarla, fue sobre literatura Centroamericana, tan desconocida en Europa. Terminé esa plática con un poema mío dedicado a la ciudad de Amberes. Se quedó tan conmovido mi auditorio que vi lágrimas en muchos ojos, y el poema fue reproducido en diarios Flamencos y franceses en los que yo colaboraba. Ocupó también un lugar en página de honor en el programa del gran evento cultural para las asociaciones Hispánicas de Bélgica y Holanda, llamado Congreso de Asociaciones Hispánicas; ese año de 1960 celebrado en Amberes.

En agosto de 1960 regresa a Guatemala, al concluir la misión diplomática de su esposo en Amberes, o «Antwerpen» en flamenco.

Acostumbrada ya al ambiente diplomático, en coautoría con su esposo Darío escriben el Anuario diplomático-consular 1962-63, publicado en Guatemala por Unión Tipográfica en 1962. A diferencia de sus anteriores y posteriores novelas, las Palabras Preliminares están suscritas por Argentina de Morales García (aunque entre paréntesis anota Argentina Díaz Lozano) y Darío Morales García, en calidad de Editores.

El año 1964 parece que fue pletórico de actividades para Díaz Lozano. Se desempeña como Agregada Cultural de la Embajada de la República de Honduras en Guatemala, razón por la cual ya pertenece al Cuerpo Diplomático acreditado en Guatemala. En dicho año publica en Guatemala su libro de crónicas Sandalias sobre Europa (1964), y en Bruselas, Bélgica, su novela Mansión en la bruma, la cual principiara a redactar en el mes de diciembre de 1963 en Guatemala, y concluye en junio de 1964 en Bruselas.

Otra publicación efectuada en dicho año es Historia de Centroamérica (1964). Especial para estudiantes de enseñanza media (secundaria). Impresa en Guatemala por ―Cultural Centroamericana, S.A.

Continuó sus actividades literarias, logrando publicar Fuego en la ciudad (1966), otra novela de escenario histórico, ambientada en la Nicaragua de 1856 cuando William Walker toma la ciudad de Granada y la quema previo a salir huyendo de la misma al ser vencido por el ejército aliado centroamericano.

En 1968 se le concedió en Honduras el Premio Nacional de Literatura ―Ramón Rosa‖, país en donde también fue miembro de la Academia Hondureña de la Lengua.

En 1967 inicia su relación de amistad con el Vicepresidente de la República de Guatemala, Clemente Marroquín Rojas, personaje a quien conocía por la lectura de las columnas, editoriales y artículos que éste publicaba casi diariamente en su periódico ―La Hora. No obstante que varias de las opiniones de éste le disgustaban, no por ello dejaba de leer el periódico del mismo, que constituía un referente en cualquier discusión de salón. Sin embargo, al tratarlo y grabar las entrevistas que le hiciera durante más de seis meses entre 1967 y principios de 1968, su pensamiento cambia y logra entender un poco más al hombre, y no solamente al político y periodista satírico y polémico. A resultas de tal relación, entrevistas semanales y conversaciones privadas con el político o más bien con el hombre, en agosto de 1968 publica en México, Aquí viene un hombre : biografía de Clemente Marroquín Rojas ; político, periodista y escritor de Guatemala (1968).

Sin embargo, tal parece que Díaz Lozano hubiese vivido en un país de cangrejos, donde quienes no logran triunfar o ya lo han hecho no les parece que otros alcancen un nuevo peldaño en su carrera. No se sabe el motivo y ella nunca quiso divulgarlo pero su columna semanal ―Jueves Literarios que publicaba en el periódico ―Prensa Libre‖ deja de ser leída en éste y aproximadamente en abril de 1968 se traslada al diario ―La Hora‖. Pudo parecer, al común de los lectores, que sencillamente la autora se cambió de medio de comunicación impresa para continuar divulgando sus comentarios acerca de ―Los autores y sus obras‖ en dicha columna.

Aproximadamente en 1970, funda la Revista Istmeña; en ésta y utilizando el seudónimo Suki Yoto, publica por entregas en 1971 la versión original de la novela Su hora, misma que al ser editada en forma de libro le fue cambiado el nombre por el de Caoba y orquídeas (1986), siendo éste con el que se designa en todas las referencias a la producción literaria de la autora, incluido el presente Ensayo.

Llega el año 1973 y Díaz Lozano no cesa en su actividad literaria, publicando Aquel año rojo (1973), novela con mini escenario histórico en Honduras de 1927, país al que no designa por su nombre pero por las referencias que brinda no puede tratarse de otro.

El 20 de junio de 1973 fue propuesta como candidata para el Premio Nobel de Literatura por un grupo de 36 escritores guatemaltecos y más de 100 hondureños y de otros países. Entre los ponentes estaba el expresidente de Guatemala Juan José Arévalo, quien escribió a los miembros de la Academia Sueca apoyándola. Al año siguiente la Academia Sueca aceptó la candidatura, según reportó el diario madrileño ABC en su edición matutina del 4 septiembre de 1974 –página 39–. En noviembre de 1974 la Academia anunció que el premio fue concedido a los escritores suecos Eyvind Johnson y Harry Martinson.

Durante 1974 y 1975 mantiene vigente su columna ―Jueves Literarios‖ en el diario ―La Hora, así como sus relaciones con personas del ambiente intelectual de su país de origen, Honduras. Al mismo tiempo, se preocupa por dar a conocer diversos problemas sociales del área centroamericana.

Llega el año de 1976 y en la madrugada del 4 de febrero ocurre el terremoto que asoló Guatemala, con cauda de más de 23,000 muertos, medio millón de damnificados, más de cien mil viviendas destruidas, amén de la infraestructura social básica. Como escritora opina sobre la situación en su columna semanal y prosigue su labor en el campo de la ficción, publicando Eran las doce… y de noche (1976), otra novela rosa pero de un significado especial: sin dar al lector nombres ni referencias geográficas, es fácil advertir que se ―inspira‖ en el asesinato de Carlos Castillo Armas en 1957, cuando describe la forma en que matan al personaje principal de la novela, precisamente el presidente de un país centroamericano. De hecho, la autora era admiradora de éste, toda vez que su segundo esposo Darío sirvió a sus órdenes como su representante en Amberes, Bélgica, entre 1956 y 1957, habiendo continuado en el cargo hasta 1960.

En ese mismo año investiga y publica Walt Whitman /Primer poeta auténticamente americano (1976). Es una breve biografía acerca del poeta, editada en Guatemala por el Servicio Informativo y Cultural de los Estados Unidos, dependencia norteamericana que la contrató para el efecto. Amílcar Echeverría señala que fue publicada por el Instituto Guatemalteco Americano –IGA–, 18 pero en la versión impresa que se tuvo a la vista no aparece dicha referencia.

De ella fue la iniciativa para erigir la Plaza República de Honduras, propuesta a la Junta Directiva de la Asociación de Damas Hondureñas el 25 de marzo de 1980. La Municipalidad de Guatemala acogió dicha idea y el 10 de julio de tal año inauguró la Plaza que incluye un monumento con motivo del bicentenario de nacimiento del Prócer de la Independencia, José Cecilio del Valle.

 Creó su propia columna de opinión cultural, denominada ―Jueves Literario. Los autores y sus obras‖, que mantuvo vigente durante más de 25 años; la publicaba generalmente en tal día, originalmente en el periódico guatemalteco Prensa Libre y posteriormente –a partir de 1968– en el diario La Hora. Así también, en El Imparcial y en Diario de Centroamérica escribía las columnas ―Para ellas y ―Con vosotros‖; en éste último periódico también publicó cuentos y poemas para el ―Suplemento de arte y literatura‖. La columna ―Para ellas‖ la publicó a partir del 27 de noviembre de 1945 en El Imparcial, la cual aparecía en las páginas sociales de dicho diario vespertino.

 Además de su peculiar estilo para exponer sus puntos de vista por medio de sus columnas periodísticas, continuó desarrollando diversas actividades en el campo de las letras, habiendo publicado Ciudad Errante (1983), novela ambientada en Guatemala y que narra las tres traslaciones que tuvo la capital del país durante un período de más de dos siglos, en el que siempre está presente el mismo personaje, el llamado por ella hombre sin edad.

Y si de heroínas se trata, años después Díaz Lozano publicará Ha llegado una mujer (1991), especie de ―doña Bárbara‖, aunque sin las dotes y fuerte carácter de ésta, en la novela de Rómulo Gallegos.

Según los investigadores Francisco Albizúrez Palma y Catalina Barrios y Barrios, dejó inéditas tres novelas: Allá en Sololá, Río turbulento, y El Dolor de Ser Hombre. 20

Para Amílcar Echeverría ella fue:

―¡Toda una mujer!, pedante, absorbente, megalómana, audaz hasta el límite, para muchos, especialmente para muchas… Es el prototipo claro de quien sabe, y aprendió su dura lección desde niña: todo se puede permitir, menos fracasar. Por eso no quiere, no permite, que fracase su país, su Centro América, su Hispanoamérica, su Mundo. Tampoco podría aceptar, entonces, que fracase la MUJER.

Si las características personales que expone Echeverría realmente la describen, cobra sentido lo que en forma autobiográfica dijo ella de sí misma en el cuento ―Sister Caroline, a través del cual presenta a una jovencita de 15 años, de quien no brinda el nombre, en un convento ubicado en Florida, en donde la monja Sister Caroline le recomendaba que dominara su carácter, pues era muy impulsiva.

El 13 de agosto de 1999 fallece la escritora a los 87 años de edad, radicada nuevamente en Tegucigalpa, Honduras, aunque según Myron Alberto Ávila residía en Bélgica al momento de ocurrir el desenlace fatal, 23 lo cual obviamente es un error de ubicación. Quién sabe si para ella doblaron las campanas de Amberes, Bélgica, como lo deseó y solicitó en 1964:

―¡Campanas amberenses! ¡Dulcísimas y evocadoras campanas! Yo no podré olvidaros nunca y os ruego que repiquéis en la hora de mi final corpóreo, para que escuchándoos mi espíritu remonte al cielo!

