Alfonso Guillén Zelaya

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Biografía


Alfonso Guillén Zelaya nació el 27 de junio de 1887 en Juticalpa, Olancho, y fue durante medio siglo un ciudadano del mundo, periodista, intelectual, cosmopolita y sensible observador del hombre y su entorno. Fue el único varón de los seis hijos procreados por el señor Miguel Guillén y la señora Jesús Zelaya.

En su ciudad natal hizo los estudios de primaria y secundaria, trasladándose luego a la capital para cursar la carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales.

El Tacoma”, este nombre tiene doble eco en la historia de Honduras. Se llamaba así el crucero a bordo del cual el gobierno de Estados Unidos forzó la salida del presidente Miguel R. Dávila en 1911 y el ascenso al poder de Francisco Bertrand y Manuel Bonilla.

Así llamó Guillén Zelaya al primer diario bajo su dirección, en su querida Juticalpa. Sin duda, su labor más trascendente estaba por venir, pero es aquí donde empiezan sus primeros escritos, que irán cobrando fuerza con el tiempo.

En 1913, llega por primera vez a Guatemala, desde donde envía al gran FroylánTurcios sus composiciones, que son publicadas cada mes en el Ateneo de Honduras. Escribe además para el Nuevo Tiempo, de Guatemala. En 1915 trabaja en el consulado hondureño en Nueva York, con un salario inicial de 75 dólares, insuficientes para vivir, según una carta que envía a sus parientes.

Al finalizar en 1918 la primera Guerra Mundial, Guillén Zelaya integra junto a Rafael Heliodoro Valle la delegación hondureña en la Conferencia de Versalles, Francia, que preside Policarpo Bonilla. En 1921 deja Estados Unidos y regresa a Guatemala como Jefe de Redacción de Diario Nuevo, del que luego es nombrado Director.

Sin embargo, es en “El Cronista” donde desarrolla Guillén Zelaya su labor periodística más valiosa, con una sección editorial que se vuelve trinchera en mano de este insobornable patriota junto a otro grande como lo fue Paulino Valladares.

Allí, escribió Guillén Zelaya desde el 18 de noviembre de 1926 al 3 de septiembre de 1929 artículos editoriales de antología, no en vano ha sido considerado “uno de los más grandes editorialistas políticos hondureños”.

Fundó en 1931 el diario “El Pueblo”, pero tiempo después la falta de pago de los suscriptores orilló al cierre de sus funciones.

Como escritor, Alfonso Guillén Zelaya incursionó en muchos géneros. Ensayos, poemas, composiciones y editoriales se fueron alternando con el tiempo y en todos demostró su firme convicción social.

Pensamiento


 Abrazó la visión unionista de Morazán, los derechos universales de los enciclopedistas franceses, el panteísmo filosófico y el marxismo social, contribuyendo al fortalecimiento del movimiento sindical. Como poeta, estuvo influenciado por el modernismo literario, como se puede apreciar en su ensayo Lo esencial, donde se aprecian reminiscencias de Gabriela Mistral.

 A través de sus múltiples artículos fustigó el fascismo, el nazismo, la intromisión extranjera y la desigualdad social. También mostró un vivo interés y claro discernimiento en temas como la pena de muerte, el divisionismo en Centroamérica, el imperialismo, guerrilla, democracia, derechos de las mujeres, libertad de prensa, y tópicos de actualidad en el viejo mundo.

 No toleró la represión que ya había presagiado meses antes si Tiburcio Carías Andino llegaba al poder. Y ese día llegó. Fue así como en 1933 se exilió en México de manera definitiva junto a su esposa Isabel Alger Paz. En su acta de defunción se establece como causa de su muerte la hipertensión arterial y una angina de pecho.

 A las 2:15 de la tarde exhaló su último aliento. Falleció el 4 de septiembre de 1947 en México. “Señores -escribió el poeta Constantino Suásnavar-: el alto Comisario del Verso, Alfonso Guillén Zelaya, ha muerto”. Mientras vivió en el país azteca continuó derrochando el verso y el pensamiento que hace de este hondureño una vida digna de contar.