Prácticamente –quizá por intuición femenina– regresó a la capital de su país, Tegucigalpa (Honduras) en febrero de 1999, solamente para entregar su alma al creador. Tenía apenas seis meses de estar ahí, quizá con la idea de reposar en forma definitiva en el lugar donde había nacido el 5 de diciembre de 1912, en su natal Santa Rosa de Copán, cuando le sobrevino la muerte en agosto.

En Guatemala la noticia de su muerte pasó casi desapercibida, algo extraño para quien había dado mucho a su patria de adopción desde 1944 cuando salió exiliada de Honduras, huyendo con su familia y primer esposo de la represión del dictador Tiburcio Carías Andino.

Dos días después del fallecimiento, su familia publicó la respectiva esquela. Así también, el periódico ―La Hora publicó su propio pésame.

Razones para que los medios de comunicación no le dedicaran un espacio especial para reseñar su vida y obra podrían haber varias. Quizá el ninguneo clásico en los círculos

―académicos, así como el también ―normal olvido oficial por mujeres y hombres de bien, fueron los causantes del silencio. Podría pensarse que como en tal mes la situación política en Guatemala estaba candente, contribuyó a que la muerte de Díaz Lozano no fuera noticia de prensa.

En efecto, con una campaña presidencial que tristemente daba lugar a que los candidatos en lugar de proponer soluciones y exponer planes de gobierno, salieran a la palestra cual púgiles a darse de golpes, bajos sobre todo, los titulares y notas periodísticas de agosto de 1999 le dieran prioridad a otros temas.

I.                   PRODUCCIÓN LITERARIA


Según la tesis de graduación en 2008 del guatemalteco Mayron Ávila, editada en forma de libro en octubre de 2010, entre las mujeres escritoras, Argentina Díaz Lozano fue la más prolífica en lo que a producción literaria se refiere, toda vez que:

―En Guatemala –país donde Díaz Lozano publicó la mayor parte de su obra– mi investigación resultó en un total de treinta y cinco títulos de novelas publicados por mujeres entre 1938 (Semilla de mostaza, de Elisa Hall) y 1999 (En la floresta no había flores, de María del Carmen Escobar); de manera que las novelas de Díaz Lozano constituyen una tercera parte de este total nacional en el siglo XX.

Publicó dos libros de cuentos (1930 y 1940); trece novelas (la primera en 1937 y la última en 1991), dejando tres inéditas; ocho libros que contienen ensayos, biografía e historia; y, un no computado número de artículos en periódicos guatemaltecos en su columna ―Jueves literarios‖, la cual mantuvo durante más de 25 años.

La producción literaria de Argentina Díaz Lozano puede agruparse como sigue:

Cuentos


  • Perlas de mi Rosario (1930); y,
  • Topacios (1940).

 Novelas


  • Luz en la senda (1937);
  • Tiempo que vivir (1940)
  • Peregrinaje (1944);
  • Mayapán (1950);
  • 49 días en la vida de una mujer (1956);
  • Y tenemos que vivir… (1960);
  • Mansión en la bruma (1964);
  • Fuego en la ciudad (1966);
  • Aquel año rojo (1973);
  • Eran las doce… y de noche (1976);
  • Ciudad Errante (1983);
  • Caoba y orquídeas (1986);
  • Ha llegado una mujer (1991);
  • Allá en Sololá, inédita;
  • Río turbulento, inédita; y,
  • El Dolor de Ser Hombre, inédita.

 Ensayos y otros


  • Método de mecanografía al tacto (1939). Cuaderno didáctico: edición única. Guatemala : Editorial Talleres del 31
  • Historia de la moneda en Guatemala, en colaboración con el licenciado Daniel Contreras, habiéndole correspondido la parte colonial (1955).
  • Anuario diplomático-consular 1962-63. Guatemala : Unión Tipográfica,

Las Palabras Preliminares están suscritas por Argentina de Morales García (Argentina Díaz Lozano) y Darío Morales García, en calidad de Editores.

  • Sandalias sobre Europa (1964), libro de crónicas.
  • Historia de Centroamérica (1964). Especial para estudiantes de enseñanza media (secundaria). Guatemala : Editada por ―Cultural Centroamericana, A.‖.
  • Aquí viene un hombre : biografía de Clemente Marroquín Rojas ; político, periodista y escritor de Guatemala (1968).
  • Walt Whitman       /Primer          poeta       auténticamente             americano       (1976); Guatemala : Servicio Informativo y Cultural de los Estados
  • Vista aérea sobre Compendio geográfico e histórico. Símbolos. (1980- 1984, ilustrado), 17 pp.: edición única. Sin datos de lugar o fecha de publicación. 32

 Artículos de prensa


  • Véase los periódicos guatemaltecos: Diario de Centroamérica, El Imparcial

(columnas ―Para ellas y ―Con vosotros), Prensa Libre y La Hora (columna

―Jueves literarios).

II.                RESEÑA DE ALGUNAS NOVELAS POLÍTICAS


Aunque en algunos catálogos de librería las novelas publicadas por la escritora hondureña Argentina Díaz Lozano (1912-1999) son clasificadas como de color rosa, siguiendo el refrán popular puede afirmarse que no todo es color de rosa en su producción literaria y que tras el título sugerente de amores y desilusiones de que tratan algunas, el lector avezado encontrará que la autora esconde toda una historia real envuelta en el ropaje del misticismo, romanticismo y de un color desleído para no pasar por historiadora, y eso que tiene en su haber un libro de historia de Centroamérica para estudiantes de nivel medio de la educación, publicado en 1964.

Un interesante análisis de varias obras de la novelista lo ofrece el guatemalteco Ávila, Myron Alberto; De aparente color rosa. Discurso sentimental en las novelas de Argentina Díaz Lozano. Tegucigalpa, Honduras : Editorial Guaymuras, 2010, atreviéndose quien esto escribe a publicar un comentario en su oportunidad acerca de tan magnífica obra.

Ejemplos de novelas rosa de Argentina Díaz Lozano que no necesariamente tienen relación con dicho color más que en su título, son las siguientes:

  • 49 días en la vida de una mujer (1956)
  • Y tenemos que vivir… (1960)
  • Aquel año rojo (1973)
  • Eran las doce… y de Un amor y una época (1976)

Las cuatro han sido seleccionadas porque tienen un denominador común: tratan de un asunto político que se desarrolla en Guatemala o bien en Honduras (caso de Aquel año rojo). Otra característica es que no indican el nombre del país en cuestión sino que la autora inventa uno (San Julián por ejemplo, para referirse a Honduras donde funciona La Compañía frutera –la Cuyamel, nombre que la autora cambia por Cutamel–,) o bien señalan genéricamente un país centroamericano. Pero las señales son evidentes.

No pueden incluirse en la selección anterior novelas como Mayapán (1950) o Fuego en la ciudad (1966), porque aunque ambas tienen un escenario histórico (Yucatán en 1511 y Nicaragua en 1856), el contenido no trata directamente problemas políticos sino del primer mestizaje en Yucatán y de la invasión filibustera en Nicaragua.

Ciudad Errante (1983) tampoco cabe en esta selección de novelas políticas de Díaz Lozano, toda vez que esta se refiere a las tres traslaciones que tuvo la ciudad de Guatemala entre 1524 y 1776, con un personaje que en cada época es el mismo, cual si fuera el judío errante. Igual cabe decir de la novela Caoba y orquídeas (1986) en la cual la autora desarrolla la trama en la ficticia ciudad de ―Bananika‖, creada en clara referencia a la población de Bananera en dicho departamento de Guatemala, donde un contratista maderero hace negocios con La Compañía, toda vez que aparte de dicha relación todo el contexto romántico se reduce al caso de la infidelidad de dicho contratista para con su esposa.

Ergo, en páginas que siguen se efectúa un modesto análisis de las cuatro novelas aquí denominadas políticas, y por tanto lo de color rosa es solo una traza que por su título podría confundir al lector que solo se ―orienta‖ por el mismo sin ver el contenido.

Contexto Histórico


Guatemala Siglo XX

Evolución demográfica


La población guatemalteca se incrementó a los largo del siglo XX. En 1900 se estimaba en 1 800 0000 habitantes. En 1994, según el censo de ese año, el total de habitantes era de 8 331 874. A finales del siglo se estimaba que superaba los 11 millones. El crecimiento acelerado de la población comenzó en la década de 1920, como consecuencia del descenso de la mortalidad, y la estabilidad en los índices de natalidad (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

La mayor parte de la población guatemalteca reside en áreas rurales, sin que hayan variado mucho los porcentajes respectivos. Según los censos de población levantados en el siglo, en 1921 la población rural comprendía 74 por ciento y en 1994, equivalía al 65%. Además, la población total está desigualmente distribuida, puesto que es más densa en el Altiplano que en las otras regiones. Según el censo de 1994, la densidad promedio era de 76.5 habitantes por kilómetro cuadrado, en tanto que en el departamento de Guatemala era de 823 (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

En los estudios hechos en el siglo XX es usual distinguir dos grandes sectores de la población: los indígenas y los no indígenas. A estos últimos se les identifica como ladinos. No siempre es fácil distinguir con precisión a unos y a otros, pues ya un gran sector de la población que, por sus características físicas, puede ser tomado por indígena o por ladino, por lo que es más común diferenciarlos por sus rasgos culturales. Esto es explicable porque los ladinos son mayoritariamente mestizos. En el censo de 1950, la población indígena era de 1 491 725, lo que equivalía al 54 por ciento del total. En 1994, el censo registró una población indígena de 3 476 684 personas, lo que era equivalente al 42.8 por ciento del total (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Actividad económica