Obras


De su obra sólo se conservan sesenta poemas, recopilados en el libro “Quinto Silencio”. También se guardan algunos ensayos, como ser:

  •  “Lo Esencial”.
  • “La inconformidad del hombre”.

Contexto histórico


Al finalizar en 1918, la Primera Guerra Mundial, Guillén Zelaya integra junto a Rafael Heliodoro Valle la delegación hondureña en la Conferencia de Versalles, Francia, que presidió el Doctor Policarpo Bonilla. Contempló -y a la vez estudió- los grandes fenómenos políticos que sacudieron a la Europa revolucionaria, lo cual afianzó su pensamiento antiimperialista. Regresó a su patria decidido a luchar por la pacificación de Honduras.

Sin embargo, para 1933 exiliado en México, D.F., donde coincide con otros hondureños, intelectuales y periodistas, entre ellos: Rafael Heleodoro Valle, Martín Paz y Rafael Paz Paredes.

 La época que le toca vivir a Guillén Zelaya en México es heroica; es el momento en que se lucha por la defensa de la dignidad y la soberanía; al mismo tiempo, la humanidad vive una de las etapas más críticas: la bestia parda del nazifacismo parecía que arrastraría al mundo a otro medioevo, lleno de inquisiciones, terror y persecusiones. Guillén Zelaya escribe y participa en estas dos luchas, sin olvidar la de su patria; camina paso a paso con su amigo y compañero de ideas, Lombardo Toledano, en la movilización y organización de las masas y la difusión de las ideas revolucionarias. Lo vemos en el periodo de fundación de la Universidad Obrera de México, de la cual fue su catedrático; participa, con Rafael Paz Paredes, en la fundación de El Popular, periódico en el cual escribe desde su fundación hasta el 4 de septiembre de 1947, fecha de su fallecimiento. Guillén Zelaya no sólo ayuda en esta ciudad a organizar a los hondureños en su lucha contra la tiranía de Centroamérica, sino lo hace contra las de Francisco Franco Bahamonde, Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Llama a la lucha por una democracia que permita avanzar y organizar a los pueblos, el principal Honduras, donde la dictadura había desorganizado a los trabajadores.

 En Honduras, cuando en la dictadura de Tiburcio Carias Andino se cerró las luchas pacíficas de las masas, que pedían elecciones libres y retorno de los exiliados, ametralló a los manifestantes. Guillén Zelaya ayudó a organizar al exilio para enfrentarse al regimén por medio de las armas; en Honduras aparecieron focos guerrilleros y amagos de una guerra civil; también escribió en El Popular varios artículos que constituyen un manual de guerra de guerrillas.

Las divisiones sectarias de la oposición y de los exiliados hicieron fracasar los intentos por derrocar al dictador quien se consolidó en el poder. Guillén Zelaya, en su prosa periodística y de análisis de la situación nacional de Honduras -a pesar de ser ya un marxista- no caía en el sectarismo ni en el marxismo romántico: “Las normas teóricas son ineficaces cuando no corresponden, aún siendo en sí mismas, a la situación existente en el medio escogido para aplicarlas o cuando faltan las oportunidades y los elementos para darles validez, y no puede por eso prescribirse como panaceas.” Ayudó a elaborar -con Castañeda Batres, Medardo Mejía y otros dirigentes populares- un equipo de intelectuales y trabajadores quese esmeraron por dar pensamientos y consejos al naciente sindicalismo hondureño. Años después, en 1954, los trabajadores hondureños realizarían la gesta más grande del presente siglo: la huelga bananera, que se convertiría en un verdadero alzamiento popular contra los monopolios y las tiranías políticas.

La identidad en la obra de Alfonso Guillén Zelaya


 En la obra de Alfonso Guillén Zelaya está presente, de manera innegable, una búsqueda ferviente de la identidad, una identidad arraigada en lo más profundo del alma, y no algo lleno de espejismos o vanas superficialidades.

Es inescrutable el fervor patrio que inspiraron a Guillén Zelaya encendidos editoriales. Pero también es cierto que su pensamiento trascendió más allá del espacio y tiempo, con ensayos que develaban una visión humanística y universal.