La agricultura permaneció como la actividad económica más importante, y el café como el principal cultivo de exportación. Otros productos enviados a los mercados externos eran el banano, la caña de azúcar y el algodón. Éste perdió su importancia como tal, en los últimos años. Cultivos relevantes eran el chicle, el cardamomo y el hule. Desde la década de 1970 comenzaron a exportarse los productos llamados no tradicionales, que cada vez adquieren mayor prominencia. Entre ellos destacaban hortalizas, flores, frutos y legumbres. Para el consumo interno se sigue cultivando maíz, frijol, trigo, arroz, hortalizas, legumbres y frutas (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Entre otros centros importantes de la actividad industrial figuran la fábrica de textiles Cantel, la Cervecería Centroamericana de Castillo Hermanos y Cementos Progreso -antes Cementos Novella- que son de las industrias más antiguas, pues se fundaron a fines del siglo XIX. Se establecieron, también, durante la primera mitad del siglo, la fábrica textil Montblanc, la Tabacalera Nacional, la British American Tobacco Company, la Industria Licorera Guatemalteca, y otras fábricas de jabones, ropa, fósforos y bebidas gaseosas (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Después de 1960, con la creación del Mercado Común Centroamericano, surgieron otras fábricas importantes, como la Gran Industria de Neumáticos -GINSA- fábricas de envases de vidrio y de plástico, etcétera, y se inició la explotación petrolera. En la última década apareció también la actividad de la maquila (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Evolución de las artes plásticas


Desde el comienzo del siglo XX hasta 1944, el desarrollo de las diferentes manifestaciones culturales -literatura, música, historia, artes plásticas, educación y las ciencias en general- fue obstruido por las dictaduras, especialmente durante las administraciones de Manuel Estrada Cabrera y de Jorge Ubico. No siempre hubo libertad de prensa, ni era fácil publicar nada que criticara o atacara a los gobiernos, pero, aun así, se produjeron valiosas obras de arte. Precisamente, algunos de los más distinguidos cultores de arte en el siglo XX, nacieron y se formaron en aquellas circunstancias, y crearon obras de relevancia. Además, quienes sobrevivieron a aquellos regímenes dictatoriales, siguieron su trabajo creativo después de 1944 (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Las ideas y doctrinas se desplazan a través de las fronteras, aunque los dictadores traten de evitarlo. Los movimientos sindicalistas, anarquista y comunista, por ejemplo, se conocieron en Guatemala desde las primeras décadas del siglo XX, asimismo, en los años del decenio políticos, hombres de letras y de ciencia, de otras nacionalidades, visitaron el país y hubo guatemaltecos que retornaron después de haber hecho estudios en el exterior. Tampoco se pudo evitar que circularan libremente libros y revistas extranjeros. Por eso, aunque a veces se note algún retraso en las expresiones culturales nacionales con respecto a las extranjeras, aquellas no faltaron del todo durante las dictaduras. Eso explica el renacimiento cultural que se produjo después de 1944, pues no todas las ideas políticas, sociales, filosóficas y artísticas llegaron después de la caída de Ubico (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

A fines del siglo XIX vino a Guatemala el venezolano Santiago González y a principios del XX, Jaime Sabartés, quien era amigo de Pablo Picasso. González fue contratado para diseñar el tímpano del Templo de Minerva, y abrió una escuela taller a la que asistieron Agustín Iriarte, Carlos Valenti, Carlos Mérida, Rafael Yela Gunther y Rafael Rodríguez Padilla, jóvenes artistas guatemaltecos que viajaron luego al extranjero a especializarse. También merecen ser citados: el arquitecto Rafael Pérez de León, Humberto Garavito, Rodolfo Galeotti Torres, Antonia Matos y Carmen I. Petersen, quienes igualmente siguieron estudios de arte en el extranjero, para después volver a Guatemala. Otros artistas que comenzaron a trabajar entonces y siguieron activos después de 1944,, fueron Óscar González Goyri, Antonio Tejeda Fonseca, Ovidio Rodas Corzo, Jaime Arimany, Alfredo Gálvez Suárez, Julio Urruela, Valentín Abascal, Enrique de León Cabrera y Andrés Curruchiche (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

En 1940 surgió un movimiento entre los estudiantes de artes plásticas, enderezado a actualizar los estudios de la Academia de Bellas Artes, la que contaba entonces con profesores valiosos como Humberto Garavito y Rafael Yela Günther. Entre dichos estudiantes estaban Guillermo Grajeda Mena, Dagoberto Vásquez y Juan Antonio Franco. En 1944 se formó la Asociación de Profesores y Estudiantes de Bellas Artes -APEBA- y después de la Revolución de Octubre de 1944, la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios -AGEAR-. La Academia de Bellas Artes se transformó en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, y algunos artistas obtuvieron becas para continuar sus estudios de arte en el extranjero: Guillermo Grajeda Mena y Dagoberto Vásquez fueron a Chile, Roberto González Goyri y Roberto Ossaye, a Nueva York Juan Antonio Franco a México, Arturo Martínez, a Francia e Italia. Cuando volvieron, todos se reintegraron al movimiento artístico del país. La actividad política de aquellos años ganó la participación de varios artistas y, por ello, después de la caída de Árbenz, en 1954, tuvieron que salir del exilio. El nuevo Gobierno cerró temporalmente la Escuela de Artes Plásticas (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Uno de los acontecimientos más relevantes, posteriores a 1954, fue el inicio de la construcción del Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala, pues en la realización de los nuevos edificios, que se concibieron en conjunto, se buscó la integración de la arquitectura con la escultura y la pintura. El edificio de la Municipalidad se decoró con relieves de Guillermo Grajeda Mena y de Dagoberto Vásquez, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social -IGSS-, con un relieve de Oscar González Goyri, el Crédito Hipotecario Nacional de Guatemala, con obras de González Goyri y de Efraín Recinos. También colaboró Carlos Mérida en la Municipalidad, en el IGSS y en el Banco de Guatemala (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Después de 1960, con el inicio de la Guerra Interna, la producción artística resultó influída por la difícil situación social y política, pero siguió activa y en busca de nuevos medios de expresión. Élmar Rojas, Roberto Cabrera, Manolo Gallardo, Marco Antonio Quiroa, Luis Díaz, Daniel Schaeffer, Moisés Barrios, Rolando Ixquiac Xicará, Arnoldo Ramírez Amaya, Erwin Guillermo e Isabel Ruiz, son sólo unos de los muchos nombres de artistas que surgieron entonces (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Literatura


Esta actividad es la que más representantes ha tenido en nuestro mundo cultural, ya que siempre hubo poetas, novelistas, cuentistas, dramaturgos y ensayistas, aunque algunas de las obras escritas en la época de los dictadores sólo se publicaron años después (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Al inicio del siglo XX el movimiento literario conocido como modernismo, tuvo dignos representantes entre los escritores guatemaltecos. El más destacado de ellos fue Rafael Arévalo Martínez. Otros notables literatos que descollaron en el decurso del siglo fueron Máximo Soto Hall, Enrique Gómez Carrillo, Félix Calderón Ávila, Alberto Velásquez, Luis Cardoza y Aragón, Angelina Acuña, Francisco Méndez, César Brañas y otros que, como los citados, nacieron a finales del siglo XIX y a principios del XX (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

 En las ramas de cuento, novela y aun de poesía, hubo escritores que siguieron la corriente criollista. Algunos de ellos también escribieron novela indigenista, por ejemplo, Flavio Herrera, Carlos Wyld Ospina, Mario Monteforte Toledo, Miguel Ángel Asturias, Carlos Samayoa Chinchilla y otros más. Miguel Ángel Asturias es el escritor guatemalteco más conocido, pues fue galardonado, en 1967, con el Premio Nobel de Literatura (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

La Revolución de octubre y los gobiernos que surgieron de ella marcaron un cambio no sólo en lo político sino en todos los campos de la actividad cultural. Otros escritores se que dieron a conocer entonces fueron Ricardo Estrada, Augusto Monterroso, Virgilio Rodríguez Macal, Huberto Alvarado Arellano, Otto Raúl González, Enrique Juárez Toledo, Raúl Leiva, etcétera. En años más recientes han surgido muchos escritores, algunos de los cuales siguen en plena actividad productiva: Marco Antonio Flores, Mario Roberto Morales, Marco Augusto Quiroa, Mario Alberto Carrera, Luz Méndez de la Vega, Margarita Carrera, Ana María Rodas, Rafael Sosa y otros (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

El teatro es una de las actividades literarias que tomó más impulso después de 1944. Los dramaturgos más conocidos, entre los que surgieron en este siglo, son Manuel Galich, Manuel José Arce Leal, Hugo Carrillo y Miguel Ángel Asturias. En 1978 se finalizó la construcción del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, el cual incluye el Gran Teatro Nacional y un Teatro de Cámara (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Educación


La política educativa del siglo XX varía poco con respecto a la de finales del siglo anterior. En la Administración de Estrada Cabrera, el Gobierno usó la educación pública como medio de propaganda para presentar al gobernante muy preocupado por la educación de la juventud. Se inauguraron las Fiestas de Minerva o Minervalias y se construyeron las Escuelas Prácticas. Estas últimas tenían la finalidad de capacitar al estudiante para el trabajo artesanal, pero fueron clausuradas a la caída de Estrada Cabrera (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

En 1901 se fundaron los primeros centros de educación parvularia, creándose, en 1927, la Escuela Normal para Maestras de Párvulos. En 1944 había establecimientos de enseñanza primaria sólo en las cabeceras de los departamentos y en algunos municipios. Centros de enseñanza media sólo existían en la capital, Quetzaltenango, la Antigua Guatemala y Chiquimula. Se habían cerrado los de San Marcos, Jalapa y Cobán. El Gobierno concedía algunas becas para mujeres y varones que hubieran terminado la primaria que quisieran seguir la carrera de magisterio en la Escuela Normal Central y en Belén. En esa época, en toda la República funcionaban unos 150 colegios privados, algunos con estudios de secundaria. Asimismo, se estableció la Escuela para Maestros Rurales. La Universidad era dependencia del Estado. El Rector, decanos y profesores eran nombrados por el Secretario de Estado en Educación Pública (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

En 1945, la educación nacional comenzó a tener cambios relevantes. La revolución dignificó al maestro, concedió libertad docente, desmilitarizó los centros de enseñanza y estableció la autonomía universitaria. Fue significativo el hecho de que la inscripción escolar, primaria, media y superior, aumentara en forma tal que obligó a la construcción de escuelas e institutos. A finales del siglo XX, la asistencia de escolares se incrementó considerablemente, pero también aumentó la población del país y aún quedan niños que no pueden asistir a las escuelas públicas. Se ha elevado también el número de colegios privados (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

Análisis de la obra: Mayapán


La novela Mayapán, de la hondureña Argentina Díaz Lozano ha sido editada en varias ocasiones. Hay un intervalo considerable entre la tercera edición de 1957 y la cuarta en el 75 . Probablemente el renacimiento de la novela histórica en Am Latina colaboró en la nueva publicación de 1984. Estas cinco ediciones se realizaron en México, metrópoli del mercado libresco que simpatiza con los temas de la historia antigua continental, especialmente los que se relacionan con su entorno inmediato.

Mayapán se inspira en hechos históricos reconocidos por la historia oficial, a los cuales se les da un tratamiento ficcional orientado por una conciencia ética de carácter mestizo. Se trata de la exploración y conquista españolas de la Península de Yucatán, específicamente de la odisea de Gonzalo Guerrero, que adquiere dimensiones protagóni­ cas en la novela, y de su compañero Jerónimo de Aguilar. Ellos formaron parte del grupo que arribó por vez primera a las costas yucatecas, a raíz de un naufragio en 1511. Venían en un navío enviado por Vasco Núñez de Balboa, desde Panamá, al mando del capitán

Valdivia. Iban hacia la Española (Santo Domingo) llevando informa­ ción, un abundante quinto real y el encargo de solicitar víveres y refuerzos. Pero naufragaron cerca de Jamaica. Sobrevivieron diecisie­ te personas, incluidas dos mujeres. Por azar, llegaron a las costas de Yucatán. Allí fueron apresados por los naturales mayas. Valdivia y cuatro españoles más fueron ofrecidos en muerte ritual a los dioses. Los demás permanecieron en calidad de esclavos y fueron pereciendo a causa del trabajo excesivo. Solo Aguilar y Guerrero se salvaron de la muerte. Aquél por la fortaleza espiritual derivada de sus votos monásticos y éste por ser robusto y vigoroso. Ambos lograron fugarse hacia el territorio de otro jefe indígena más piadoso. Su heredero fue aún más bondadoso con los náufragos.

Guerrero aprendió a hablar maya antes que Aguilar. Partió hacia Chectemal al este, junto al Golfo de Chetumal, donde fue muy bien recibido por un nuevo grupo. Allí se le dieron responsabilidades militares. El les enseñó tácticas de guerra españolas, así como a construir fuertes y bastiones. Contraj o matrimonio con una dama

indígena de familia aristocrática, con quien tuvo tres hijos. Es decir que Guerrero, especialmente, conocía bien la costa yucateca. Aguilar, en su calidad de esclavo, “sabía y había visto poco, pues vivió siempre en el mismo sitio”.

En 1519 Hernán Cortés alcanzó la isla de Cozumel, al noreste de Yucatán. Los jefes indígenas le comunicaron la existencia de los cautivos españoles a dos días de camino. Cortés les envió una carta y a su dueño un rescate. Aguilar se comportó como era previsible: fue liberado, alquiló una canoa con seis remeros y llegó a Cozumel. En cambio, Gonzalo Guerrero no quiso abandonar a su familia maya ni llevársela de allí. Más tarde luchó al lado de la comunidad indígena contra la invasión española y murió en batalla. En conclusión, el destino de cada uno de los descubridores de la Península de Yucatán fue muy diferente y por lo tanto, aporta una arista muy distinta del momento germinal de la Conquista.

El discurso histórico sobre la Conquista de la Península de Yucatán y de México destaca el papel de Jerónimo de Aguilar más que las vicisitudes de Gonzalo Guerrero. Aguilar es mencionado profusa­ mente como traductor del conquistador de México, Hernán Cortés. Como Aguilar hablaba fluidamente el maya, le fue muy útil a Cortés en las provincias occidentales, donde estaba muy extendido su uso. Los servicios de Jerónimo de Aguilar multiplicaron su eficiencia en el trabajo de equipo con la Malinche (Malintzin) o doña Marina. La mujer, de linaje aristocrático y natural del istmo de Tehuantepec, era hablante del azteca y del maya. Fue adquirida como esclava por Cortés en Tabasco, donde estaba cautiva. Ella traducía del azteca al maya, para que a su vez, Aguilar vertiera al español.

La referencialidad de Mayapán se dirige igualmente a la plasma­ ción de la geografía de la Península durante el período de la Conquista, así como hacia una descripción etnológica de los mayas del norte y de su historia antigua, apoyada sobre documentos hispánicos e indígenas. Además, a pinceladas, se presenta brevemente el clima moral vigente en Cuba, base de las expediciones al continente americano.

Argentina Díaz Lozano desarrolla una estrategia de ficcionaliza­ ción del referente orientada por un objetivo: mostrar los orígenes mestizos del pueblo centroamericano, y en particular, del guatemalte­ co. Selecciona un narrador omnisciente, que dispone de amplia I ihertad para enjuiciar los acontecimientos. En los valores del narrador predomina la admiración por lo hispánico, aunque se censuran leve­ mente los métodos violentos de conquista, al modo lascasiano. La perspectiva global muestra un aprecio por la antigua grandeza maya y la piedad comprensiva hacia los sufrimientos de las generaciones involucradas en la conquista, por la pérdida humana y cultural que representa. Los indígenas son mirados como seres puros, cercanos a la naturaleza y capaces de una organización social complej a. Sin embar­ go, el balance mediato de su sojuzgamiento ante el mundo español se justifica en atención al nuevo legado: el idioma español, el cristianis­ mo y el progreso material. Se aprueba una fusión étnica, que implica la desaparición del elemento cultural originario en favor de lo mejor y verdadero depositado en el polo dominante.

La ficcionalización se enriquece con la opción por Gonzalo Guerrero como protagonista, lo que le permite diseñar el motivo del idilio con Aixchel, la joven maya y por ese medio, imaginar la vida cotidiana y doméstica de la clase alta.

Los anclajes espacio temporales son definidos cronológicamen­ te, con ayuda de la intertextualidad con las crónicas e historias de Indias y las crónicas indígenas o por las notas aclaratorias al pie de página, que documentan prolijamente la verosimilitud novelesca.

Los destinatarios ideales son los sectores medios y altos de la sociedad ladina guatemalteca en particular y centroamericana en general. Esto último porque el área maya involucró no sólo a Guate­ mala, México, los actuales estados de Campeche, Yucatán, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo y Belice, sino también al occidente y centro de Honduras, El Salvador y mezclada con las culturas mexicanas su influencia se extiende hasta Nicaragua e incluso hasta Costa Rica y Panamá. Además, el caso yucateco es paradigmático para toda la Am Latina en su meollo significativo: la invasión europea que avasalla las sociedades antiguas, tanto en lugares de alta cultura como en sitios de menor desarrollo.

Mayapán propone una lectura liberal de la conquista y la colonia españolas en Yucatán y por extensión en América Central: se idealizan los personajes protagónicos Guerrero y Aixchel, como representantes de sus culturas de procedencia; se ensalza la heroicidad de ambas comunidades en la defensa de sus respectivos valores patrióticos; la naturaleza es casi un jardín ameno donde se desarrolla el romance cortés y pastoril de la pareja interétnica. Se propone la visión de la Guatemala posterior como crisol del mestizaje, pero se acepta al unísono el aniquilamiento de lo maya en aras del nuevo código espiritual y material, considerado superior.

El procedimiento estético fundamental es el contrapunto entre lo hispánico y lo indígena. Por ese motivo, se dialoga con fuentes históricas provenientes de ambas culturas. Del lado español se desta­can las referencias a la Relación de las cosas de Yucatán (1566) de Diego de Landa y la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva Hspaña (1632), de Bernal Díaz del Castillo• El Libro del Chilam

Las necesidades de la ficción apartan la novela de sus fuentes en un asunto fundamental: la Historia cuenta que Guerrero en su proceso de “mayisación”, aprendió pronto el maya, se desplazó por la Penín­ sula de Yucatán en !abores militares. En cambio, Aguilar como esclavo permaneció en un solo sitio. La novela caracteriza a Aguilar como un trashumante con el objeto de establecer un contraste con un Guerrero apegado a su familia indígena como esposo y padre ej em­ plar. En esta elaboración de contrastes, Aguilar porta los valores hispánicos y Guerrero sufre una mutación cultural.

La intertextualidad con la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España no solo organiza los episodios diegéticos, sino que introduce a Bernal Díaz del Castillo como personaje, quien también se opone a la personalidad de Guerrero por su espíritu aventurero y su adhesión a los valores hispánicos, y además tiene una función estruc­tural de enlace.

Del Libro del Chilam Balam y de la Relación de las cosas de Yucatán se toman y manipulan algunos textos proféticos para presen­ tar la aniquilación del mundo maya como producto de un hado inexorable, en los labios del personaje Cambal, cuyo nombre y oficio lit: adivino se consignan en la obra de Landa.