 Un ejemplo de ello es “Lo Esencial”, ahí plantea muchos problemas que atan a la humanidad y da una resolución sublime y esperanzadora a cada uno de ellos.

 Evapora del olvido el sentimiento humano, rescata de la decadencia nuestra razón de vivir y nos muestra el camino a una identidad indisoluble, inquebrantable, como el mismo trueno de un alma ceñida con amor, conciencia del pasado y esperanza del futuro.

 “Lo único necesario es batallar porque las condiciones del mundo sean propicias a todos nuestros semejantes y a nosotros mismos para hacer que florezca y fructifique cuanto hay en ellos y en nosotros”. (Párrafo número nueve, “Lo Esencial”.)

Análisis de “Lo Esencial”


Gira en esta obra el humanismo esencial: una ética del ser. Este ensayo se enmarca como una gran carta de presentación a nivel universal, en ella brilla un conocimiento realista y pertinente, una conciencia clara y puntual de la naturaleza humana. Hay en este texto una honda responsabilidad de resaltar y hacer ver, sin ningún tipo de maquillajes, lo que verdaderamente nos hace valiosos como personas.

“Lo esencial no estáenserpoeta, niartistanifilósofo. Lo   esenciales que cadaunotenga la dignidad de sutrabajo, la conciencia de sutrabajo.” (Párrafonúmerouno.)

En las líneas citadas, podemos comprobar ese sentimiento de amor humano, igualdad y equilibrio social, que caracteriza la obra de Alfonso Guillén Zelaya.

“Dentro de los sagrados números de la naturaleza, ninguna labor bien hecha vale menos, ninguna vale más, todos somos algo necesario y valioso en la marcha del mundo.” (Párrafo número tres.)

Bien podría decirse que este texto es un canto de esperanza, una búsqueda interminable del orden social y una tormenta de ideas que brindan luces inapagables.

Hay entre estas líneas una aversión muy marcada en torno a la sociedad que intenta clasificar y hacer de menos a los demás, sólo por el hecho de no habitar en cunas de oro, quizás en el fondo, colmadas de repugnantes larvas.

Dentro de la justicia no puedenexistiraristocracias del trabajo… Solamente la organizacióninicua del mundoestanca y provoca el fracasotransitorio del esfuerzohumano.”  (Párrafonúmerocinco.)

Sigue el poeta dando paso a un enjambre de cavilaciones, todas enfrascadas en la misma idea de mostrar la cara digna del humano que vale, no el simple hecho de lo que hace, sino por el empeño y la conciencia gloriosa que pone en cada acción que realiza. Esto el fundamento del texto, y debería ser parte de nuestra doctrina diaria, de nuestra vida que muchas se ve inmiscuida en turbias aguas con olores nauseabundos, olores de envidia e indiferencia. Respecto a esto, el poeta nos dice, de manera directa, el error que habitamos, un tanto altivos y con el rostro empinado hacia oscuros horizontes.

“La envidiaesunacarcoma de las maderaspodridas, nunca de losárboleslozanos.” (Párrafonúmerodiez.)

El poeta personifica la humanidad en los contornos de la madera para hacernos ver lo repungante que es la envidia, y mediante la luz de una metáfora, hace de ella la carcoma sempiterna que de antaño reside el alma humana.

Luego, presenta con mayor claridad otros males arraigados en los huertos podridos del corazón. De ellos nos dice:

“Lo triste, lo malo, lo criminal es el enjutodel alma, el parásito, el incapaz de admirar y querer, el inmodesto, el necio, el tonto, el que nunca ha hecho nada y niegatodo.” (Párrafonúmero once.)

Pero poeta no se quedaahí, suclarividenciasigueresplandeciendo y vamásallá. Nos muestra con unasensibilidadpuntualla luz que podríallevarnos a tierrasfértiles, y gozososemerger del letargo y la decadencia con unaantorcha de esperanzacolgando de nuestrocorazón.