Hay una deuda intertextual con la novela pastoril que sirve de modelo para el idilio entre Guerrero y Aixchel y con la novela romántica que proporciona las imágenes femeninas vulnerables y las personalidades masculinas heroicas y aventureras.

El proceso de demostración lógica de la tesis que propone Mayapán implica una premisa: los sufrimientos y la devastación creadas por la conquista han sido necesarios para el logro de una nación mestiza, organizada sobre los pilares del cristianismo y los valores depositados en la lengua española. Este mensaje intenta persuadir a los lectores centroamericanos de mediados del siglo XX de las bondades del mestizaje y oculta la marginación de la cultura indígena.

  1. El proceso de finalización de las fuentes

Aparte de dos observaciones por parte del editor, en Mayapán hay treinta y ocho notas al pie de la página, donde se realizan aclaraciones sobre asuntos relacionados con el mundo maya (35 casos) o donde la novela confiesa sus fuentes de consulta histórica (12 casos). Se trata de obras como la Relación de las cosas de Yucatán (1 566), del obispo tercero de Yucatán, Diego de Landa, a la vez persecutor cruel de la cultura indígena, incinerador de libros mayas y memoria de las costumbres de ese pueblo, y sobre todo de la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España (1632), escrita por Bernal Díaz del Castillo. También se cita al Libro del Chilam Balam de Chumayel, del siglo XVI.

El tratado de Landa fue desconocido hasta 1860. Su obra ofrece amplia información acerca de las creencias religiosas, el calendario, la historia, las costumbres y la escritura del pueblo maya. Recogió datos de labios de informantes indígenas y los complementó con dibujos precisos. Este material ha sido muy útil para los investigadores posteriores. En el caso de los glifos, aunque Landa los interpreta erróneamente como un alfabeto, al modo de las lenguas indoeuropeas que conocía, fueron import en el Siglo XX para arribar a la conclu­ sión de que se trata de un sistema silábico. Landa estudió la organiza­ ción maya para combatirla porque la consideraba malévola y errada.

La relevancia de esta fuente es patente desde el epígrafe, que alude al tema básico: “…y el mundo de los mayas terminó con un poderoso viento que fue creciendo y haciéndose huracán de cuatro vientos”.

El contenido del epígrafe se repite y amplía en el interior de la narración. Se lee entrecomillado un trozo de nueve líneas, aproxima­ damente un tercio de página, atribuido al calce a la Sucinta historia de los antiguos Mayas de Yucatán de Crescencio Carrillo y An glosada de Relación delas Cosasde Yucatán, de Landa. “Terminó casi con todo un poderoso viento que fue creciendo y haciéndose huracán de cuatro vientos que derribó árboles y hasta casas, y muchos quedaron muertos; también los animales”.

Literalmente Landa consigna la destrucción de la antigua Maya­ pán por una serie de desgracias, como el huracán y la peste fulminante de veinticuatro horas, que la novela menciona. Según Landa, esto sucedió alrededor de 125 años antes de la conquista española. En cambio, en la novela se usa como rúbrica de la destrucción del mundo maya después de la llegada de los españoles y su reemplazo por una sociedad mestiza.

…vino un aire como a las seis de la tarde y fue creciendo, y haciéndose huracán de cuatro vientos, y que este aire derribó todos los árboles crecidos, lo cual hizo gran matanza en todo género de caza y derribó las casas alIas las cuales, como son de paja y tenían lumbre dentro por el frío, se incendiaron y abrasaron a gran parte de la gente … y que así perdió la tierra el nombre a la que solían llamar de los venados y de los pavos…

La secuencia de los acontecimientos sigue, en gran medida, la versión sucinta de Landa y especialmente la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, donde se desarrolla más detalladamente. Además, episodios puntuales sobre las costumbres indígenas, se documentan en las páginas de Landa. El primero de ellos se refiere al vestuario de los antiguos mayas.

…muchos más hombres extraños de elevada estatura; fornidos, silenciosos, de cabellos largos y envueltos en mantas rectangula­ res, cuyos pliegues caían hasta cerca del suelo no sin cierta elegancia. Dos de ellos llevaban también con elegancia, pieles de tigrillo a guisa de capa.

La ceremonia del sacrificio humano a los dioses, por medio de saetas donde pierden la vida Valdivia y sus compañeros sigue la

Un personaje de rico manto bordado de plumas roj as y azules, l ujosas sandalias de piel de serpiente y ornamento complicado en la cabeza, dispuso su arco y lanzó el primer dardo al pecho de uno de los cautivos. Fue la señal que esperaban. Al compás del baile infernal todos comenzaron a disparar sus flechas. La sangre que derramaban los desgraciados era recogida y prontamente untada en dos ídolos de piedra de feroz aspecto, que se erguían gigantes­ cos a ambos lados de la especie de altar.

La importancia que tienen en la economía de los mayas la cera y la miel de abejas puede encontrarse documentada en Landa8, así como la presencia de serpientes numerosas en Yucatán9, que son el ingre­diente de exótico peligro selvático que acecha a los náufragos en la novela. Igualmente, las festividades que celebran los personajes indígenas y algunas de sus prácticas religiosas se aprenden de Landa.

Los elementos con que construye Gonzalo Guerrero los piropos para Aixchel, su futura esposa, -porque según la ideología del narrador éste es un rasgo intrínseco de los españoles- son nombres de flores que se describen en la Relación como la “tixtula”, blanca y olorosa como el jazmín, adecuada para connotar la pureza de la joven indígena.

El nombre y oficio de un personaje secundario, fundamental en Mayapán, parece haberse construido a partir de las notas de Landa. Se trata de Cambal, el sabio consejero del rey Kinoch en la novela, bondadoso con Aguilar y Guerrero, aunque conociera mágicamente la devastación que sufriría la cultura maya a manos de los españoles.

… que en las sierras de “Maní” que es la provincia de Tutuxiu, un indio llamado Ah   al, de oficio “Chilam”, que es el que tiene a su cargo las respuestas del demonio, les dijo públicamente que pronto serían señoreados por gente extranjera, y que les predica­ rían un Dios y la virtud de un palo que en su lengua llaman “Vamonche” que quiere decir “palo enhiesto de gran virtud contra los demonios…11 .

La figura de Cambal, inspirado profeta, nos remite indudable­ mente también a un documento maya yucateco: el Libro del Chilam Halam de Chumayel que Mayapán señala, de todas maneras, como fuente . Cambal es un trasunto, una imagen del Chilam Balam.

Es en la búsqueda de rigor documental y de equilibrio entre el origen de sus fuentes históricas que la novela apunta al Chilam Balan de Chumayel como su obra indígena de consulta. Un lector no suficientemente informado podría preguntarse porqué no hay mencio­ nes explícitas al Pop Vuh, más difundido y el libro sagrado por excelencia de los mayas, y el que conserva el mayor caudal mítico, en esta novela abundante en notas explicativas y bibliográficas. La razón es clara y guarda coherencia con la elaboración general de Mayapán : el Pop Vuh pertenece a la tradición lingüística quiché y al área geográfica del altiplano guatemalteco (Sierra de Chacus y Totonica­ pán). Aunque la cultura maya yucateca es más rica y más prestigiosa que la quiché, del legado literario yucateco solo se conservan el conjunto de los Libros del Chilam Balam, la Crónica Calkiní y una serie de poemas o cantos religiosos, recogidos tardíamente de la oralidad, como el del arquero flechador. Se hablaba yucateco en la península de Yucatán, en los actuales Campeche y Quintana Roo; también se usó esta lengua en Belice.

Los Libros del Chilam Balam adquieren el nombre de un cono­ cido profeta maya, “Chilam”, de apellido “Balam”, Jaguar. Vivió en Maní, poco antes de la Conquista. Los “chilames” eran los sacerdotes encargados de leer, analizar y comunicar los designios divinos consig­ nados en los documentos sagrados. Los Libros del Chilam Balam fueron escritos en maya yucateco desde el siglo XVI por letrados mayas. Solo se conservan copias posteriores de los siglos XVII, XVIII, XIX Y XX. Son compilaciones de antiguos códices jeroglíficos o de tradiciones orales precoloniales, sobre todos los que se ocupan de temas históricos y religiosos. Pero abarcan también los diversos tramos de la conquista y la colonia.

El contenido de los Libros del Chilam Balam es diverso: religio­ so, histórico, médico, astrológico, cronológico, calendárico. También incluyen obras en español o traducciones al maya y otros no clasifica­ dos. La mecánica de esta enciclopedia indígena del Nuevo Imperio (siglos IX-XVII) empezó con la difusión de las compilaciones de este Sacerdote Jaguar entre las comunidades yucatecas. Cada sacerdote receptor la enriquecía con las tradiciones locales. Así se escribieron numerosas versiones, que se identifican con el nombre de su lugar originario. Mayapán nombra pues, al Chilam Balam de Chumayel como su fuen específica.

La versión más antigua del Libro del Chilam Balam de Chumayel es de 1782. Fue copiada por Juan José Hoil. Pasó por diversos poseedores hasta llegar al obispo Carrillo y An (1868). Fue editada en facsímil (1913) por George B. Gordon, director del Museo de la Universidad de Pennsylvania. Antonio Médiz Bolio la publicó y tradujo al español en Costa Rica (1930). Se tradujo al inglés tres años después por Ralph L. Roys.

El Chilam Balam de Chumayel resume sucesos ocurridos en la Península de Yucatán desde el siglo X al XVII. Trata del período de la Liga de Mayapán, durante el Nuevo Imperio. La Liga de Mayapán ( 11 65(85)- 1461) era una confederación de tres ciudades: Uxmal, Chichén Itzá y Mayapán. Fue una época de florecimiento para centros urbanos del norte yucateco. Por esa razón, el período aparece rememo­ rado en la novela como la Edad de Oro de los mayas antes de la conquista. Desde el siglo IX aparecen las influencias toltecas en la Península de Yucatán y se observa la decadencia del área maya central.

…y las ciudades formaban una confederación. No había guerras intestinas, y los habitantes eran felices dedicados a la caza, a las siembras, a los bailes, y al engrandecimiento de las poblaciones. y era tanta la paz, que no existían ni arcos ni fl y sólo usaban lazos y trampas para cazar animales. Tenían muy buenas leyes contra los delincuentes… Pero la felicidad se acabó cuando se hicieron tratados con los reyes de México, se oprimió a los pobres y se hicieron muchos esclavos… (58).

Las huellas toltecas se observan en la arquitectura amurallada de las ciudades confederadas y en la decoración a base de la serpiente l: mplumada o Quetzalcóatl. Se asumen los dioses solares sanguinarios que requieren de los sacrificios humanos. Asimismo, los grupos mexicanos se “mayisan” en este largo proceso de contacto entre los grupos mayas del norte y los mexicanos del Golfo de México. Esta presión extranjera ha sido evaluada como una de las causas del llamado colapso de las sociedades mayas ubicadas en la vertiente del río Usumacinta.

Estas ciudades estados mayas tardíos tenían menos poder que los clásicos (siglos VII y VIII), su arquitectura era más modesta y más reducidos los textos jeroglíficos. Se fueron convirtiendo más en centros de residencia que en centros rituales. En cambio, las rutas comerciales costeras se ampliaron a lo largo del litoral yucateco. Hubo gran actividad en Cozumel, Zicalanco en la Laguna de Términos, Naco, Chetumal y Tulum, hechos de los que se hace eco la novela.

Laciudad de Uxmal está habitada por los tutul xiues, procedentes de Tabasco, al sur de México. Habían llegado hasta Uxmal (987- 1007) dirigidos por su jefe Ah Suytok Tutul Xiu. En Chichén Itzá vivían los itzáes (987). Para ellos es un regreso, pues la habían descubierto y residido allí en el siglo V, la habían abandonado entonces para marcharse a Chakanputún. El grupo vino desde el Petén para estable­ cerse en el norte de la Península yucateca.

Mayapán era el centro de la federación. La ciudad de Mayapán estaba gobernada por los cocomes, al mando de un ejército tolteca que oprimía al pueblo maya. Esta situación motivó el ataque de los itzáes de Chichén, con la aprobación de los xiues. Ya Mayapán había tenido también enfrentamientos con Uxmal: el rey Hunac Ceel de Mayapán había atacado con sus mercenarios toltecas a Chac Xib Chab, caudillo de Chichén. Estas rencillas dieron al traste con la Liga de Mayapán y se precipita la decadencia. Su fragmentación debilitó la posible capacidad defensiva contra los españoles, aunque hizo lento el proce­ so de colonización. En sus tertulias con el viejo Consejero Cambal – tan semejante al Chilam Balam- Guerrero y Aguilar aprenden la historia antigua.

…que esa región se llama desde tiempos antiguos, Mayapán. Que antiguamente estuvo unida, poderosa y p róspera bajo el gobierno de unos grandes señores que él llama Cocomes. Me ha hablado de un esplendoroso pasado, de maravillosas ciudades como

Chichén Itzá, Calbiní, Tikoch. Y que el antiguo imperio se extendía hacia el Sur con ciudades de piedra inmensas hoy abandonadas, más allá de un reino de Goathemala…

Tanto la Relación de Landa como el Chilam Balam de Chumayel son fuente de la profecía de la destrucción del mundo maya, que la novela pone en boca de los sacerdotes yucatecos como Cambal y Ah Chi Bay e interpreta como un augurio de la llegada española. Otros estudiosos opinan que la profecía es un género literario tradicional entre los mayas y que ésta en particular se refiere al advenimiento de los nuevos conceptos religiosos toltecas en el Nuevo Imperio. Estos moldes retóricos podrían haberse adaptado posteriormente para des­ cribir el dolor de la conquista y la colonia españolas porque se estructuran en series de secuencias repetitivas. En el Chilam Balam, el katún (medida de 20 años, de 360 días) inicial es el 11 Ahau porque es el que coincidió con la invasión española, y esto inició una nueva era. An el katun empezaba un 8 Ahau.

…Después vino una peste de la que la gente duraba sólo un día y morían a montones. Entonces un sabio sacerdote predijo que vendrían unos hombres blancos con barba que traerían unos venados muy grandes y que ese sería el fin de nosotros. Sí, extranjeros, esto que ven son los restos de un pasado de fortaleza y gloria.

La resignación indígena ante lo que consideraban un designio cósmico, sirve en Mayapán para reforzar los argumentos de Gonzalo Guerrero en pro de una dominación pacífica por parte de la Corona. Por su parte, los personajes mayas de la novela sostienen su deber de defender el territorio para no ser culpables como sus antepasados que ro pieron la Liga y la debilitaron, faltando a sus deberes patrióticos.

Por el Once Ahau Katún será el tiempo de la tristeza y la carga de amargura, pues de mucho antes estarán ya los hombres blancos que traen muchos poderes de dominación. Ah serán los soberanos de esta tierra y también los príncipes de sus pueblos, y los sacerdotes. Perdidos estarán entonces el entendimiento y nuestra sabiduría.

Vendidos y revendidos serán los hijos. Quemado será el rostro del sol y los descendientes de los divinos itzáes en Chichén Itzá, y los de la gran I tzmal , los de la gran Uxmal como los de Ichcaansihó verán terminada su historia y el fin del mundo.

Significativa es la intervención ideológica del narrador omnis­ ciente en la glosa de las profecías, quien asegura que el sacrificio genocida dará buenos frutos en el futuro y omite los augurios de un futuro renacimiento del pueblo maya y una liberación de su territo­ rio 1 2. ” Los hombres blancos traerán nuevas creencias, nuevos dioses, muchas cosas buenas y malas para los que vendrán después, pero solo malas para los presentes…”.

así:

Literalmente el Libro del Chilam Balam de Chumayel profetiza

No hay Gran Conocimiento. Muy perdidos están para ellos el cielo y la tierra. Muy perdida está la vergüenza. Serán ahorcados los soberanos y los reyes de esa tierra, los príncipes de sus pueblos y los sacerdotes de los mayas. Perdido estará entonces el entendimiento y perdida la sabiduría.

Otras obras históricas directamente aludidas son: Cogolludo, Historia de Yucatán (Libro 1, Cap. VII); Crescencio Carrillo y Anna, XXI Obispo de Yucatán ; ” Los mayas de Yucatán”. Literatura y civilización antigua de Yucatán (Edición No. 71 de EYC del L.,

México, 1950); José García Payón, Bufones y enanos en Amerindia, 1951; Gutierre Tibon, Diario del Sureste, agosto 27, 1951; Francisco Cantón Rosado, Leyendas “La primera misa en territorio nacional”, Ley y tradiciones Yucatecas, pp. 81-83, tomo 1. Los datos bibliográficos de la fuente generalmente se hallan someramente anotados y varían de una a otra, como puede observarse en la transcripción anterior.

Existe una forma de intertextualidad especialmente interesante y que cumple una función primordial en la organización novelesca. Es la presencia como personaje en Mayapán de Bernal Díaz del Castillo, autor de la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España . Además, esta narración da cuenta pormenorizada de los sucesos relacionados con Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, y Maya­ pán la sigue de cerca.

Bernal Díaz del Castillo (1494(95)-1584) ofrece la visión de un soldado raso, un alférez, testigo presencial de la exploración, conquis­ ta y colonia del Caribe, Centroamérica y México. En 15 14 vino a América con la expedición de Pedrarias Dávila, gobernador de Tierra Firme. Ocupó Cuba con Diego Velázquez y participó en la explora­ción y conquista de México a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518). Tomó parte en los hechos que culminaron con la conquista de Tenochtitlán por Hernán Cortés (1 519). Se estableció como colono y regidor en Guatemala, donde murió. No obtuvo de sus andanzas ventura económica, sino hasta el fi al de su vida, pero dejó mucha descendencia. SuHistoria verdadera de la Conquista de la Nueva España se escribió entre 1551 y 1568, hacia sus 73 años de edad. Una copia permaneció en Guatemala, donde se publicó en 1604 y la copia española vió la luz en 1632. El mismo nplicita su deseo de enmendar los errores y omisiones de otras historias, sobre todo la de Francisco López de Gómara, La conquista de México, segunda parte de Hispania victrix (1552), que daba un papel preponderante a Hernán Cortés, siguiendo un modelo biográfico laudatorio y oscurecía la gloria de los soldados, mural globalizador de los hechos.

El personaje Bernal Díaz en Mayapán está descrito con enorme simpatía por la perspectiva global de la novela y sirve para enlazar los diversos acontecimientos. En especial, su constante recuerdo de las palabras de un grupo maya que le sugería la presencia de cautivos españoles durante su exploración yucateca junto a Francisco Hernán­ dez de Córdoba, se convierte en auténtico leit-motiv y aparece en la narración histórica 14.

Uno de los indios, personaje principal al parecer, se puso a hablar en su extraña lengua, haciendo muchos gestos y ademanes, lengua que naturalmente no entendieron los iberos. La única palabra que pudieron percibir fue: “Castilan…” que repetía con frecuencia y gran excitación.

La Historia verdadera… efectivamente narra las aventuras de Bernal Díaz del Castillo durante la expedición por las costas de Yucatán en 15 17. Procedía de Cuba. Estaba al servicio del acaudalado capitán Francisco Hernández de Córdoba. Según Díaz, los conquista­ dores compraron y armaron dos navíos grandes. Diego de Velázquez, Gobernador de Cuba, aportó el tercer barco y las provisiones de todos. Los expedicionarios también invirtieron fondos propios en la compra de cerdos y bagatelas para intercambiar con los indígenas. Contrataron a marineros y a tres pilotos, el mejor de los cuales era An de Al.