“Pero el que trabaja, el que gana su pan y nutre con su esfuerzo su alegría y la de los suyos, el noble, el bueno, para esa clase de hombre tarde o temprano dirá su palabra de justicia el porvenir, ya tale mentes y cincele estatuas.”  (Párrafo número once.)

Y cierra el poeta mostrándonos la clave de nuestra existencia, si es que tenemos el ansia de fecundar como rosas risueñas en jardines nutridos de paz y amor y nuevas esperanzas:

“Nuestrahumildad no debeserconformidad, nirenunciamiento, niclaudicación, sinograndeza de nuestrapequeñez que tiene la valentía de sentirseútil y grandefrente a la magnitud del Universo. Esaes la cumbreespiritual del hombre.”  (Párrafonúmerocatorce.)

Figuras retóricas


  • Epífora: “…la dignidad de su trabajo, la conciencia de su trabajo.” (Párrafo número uno.)
  • Anáfora: “Ninguna labor bien hecha vale más, ninguna vale menos. Todos representamos fuerzas capaces de crear. Todos somos algo necesario y valioso.” (Párrafo número tres.)
  • Paralelismo: El que construye la torre y el que construye la cabaña; el que siembra ideas y siembra trigo…” (Párrafo número cuatro.)
  •  Metáfora: “La envidia es una carcoma de las maderas podridas”. (Párrafo número diez.)

Características postmodernistas en “Lo Esencial”


El postmodernismo no es sólo un estilo de vida, sino también un modo de pensar. En él se encuentra un planteamiento que intenta socavar la humanidad; es decir, un despertar que nos muestre la vida sin dejar a un lado la conciencia social.

Esto se ve reflejado en la obra de Alfonso Guillén Zelaya.

“Lo esencial es que cada uno tenga la dignidad de su trabajo, la conciencia de su trabajo.” (Párrafo número uno.)

En cuanto a los temas más relevantes de la literatura postmodernista se encuentran:

Relaciones de incertidumbre en el alma humana y su ideología.

“No tenemos derecho a sentirnos abatidos por lo que somos. Abatirse es perecer, dejar que la maldad nos arrastre impunes al desprecio, a la miseria y a la muerte.” (Párrafo número doce.)

“Nuestra humildad no debe ser conformidad, ni renunciamiento, ni claudicación, sino grandeza de nuestra pequeñez que tiene la valentía de sentirse útil y grande frente a la magnitud del Universo. Esa es la cumbre espiritual del hombre.” (Párrafo número doce.)

Abolición de las distinciones entre clases sociales.

“Solamente la organización inicua del mundo estanca y provoca el fracaso transitorio del esfuerzo humano”. (Párrafo número cinco.)

“Nadie tiene derecho de avergonzarse de su labor”. (Párrafo número ocho.)

Valoración


Hablar de Alfonso Guillén Zelaya es referirnos a un maestro del verso y el ensayo. Un adelantado y visionario de la humanidad, supo manejar las temáticas que lo empapaban de inspiración con suma delicadeza.

Sus textos conservan la vigencia en la sociedad actual, y por más que el tiempo siga su curso, las letras que emanaron de su pluma, con aliento sobrehumano, nunca morirán. Él era un gran patriota e inclaudicable defensor de la justicia social.

“Tenía la sencillez de un campesino honrado que armonizaba con su grandeza intelectual. Era la antítesis del artificio, la pose, el engreimiento y la vulgaridad”, dice de él, su coterráneo Medardo Mejía.

Alfonso Guillén Zelaya –como bien lo expresa Mario A. Membreño-, es el que vuelve lo humano en sujeto y nos coloca como pivote ético para aprehender la realidad.

 Bibliografía

  •  Ramos, María Eugenia; Membreño, Mario A. “La visión de país en Alfonso Guillén Zelaya y Clementina Suárez”.
  •  Rojas Elvir, Felipe. “Antología del soneto en Honduras”.
  •  Artículo: “Juticalpa, Olancho, cuna de poetas”. Diario “El Heraldo”, Honduras. 28 de enero de 2012.
  •  Sánchez, Fernando. Poetas siglo XX-Antología de poesía mundial”.
  •  Guillén Zelaya, Alfonso. “Quinto Silencio”.
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