Después de una semana de navegación y de superar una tempes­ tad, arribaron a la costa nororiental de Yucatán. Encontraron diez piraguas grandes, capaces de transportar hasta cuarenta personas. La vestimenta y maneras corteses de los indígenas, hicieron concluir a los españoles que habían hallado una cultura más avanzada que la caribe­ ña. Al día siguiente llegaron dos piraguas más. Su jefe invitó a los españoles a bajar a tierra, repitiendo las palabras “eones cotoche”, ven a mis casas, motivo por el cual los invasores llamaron al sitio Punta de Catoche. Una vez adentrados en el poblado, se aproximaron a unos cerros boscosos, donde cayeron en una emboscada.

Asegura Bernal Díaz que dos años después, Jerónimo de Aguilar le relató que tan hostil recepción fue aconsej ada por Gonzalo Guerre­ ro, a la sazón, dirigente militar de un grupo maya. Mayapán no se hace eco de esta versión. Sugiere que los mayas ya habían tenido noticias del paso destructivo de los españoles en otras áreas americanas y por esa razón decidieron enfrentarlos, tratando de alejarlos y ganar tiempo ante la inminente derrota final . Mayapán prefiere diseñar un Gonzalo Guerrero creador de una estrategia disuasiva frente a sus compatriotas españoles. Nunca lo muestra conspirando contra ellos o en batalla franca y para alejarlos de estas tierras, fijáos bien, debemos convencer­ les de la abundancia de oro que hay más al norte, de las fabulosas riquezas de ese gran imperio que señorea Moctezuma y que tanto ponderan. Sin perder tiempo mandad a retirar de los templos todo lo que sea oro, y que igual hagan vuestros aliados. Con maña y tino podemos convencerles de que no tenéis las riquezas que ellos sueñan y abandonarán Mayapán…

La novela solamente alude al episodio de Catoche y se concentra por necesidades argumentales en el recorrido de los conquistadores hacia el sudoeste y sur de la ribera yucateca que los lleva a Campeche, y a Champotón, donde se enteran de la posible existencia de castella­ nos cautivos. Los dos desembarcos históricos de acontecimientos semejantes, se subsumen en uno por economía artística. La diégesis se interesa por favorecer la pintura física y moral de Díaz del Castillo.

Bernal que se movía con la agilidad de una cabra, dando saltos y repartiendo estocadas y golpes, comprendió que querían acabar con el Capitán, a quien intentaban rodear. De dos saltos se puso

a su lado para ayudarle a defenderse. Sintió en esos momentos que dos flechas se le hundieron en una de sus piernas, pero no dejó de pelear con ímpetu y renovada furia ...

Mayapán sigue la narración de la Verdadera historia … y dedica varios capítulos al regreso de Hernández de Córdoba a Cuba, a los preparativos y la partida de la segunda expedición a Yucatán. Se le otorga cierta importancia al clima ruin y de intrigas cortesanas que reina en Cuba cuando Hernández de Córdoba, Bernal Díaz del Casti­ llo, Antón Alaminas y su grupo regresan -merced a la corriente del Golfo de México- con objetos de oro y divulgan las maravillas que han escuchado sobre el reino mexicano de Moctezuma.

Mayapán atribuye a Bernal Díaz del Castillo generosas motiva­ ciones en su participación en la tercera aventura yucateca bajo las órdenes de Juan de Grijalva, Pedro de Alvarado y Francisco Montejo: precisamente labúsqueda de los castellanos cautivos náufragos. “El astuto Velázquez había comprendido el espíritu generoso, romántico y aventurero del joven Díaz del Castillo y como quería que fuese en la expedición, no vaciló en fomentarle su curiosidad y generosos deseos”.

En esa entrevista declara Velázquez a Díaz del Castillo que la nueva tierra descubierta será llamada por los españoles Yucatán. Sigue aquí la novela a la Relación… de Landa, así como en la intención de llamar Puerto de la Mala Pelea a la isla de Cozumel por la pésima experiencia que los conquistadores al mando de Grijalva tuvieron allí.

Que cuando Francisco Hernández de Córdoba llegó a esta tierra saltando en la punta que él llamó cabo de Cotoch halló ciertos pescadores indios y les preguntó qué tierra era aquella, y que le respondieron ‘cotoch’, que quiere decir ‘nuestra casa y nuestra patria’ , … y que preguntándoles más por señas que cómo era suya aquella tierra, respondieron eciuyetel cehí que quiere decir ‘tierra de pavos y venados’, y que también la llamaron ‘ Petén’ que quiere decir ‘isla’, engañados por las ‘ than’ que quiere decir ‘dicenlo’; y que los españoles la llamaron Yucatán…

La novela presenta algunos de los resultados de esta expedición en boca de Jerónimo de Aguilar. Las cuatro naves, dos de ellas armadas por Diego Velázquez, tripulada por 240 soldados según la Historia verdadera … , incluidos Díaz y Alaminos, descubren la isla de Cozumel y continúan hasta Champotón donde vengan el ataque a Hernández de Córdoba. Siguen en paz hasta Tabasco y descubren la alta cultura de México.

En relación con este incidente otro artificio literario de Mayapán consiste en alterar la Historia en un punto fundamental . Jerónimo de Aguilar aparece en la novela como un trashumante mercader, quien por sus actividades tiene acceso a las noticias sobre los desembarcos españoles y se le presenta hablando sobre ello dos veces con Gonzalo Guerrero. La Relación dice que no se pudo comunicar con Guerrero.

En la Historia verdadera … se consigna que Aguilar, en su calidad de esclavo, no había viaj ado y que sólo una vez se comunicó con Guerrero, ya cuando llega Hernán Cortés en la tercera expedición.

En cambio sí realizó Gonzalo Guerrero frecuentes desplaza­ mientos geográficos. Es posible que la novela haya escogido esta manera de plasmar ambos personajes porque le interesa destacar las virtudes domésticas de Guerrero, como esposo y padre ej emplar, ligado a su familia, y por ello, sólo realiza cortos viajes de negocios.

…y que Guerrero, como entendía la lengua, se fue a Chectemal, que es la Salamanca de Yucatán, y que allí le recibió un señor llamado ‘ Machancán’, el cual le dio a cargo las cosas de la guerra en que estuvo muy bien, venciendo muchas veces a los enemigos de su señor, y que enseñó a los indios a pelear mostrándoles (la manera de) hacer fuertes y bastiones, y que con esto y con tratarse como indio, ganó mucha reputación y le casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos; y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar; antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba las orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuere idólatra como ellos.

Gonzalo Guerrero, por su parte, está moldeado como un caballe­ ro andante. El móvil de sus logros bélicos al servicio del rey Kinock novelesco -réplica del Nachancán de Landa- es obtener la mano de su dama, tal como el caballero andante de las novelas de caballería elimina dragones para acceder a su princesa. Asimismo, la vida cotidiana de Aixchel se imagina al modo de una joven aristócrata de la literatura pastoril española acompañada de su dueña, la gorda y añosa Zacala. La muchacha se guarda recluida en su casa, pero incursiona en el campo, especie de jardín ameno con su infaltable río, sus pájaros, ella para completar el hermoso decorado y aportar cierta sensualidad natural. Sin embargo, no es posible obviar la índole de la naturaleza americana. Al acecha el peligrosojaguar. Esta circunstan­ cia, semejante a las luchas de los caballeros contra el león, permite que su futuro cortejante la salve y empiece el idilio. La mención de la fiera solo da pintoresquismo, exotismo y movimiento al relato.

Bajó (Aixchel) luego una ligera hondonada y allí, en un claro, apareció un pequeño manantial que brotaba de una enorme laja, blanca y esponjosa. Unas tres brazadas más abajo formaba el riachuelo pequeñísimo remanso en medio de piedras lajosas donde crecían algunos helechos. Frente al remanso se detuvo ella, luego se mal ocultó detrás de algunas plantas y rápidamente se despojó de su ligero atavío. Estiró los brazos como para desperezarse y dio un bostezo. Luego se dirigió con lento paso hacia la orilla, probó el agua metiendo los dedos de uno de sus pies, y se metió a sentarse en medio del claro remanso, extendien­ do después su cuerpo moreno..

Este episodio del baño de Aixchel sigue muy de cerca a Landa, quien dice de las prácticas higiénicas de las mujeres mayas lo siguien­te: “Bañábanse muy a menudo con agua fría, como los hombres, y nolo hacían con sobrada honestidad porque acaecía desnudarse en cueros en el pozo donde iban por agua para ello.

El nombre de la esposa de Guerrero no lo registra la Historia, pero es probable que la autora lo tomara de un pasaje de la Relación

donde se cuenta sobre los nombres de las diosas a las que se les rendía culto en la Isla de Mujeres, hallada por Francisco Hernández de Córdoba (1517). Además de la diosa Aixchel, allí se menciona también a Ixbunic, a quien la Aixchel novelesca ofrece devoción.

La presentación de la aristocrática vida doméstica de Gonzalo Guerrero con su esposa Aixchel y sus hijos parece depender de una dosis de valores femeninos en la mirada del narrador y de una trasposición de hábitos de sujeción y atenciones de las mujeres a sus maridos ocupados en asuntos públicos, que aunque es un fenómeno transcultural, tiene visos de clase alta contemporánea. Esto se debe a la ausencia de información histórica precisa sobre el tema. De igual manera, el hincapié de Mayapán en la importancia del amor sentimen­ tal de Gonzalo Guerrero hacia Aixchel y sus h ijos también podría estar ligado a una interpretación femenina de la progresiva mayisación del español por parte de la instancia narrativa. Es precisamente este lento proceso del antiguo conquistador, que en la situación inicial muestra una lealtad hacia el mundo hispánico hasta una adaptación, compren­ sión y simpatía finales por lo indígena, un estímulo fundamental para la ficción novelesca. Ésta se ha volcado tradicionalmente a la mostración del conflicto de un protagonista individual, que sufre metamor­ fosis sustanciales al disentir de los valores establecidos; en este caso los valores hispánicos los porta sobre todo el personaje Jerónimo de Aguilar, tal como lo presenta Landa, incluyendo su interés por mantenerse orientado por el calendario español, dato que también consigna la Historia verdadera … y sigue. Este diálogo evidencia el contrapunto ideológico:

…Castilla se impondrá aquí con todos sus beneficios. Traerán la verdadera religión, un nuevo y bello idioma, ganado vacuno y caballar, semillas nuevas, organización (…) . …estos indios serán esclavos de los nuestros, soportarían el látigo y las más tremen­ das crueldades. Su adelanto no les evitaría ser tratados como lo han sido los de Panamá y Cuba. Prefiero verles libres ahora que estoy comenzando a comprenderles.

Ante las críticas de Aguilar a las prácticas religiosas mayas, Guerrero va elaborando sus propias justificaciones, al tiempo que critica ciertas instituciones españolas como la Inquisición. En el dato de que las mujeres mayas no participaban de los sacrificios cruentos, la novela sigue y posiblemente, antes, cuando estaban en su apogeo y mayor adelanto, no acostumbraban comer a sus semejantes. Ya habréis notado que la generalidad de la gente no lo hace, y que las mujeres jamás presencian ni mucho menos hacen sacrificios.

Las figuras de Aguilar y también de Bernal Díaz sirven de contrapunto a la de Guerrero. Aguilar no se involucra sentimental­ mente con indígenas porque es casi un monje dedicado a refl espirituales y comprometido con la causa de la difusión del cristianismo y el servicio a la Corona. Bernal Díaz del Castillo resulta un héroe de novela romántica con una enorme vocación por la aventura, la guerra y el servicio a los demás. Subyace en Mayapán la literatura romántica como modelo para imaginar a este atractivo aventurero.

La importancia que adquiere Bernal Díaz del Castillo en la novela Mayapán es comparable a la importancia que el autor de la Historia verdadera … se otorga en su propio relato. La instancia narrativa de Mayapán y el lector se sienten fascinados por este encantador personaje, que a veces disputa al personaje de Gonzalo Guerrero su lugar protagónico.

La tercera expedición hacia Yucatán que culminaría con el descubrimiento y conquista de Tenochtitlán ocupa su lugar en Maya­ pán, muy al tenor de lo que se narra en la Historia verdadera … La diégesis recrea los preparativos, la salida de Hernán Cortés y su grupo, los sigue hasta su llegada a Cozumel donde Jerónimo de Aguilar se les une y Guerrero decide permanecer junto al pueblo maya. Por la coherencia argumental en torno a las peripecias de Gonzalo Guerrero la novela no se refiere a la conquista de México.

En Mayapán, el gobernador de Cuba Diego Velázquez aparece como un ser desconfiado, avieso y manipulador, en tanto que Hernán Cortés goza de la simpatía novelesca. Más contenido y astuto en las lides cortesanas, se impone a sus adversarios y al mismo gobernador. Uno de los aliados históricos de Cortés, muy bien dibujado en la novela, es el habilidoso secretario del gobernador Andrés de Duero y

uno de sus adversarios, un demente y bufón callejero que Mayapán recupera.

… el Gran Capitán de aquella hermosa flota sería el muy principal señor don Hernando Cortés, caballero valeroso, de centelleante mirada, oj os negros, piel morena, serenas y elegantes maneras.

Lo acompaña el joven Bernal Díaz del Castillo en la nave capitaneada por Pedro de Alvarado, de “valor temerario y meritorio”. Cortés había financiado gran parte de la expedición hipotecan­ do su hacienda. Reclutó soldados y les prometió participación en el botín, tierras y siervos. Reunió quinientos ocho hombres, cien marine­ ros, varios cañones y dieciséis caballos, datos exactos que la novela conoce. A pesar de los obstáculos que le impuso Velázquez, Cortés se hizo a la mar el 10 de febrero de 1519 con nueve naves dirigidas por Antón Alaminos.

Mayapán destaca la estrategia pacífica y persuasiva de Cortés en Cozumel al principio, pero también el derribamiento de los “ídolos”, la entronización de la cruz cristiana y la imagen de la Virgen María en su lugar. La novela explica la calma de los indígenas ante semejante ofensa a sus costumbres religiosas como un efecto de la recomenda­ ción de Guerrero acerca de no presentar resistencia por inútil y sólo estimular la marcha española, lejos de Mayapán.

A raíz de la insistencia de Bernal Díaz, según la novela, Cortés solicita a Melchorejo, un indio cautivo, que interrogue a los habitantes de Cozumel, sobre los posibles castellanos náufragos. La novela especifica que en marzo de 1519, Jerónimo de Aguilar recibe la nota y el rescate enviados por Cortés. Comunica lo sucedido a Guerrero. La abnegación de Aixchel, dispuesta a seguirlo, estimula la lealtad de Gonzalo hacia su familia y el pueblo maya. Su transformación cultural se ha consolidado. La novela presenta la reacción de Guerrero del mismo modo que aparece registrada23 .

En cambio, la dulzura de Aixchel parece ser imaginaria, si se toma en cuenta el relato de Díaz sobre el grave enojo que sufrió la esposa indígena y las onsideraciones de Landa sobre el celo extremo y violento de las mujeres mayas.

Idos, decid a mis hermanos y especialmente a ese noble capitán Hernando Cortés, que soy casado y tengo tres hijos, pues Aixchel me dará otro dentro de unos cinco meses; que aquí tiénenme en mucha estima y hasta por capitán cuando hay guerras; que no puedo llevar a mi mujer porque sería una inmensa crueldad y sería objeto de malsana curiosidad…

De esta forma, Gonzalo Guerrero y Aixchel conforman la pareja paradigmática, emblema de la fusión étnica y germen de la Guatemala mestiza ideal del futuro. Su generación sufre profundamente. El dolor los hermana con los sentimientos de la humanidad universal y gene­ raliza la apelación novelesca a todos los tiempos.

Como se ha observado, en general Mayapán tiende hacia lo episódico, a la precisión referencial. Muestra un respeto básico a la historicidad, de manera que las modificaciones impuestas por la ficcionalización no afectan los resultados de los hechos. Sin embargo, ese núcleo de acontecimientos se mezcla con discursos inverificables y definidos por su carácter imaginario.

La incidencia contemporánea del tratamiento que la novela otorga al discurso histórico es grande en una Guatemala aún dividida étnica, política y económicamente. Una minoría mestiza de un 30% domina sobre la mayoría maya, que, aunque permeada por Occidente, p rocura mantener lo mejor de su herencia. El pueblo maya actual -más de cinco millones de hablantes en el área guatemalteca- desmiente la il usión liberal de que su cultura ha sido aniquilada y sueña con otro caudal profético del Chilam Balam, que reza: “No quiere nuestro Padre Dios. No se perderá esta guerra, aquí en esta tierra, porque esta tierra volverá a nacer”.

Identidad de Argentina Díaz Lozano


Argentina Díaz Lozano se caracteriza no por ser hondureña o guatemalteca, sino por tener un espíritu morazanista al decir que ella es CENTROAMERICANA. Esto se puede ver en su obra en la que los ambientes cambian alrededor de todo Centroamérica; tiene esa identidad colectiva sobre exponer lo mejor de todos los países que conforman el centro de América.

Valoración


Argentina Díaz Lozano es una de las más grandes escritoras hondureñas que ha tenido la nación hondureña, por su vasta obra fue nominada al premio Nobel de Literatura, siendo la única centroamericana de su tiempo en serlo. Lástimosamente no existen hasta el momento estudios profundos sobre ella hechos por hondureños, sino que solamente por sus hermanos adoptivos, los guatemaltecos. Y no está mal, no obstante, se debería recuperar la identidad hondureña de esta magnífica escritora que dio grandes pinceladas de la situación en la que vivió.

Bibliografía


  • Acosta, Óscar. Los premios nacionales de literatura Ramón Rosa, 1951-1972: antología, Editor Ministerio de Educación Pública, 1973 (página 129)
  • Asociación de Amigos del País (2004). Diccionario Histórico Biográfico de Guatemala. Guatemala. Editorial: Amigos del País, Guatemala.
  • Diccionario de escritores Hondureños, José González con la colaboración de Leda Chávez Mayorquín, 2da edición (Tegucigalpa): Editorial Guaymuras, 2004. P. 56-7
  • Cuatro novelas centroamericanas de referencia histórica, por Jorge Eduardo Arellano..
  • Echeverría, Amílcar; Argentina Díaz Lozano –Estudio Biográfico Literario–. Guatemala : Editorial Landívar, 1982. Página 82.
  • Ávila, Myron Alberto; De aparente color rosa. Discurso sentimental en las novelas de Argentina Díaz
  • Lozano. Tegucigalpa, Honduras: Editorial Guaymuras, 2010. Página 17. NOTA: Aunque se trata de la primera edición en forma de libro, originalmente la obra constituyó la tesis de graduación para obtener el título de Ph. D. in Spanish en la Universidad de California, Irvine, Estados Unidos. En algunas referencias aparece como impresa por Georgia College & State University, 2008, seguramente porque en ésta última se desempeña como profesor.
  • González, José; Argentina Díaz Lozano: Rectificación histórica. Honduras, 28 de febrero de 2013, http://josegonzalezparedes.blogspot.com/2013/02/argentina-diaz-lozano-rectificacion.html.
  • Ávila, Myron Alberto; De aparente color rosa. Op. Cit., página 69.
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